miércoles, 29 de octubre de 2014

Viví condicionado



Viví condicionado hasta los trece años
y rompí con el yugo con un esfuerzo simple
el de parchar la goma de cámaras pinchadas
como también lavarle sus coches a los ricos.

Pagué mi secundaria y todas mis cervezas
con la plata ganada como vulgar botones
en un banco de locos, de burros y de putas
donde hice mis primeras armas de "corredor".

Un pueblo y un estado apostó porque estudie
una carrera recia, multipolar, indómita
que me llevó  a saber cómo es que se decide

desde arriba hacia abajo quién sufre y quien goza
de lo que obvia su precio por el valor que implica.
Un alguien, que soy yo, desestimó el acento.

jueves, 23 de octubre de 2014

Ese chico delgado



Casi lloro esta noche, casi vuelco mi nombre
sobre el asfalto negro comiéndome los ojos
en un acto tranquilo de quiebre sin escalas
de tanto que me pesa no tener una cura.

Casi llamo a tu móvil a gritarte despacio
cómo inyecta la araña su líquido veneno
en el centro del vientre que aprieto con mis manos
para que al menos sepas de mi duelo profundo.

Pero de nuevo callé los gestos, mi querencia
torpe de perfecciones y amante del abismo
que me separa siempre del resto de la gente.

Y solamente ejerzo mi manera de ser
ese chico delgado que nunca flaqueó
cuando los sentimientos le exigieron olvide.

domingo, 5 de octubre de 2014

Regreso



A un costado del aire, donde no late el ansia
que erige su estatura en medio de los hombres,
te dejo los mensajes que descifré del tiempo
de vendimia abundante naciendo en nuestras manos.

Al final de los puentes ignorantes de lluvia,
del mapa de tus pasos cruzando las arenas,
te dejo las heridas convertidas en cruz
por las que luchan hoy un sin fin de novicios.

Me llevo los reclamos, tus ojos en mis hombros,
y el grito que me diste cerrándome la boca
en un espasmo solo, de sí, de todo ver.

Cargado de pasados regreso a aquel futuro
que dibujé borroso, sin yerros aparentes
la vez que presentí que con vos se daría.

sábado, 4 de octubre de 2014

Pregúntame despacio



Pregúntame despacio como fue que parí
cada una de estas burdas cicatrices,
en qué clavé mis ojos esa noche marchita
cuando sin protocolos descerrojé mis ansias.

Sin apuro posible ve rozando mi cuello
hasta sentir el prisma ahogado de luz
que me arroja a la calle, al verso de la sombra
rugiendo en mis entrañas su potestad de filo.

Atrévete a decir el color que me puebla
más allá de las manos ignorando
cómo se tuerce un alma al borde de la gente.

A reclamar el punto en que no soy de nadie
por derramar furioso entre los hombres
todo eso que me habita si dejo atrás sus muros.