domingo, 5 de octubre de 2014

Regreso



A un costado del aire, donde no late el ansia
que erige su estatura en medio de los hombres,
te dejo los mensajes que descifré del tiempo
de vendimia abundante naciendo en nuestras manos.

Al final de los puentes ignorantes de lluvia,
del mapa de tus pasos cruzando las arenas,
te dejo las heridas convertidas en cruz
por las que luchan hoy un sin fin de novicios.

Me llevo los reclamos, tus ojos en mis hombros,
y el grito que me diste cerrándome la boca
en un espasmo solo, de sí, de todo ver.

Cargado de pasados regreso a aquel futuro
que dibujé borroso, sin yerros aparentes
la vez que presentí que con vos se daría.

sábado, 4 de octubre de 2014

Pregúntame despacio



Pregúntame despacio como fue que parí
cada una de estas burdas cicatrices,
en qué clavé mis ojos esa noche marchita
cuando sin protocolos descerrojé mis ansias.

Sin apuro posible ve rozando mi cuello
hasta sentir el prisma ahogado de luz
que me arroja a la calle, al verso de la sombra
rugiendo en mis entrañas su potestad de filo.

Atrévete a decir el color que me puebla
más allá de las manos ignorando
cómo se tuerce un alma al borde de la gente.

A reclamar el punto en que no soy de nadie
por derramar furioso entre los hombres
todo eso que me habita si dejo atrás sus muros.

viernes, 3 de octubre de 2014

Segunda sesión



—Yo sé —dijo Acuario, y se dedicó a otros universos.

Primero indago a fondo las aristas del drama,
cómo fue la niñez y el árbol genealógico,
estructurando así el dinamismo lógico
con el que se sostiene finalmente la trama.

Una vez que resuelvo el orden cronológico
del primer estallido que un bando a otro reclama,
reviso los errores anexos al programa
comprobando al detalle que todo es y no lógico.

Entonces yo me callo y espero agazapado
el devenir preciso -de la causa el efecto-
a ocurrir con mis hombros en otra geografía.

Eso sí, como hijo -de puta, de lo errado-
a los míos les dejo las pistas del "proyecto"
que los tiene encerrados lejos de la alegría.

lunes, 29 de septiembre de 2014

El tigre



Con un ritmo nervioso ganándole los pasos
va como conjurando su lastimero encierro,
jadeando en el viento un aliento de hambre
que le obliga a mirar a la cima del muro
con los tendones tensos
por el rigor brutal de toda espera.

Ignora los detalles, el denso calendario,
no sabe de apellidos y tampoco de números,
sólo del hambre cruda que mastica silente
y que habrá de saciar con un zarpazo azul
cuando el arriba quiera medirle la mirada.

Mientras tanto se aquieta adentro de sus círculos
atrofiando los modos sencillos y lejanos
con los que alguna vez compartió su presencia,
y extendiendo sin límites esa fuerza ahogada
de tigre en un aljibe, de color comprimido;

y suben por sus ojos la lluvia y los tambores,
y se le agolpan duras mordeduras,
y no encuentra salida y se agazapa
en la sospecha indócil
de que el tiempo le ofrece ser herida.