jueves, 11 de febrero de 2016

Múltiplo imposible







Esta hermandad de lobos
unidos en la intemperie
frente a la mirada temerosa y hostil
de quienes ignoran la hoguera y las heladas,
dibuja
desde sí y al fondo del abismo de nuestros ojos grises
esa luz que pretenden los notables
y la dureza en la que confían los novicios.

Esta cofradía de locos
que perdieron la fe en todo dogma,
heridos por el estigma de lo gregario,
esculpidos en la convicción de lograr ser isla
montaña
volcán
que se eleva y se dispara y se inmacula
para ser entrega que indomable se rinde
ante la sonrisa de quien enseña sus afectos,
es y fue
la medida de los nuevos viejos hombres.

Este múltiplo imposible de todos los modos,
de impaciente constancia,
vertiginosa sed por lo que no se toca
aunque se nombre y se sospeche,
viene siendo
el último principio que habías esperado:
tu propio esplendor.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Arthur Miller - Muerte de un viajante


Justo hace poco había leído un muy buen poema acerca del miedo y ahora, mientras escucho el poema sinfónico Nro. 29 de Rachmaninov, y recordando lo que vengo leyendo acerca de María, reina de Escocia, se me ocurre "el miedo" como pertenencia. ¿Tenés 20 dólares? ¿Tenés miedo? Convengamos que pudiera tratarse de un degeneramiento del lenguaje, pero en lo normal nadie te sale con un ¿Sentís miedo? no. El verbo que se utiliza es tener. De ahí que entonces suena bastante lógico eso de perder el miedo, porque claro, siguiendo la lógica uno pierde lo que tiene, no lo que siente.


  
Pero, ¿qué es lo que uno tiene sino lo que siente? Entonces ¿es posible perder el cariño o el rencor como se pierde el miedo? ¿Es dable, muy a lo Pink Floyd, ir quedando cómodamente adormecido con los sentimientos cada vez más anestesiados, desdibujados de sus colores primarios? Estoy seguro que sí, como estoy completamente seguro de la posibilidad del proceso contrario. Es decir, bien puede ir ganándose miedos, rencores, incluso vacíos y oscuridades, que la paleta del alma humana da para todo tipo de matices. El chiste está en el juego de dependencias que entran a jugar para cada cual.





Volviendo entonces a aquello de "divino tesoro", no deja de sonarme en la cabeza la célebre frase "los mejores años de mi vida". Y mirá, yo que he vendido tantas cosas, algunas excelentes, algunas bastante rústicas, entiendo que la gente más o menos se vende por lo que sabe - en tanto sea capaz de enseñar, o de transmitir de algún modo eso que sabe - y por lo que siente, porque ambas cosas están ligadas. En así, uno le pone precio a lo que uno es como compañía, porque esto es lo que finalmente se tiene para vender, nada más.


p.d.: minuto 10:22 / ¿Qué clase de compañía está forjando esa mujer que le pone el hombre al crío mientras en frente suena Rachmaninov?

martes, 9 de febrero de 2016

Nueve de Febrero


Algunos vienen abusando de la trama
de andar quebrados en el alma y en el cuerpo.
Haciendo un triste festival de sus dolores
apenas pueden soportar ese veneno
horrible y cruel que algunos doctos llaman risa,
preciada sal que viene a ser más que un obsequio.
Los siento cerca, con la bilis hasta el asco
que tengo y porto por no ser uno de ellos
sabiendo atienden cada forma de mis ojos
latiendo turbios la torpeza de mis dedos.

¿Sabrías tú de mi regalo que te sufre
-"en vida-hermana"- rodeado por un pueblo
que huele a lástima, cansado de sus sombras,
tan harto y flaco de discursos "de los buenos"
que todo es falsa devoción a la grandeza
del grito inútil que refieren los libertos
cagados todos por faroles, por mil fotos
de barrio puto corrompido por el tiempo
conmigo ahí, solito y firme en mi locura
que sabe fuiste al otro lado y que me quiebro?

Ya ves, no admiten, no permiten que me apoye
en alguien cierto, en tu piel, en nuestros besos.
Me queda el La, la cuerda aquella que ya dije
alguna vez en un poema sin un metro...
y el modo azul que reconoce su principio
de labios rotos, de enfrentarme a los espejos
con sed y todos los demás en "no contesta".
Al fin la luna desplazando al sol abyecto
dirá tu nombre de leona consagrada,
así vendrás hasta mis claves y mi pelo.