miércoles, 20 de mayo de 2015

130. Testigo del asombro

Yo que sé de pasados ignoro si mañana
se curvará de nuevo el almanaque
a favor del adiós
o del hastío cruel que crece en los inviernos.

Yo que domino antiguas leyes duras
-y que las vencí a todas-
no encuentro una que valga para explicar la ausencia
que avisa su suceso sin apuros.

Y a pesar de que hiere
y pesa como un yunque ignorar el por qué
de las cosas que rozan la ironía,

todavía sonrío, enojado y feliz
de ser de nuevo aquel que atestigua el asombro
de hacer lo irrepetible.

martes, 19 de mayo de 2015

129. Razones de la distancia (3)

No creas todo lo que callo si prefiero
largarme solo a conseguir lo que me llama
cansado y harto de que juegues en mi contra
cargando pesas en las horas que te huyen.

No creas todo lo que digo al recordar
las sordas veces en que el fallo a mi favor
sirvió tan sólo para un duelo sin estilo,
tan falso y necio que negaste hasta el pasado.

Ya no me pueden tu cansancio ni tu quejas
ya todo es río tumultuoso nuevamente,
vivir al límite latiendo mi futuro.

Así que deja de intentar más sabotajes
que sé tomar y devolver lo inadmisible
el daño gratis que proyectan los innobles.

lunes, 18 de mayo de 2015

128. No sabes tú

Despacio avanzas hacia mí, como tormenta
que avisa el golpe que contienen sus adentros,
y bebes todo lo que tengo, cada aliento,
mezclando fuerza y suavidad, que es tu manera.

Me dejo hacer, mientras me busco entre las piedras
de miel y fuego de tus ojos en el tiempo,
anclado a ti, sin protestar porque me pierdo
en cada gesto que en tus manos se genera.

No sabes tú qué significa que te deje
sembrar tu nombre entre mi pecho; que permita
entera tomes cada risa que prodigo.

Que cruzo a nado diez mil dudas y deberes
pagando el precio de entender toda desdicha

por ser capaz de capturar tu fe en un grito.

domingo, 17 de mayo de 2015

127. No tengo solución

A veces son las demasiadas pretensiones
dañando el hueco de las tardes sin aviso
sin culpas graves que requieran el permiso
de ser con nadie sólo un sueño de emociones.

Me caigo entonces y me faltan las canciones
las teclas blancas que jugando a lo conciso
cantaban alto lo imposible que preciso
me exista aquí, dentro del tiempo, sin naciones.

Lo sé, no tengo solución, ni la pretendo
que vamos, vivo lo que nadie se imagina
el modo puro de mi letra sin vendajes

tallando el nombre que levanto entre lo horrendo
y rojo y duro de los días en la esquina
de sol y llanto, donde soy sin oleajes.