lunes, 30 de marzo de 2015

Me cago en la rima

52. Burla 5

M e imponen este tipo de tarea
e nlazar florecillas con infiernos
c azar de qué color son los inviernos,
a ver si dejo envuelto todo esto en una idea.

G ana en mí tal deseo que me alza y me golpea
o liendo a vanidad, a egos eternos,
e mprendo unos discursos subalternos
n adando hacia la puta medio fea.

L anzado así a la joda más vacía
a lcanzo la estupidez, la esperanza
r adical y sin arte de hablar al pedo santo.

I rradiando tonteras y haciéndome del guía
m e miro sin escrúpulos la panza

a legre de no ser siempre un encanto.

domingo, 29 de marzo de 2015

Condicional

Si supiese la angustia que esconde cada verso
cuánto temblor y duelo habitan en mi voz
quizás entendería  cómo logro el reverso
de una negrura amarga, venenosa y feroz.

Si leyera el diagnóstico que me dice "abnormal"
puede ser que me intuya los fantasmas que empujan
por detrás de mis hombros la cicatriz final
buscando conseguir que mis ideas crujan.

Si acaso no me huye y permite le ame
alcanzar esa cúspide gloriosa de su vientre
catando con los míos  el modo de sus labios

puede que yo termine de ser el siempre infame
y aquietado en su pecho finalmente me encuentre

con el contento indócil al que acceden los sabios.

La razón de mis historias

Hay por ahí lo grave y contundente
buscando perforar dentro del hueco
otra escala de huecos, con vacíos
erigidos de ausencias en la nada.

Acechan en los bordes insalubres
de toda precisión inaprendida
los filos de una cifra que se oculta
detrás de los afectos y del odio.

Y la garganta afina el grito mudo
que aguarda entre los puños como risa
apretada en los dientes del demente.

Y yo me corto solo sin tus manos
la mirada que pierdo si me huyes

nombrando a la razón de mis historias.

Sin saber ni ignorar

El tiempo nos ocurre con pastillas
sedando con violencia lo potente
de cada una de nuestras intenciones
dejándonos al margen de los ríos.

Reducidos a sombras, a una pena,
atisbamos sin miedo y sin valor
la sensación de luz que nos escapa
y que sin prisa oprime nuestro canto.

Mas, aun con el efecto de estas drogas
navegando tranquilas por la sangre
que invade nuestra mente, nos sabemos

todavía posibles, poderosos,
con Damócles atrás, igual que muchos
sin saber ni ignorar de qué va herir.