viernes, 19 de diciembre de 2014

A mi vieja



Cada límite erguido en su estatura
-de prueba por vencer, o daño inútil-
me dice que lo alto y que lo fútil
depende de si implican aventura.

Yo me arriesgo al fracaso y a la gloria
apostando a mis huesos y a mis músculos
que gustan de llegar a los crepúsculos
cansados de intentar hacer historia.

Porque heredé, supongo, tu manera
de no retroceder ante lo adverso
empujando sonriente el almanaque.

Porque al igual que vos me admito fiera
que a todo le adivina su reverso
y por eso disfruta del ataque.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Tú no vienes

Tú no vienes
y yo diciendo de cuando en vez
viene a mí, viene a mí,
como un mantra que no sé pronunciar.

Saber, veo
desestimar el color de la piel
implica conocer la clave de cada partitura,
y lo que duele entre los dedos y las cejas
no es lo que se sabe y se proclama sin hablar,
sino el tener el vino
y no dar con la copa sedienta de uvas elegidas.

Afuera llueve
maldad y elocuencia,
y aquí, en la cornisa
de tu pubis tibio e infinito,
que imagino con mis ojos abiertos,
no hay más que el pulso anciano
elevando la estatura de mis hombros contra la ventana.

No me nutro yo
de esta distancia de afectos,
de mirar toda lejanía
con ojos de artesano,
de lastimar mi boca
mordiendo en el vacío de todo maquillaje;
no soy más alto por querer
eso que los escribidores llaman imposible.

De repente soy el relato
de una trama que no decido
sea como la pretendo,
el verbo que quiere ser uno en tus pezones
una paz a la que no le importaría
reconocer su pasado de guerra
si al final, con tus uñas y tu voz en mi espalda
durmiera despacio
este sueño de a dos
que mi boca quiere firmar
en la felpa de tu vientre.


martes, 16 de diciembre de 2014

No



No te me acerques si piensas que busco
la amable ayuda de un brazo tendido,
si acaso sientes al verme tendido
vergüenza y pena por ser lo que luzco.

No me aproximes maneras de lusco
al daño indócil que está en mi latido,
ni me refieras jamás el sentido
de la palabra que goza en lo fusco.

Yo no me explico: no soy lo gregario
que te enseñaron sin ganas los curas
ni el ermitaño alabando sus llagas.

No soy quien es de por sí su contrario
que cacarean con altas fisuras
quienes no saben jugarse a las dagas.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Una espalda que se aleja



No sabías morirte de mí
admitir el repetirte hasta el asco
sin que baste la renuncia que implica
el  silencio de los tullidos.

Había el miedo y entonces
el pisar en puntas de pie
sobre el alma del que adrede
escupe su nombre sobre el orbe
por si acaso sea ese el camino.

Yo sangré la noche del desencuentro
entre la rima y el ritmo,
la garganta quieta
en el puño que la define imposible
y mis padres negándose a firmar
que se hacen responsables del daño inmaculado
que ocasioné a la imbécil de turno.

Yo entré, como nadie
a donde cualquiera entra,
sembrando el asco al hastío,
sabiendo del pus de lo vulgar
impuse mi nombre en la vergüenza,
y exigí el granate
que sólo exige quien  teme y que se vence
cuando el latido le prueba la mirada.

A 15 centímetros de un ombligo
supe del túnel del tiempo, imbécil,
del gesto amable, del tono de la voz
cuando busca en la puerta su nombre
y en su apertura su apellido.

Todo por admitir que a veces
soy una espalda que se aleja.