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domingo, 3 de junio de 2012

Alejandro Jodorowsky - El loro de siente lenguas

Ficha del libro:
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Título: El loro de siete lenguas
Autor: Alejandro Jodorowsky
Editorial: Ediciones Siruela
ISBN: 978-987-566-318-3
Nro. Páginas: 441
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El loro de siete lenguas
por Silvio M. Rodríguez c.

          
Me enteré de Jodorowsky varios años antes de leer esta novela, viendo una entrevista (dividida entonces en varias partes) en Youtube acerca de Psicomagia. En ese momento me llamaron la atención el timbre de su voz, la dirección y el enfoque de su mirada, como la disposición de sus hombros y sus manos mientras discurría e interactuaba con el entrevistador. Se manifestaba conocedor del tarot y de la poesía, cosa que me atrajo, como también, de ese ambiente “psico” que desde un siempre – finito y explicable – vine rechazando fervientemente. Es decir, accedí a uno de esos calidoscopios que tanto me gustan.

        Con este recuerdo encima, y siendo un despreciador confeso de prólogos, prefacios e introducciones, al comenzar el libro fui directo al inicio. Desde las primeras páginas me encontré con personajes al límite de lo increíble, y con una trama que rozaba el absurdo. Sin embargo, y esta es una de las genialidades, la irrealidad propuesta en ningún momento dejaba de ser de alguna manera posible, y es, de repente, la crucial diferencia con “Cien años de soledad”, que viene a ser la novela con la que la refiero a la hora de marcar un nivel de imaginación superior a la media.

         Ahora, la maravilla del libro consiste en su esplendente y humilde para qué. Mirado de lejos toda la historia es una gran excusa de la que el autor se vale para exponer la lucha individual por alcanzar ese estado que podría llamarse felicidad, paz, equilibrio, o la suma de estas variables. Una lucha inconsciente que los personajes llevan a cabo en parte obligados por circunstancias externas, y en parte como consecuencia de las acciones que deciden realizar, de manera que todo va transcurriendo en la convergencia entre el pasado de cada cual y su propia capacidad de desempeñar el libre albedrío.

         Las diversas conductas descritas acaban siendo explicadas, cada emoción puesta de manifiesto va siendo retratada y sustentada con soltura y hasta con audacia, y esto, por el saber hacer del escritor y por su decisión de arremeter conceptos y preconceptos sin limitación alguna. Las vías y “desviaciones” sexuales, el alcohol y algo que va más allá de su abuso, el “ruido” mental que acompaña a la figura del artista, a la del intelectual, y a la de quien ostenta el poder político, son colores que Jodorowsky utiliza con una intensidad de vértigo y que ajusta a una línea de límpida resolución.

       Andrea diría “carece de errores”. Y es que “El loro de siete lenguas” habla en la principal, la cierta, la humana, la que nos identifica y la que nos proyecta, la que nos hace mirar afuera y adentro, la que nos toca ahí donde no sabíamos (o aprendimos a olvidar) que estaba el nervio. Sin duda, una de las mejores novelas que he leído, de esas que sufrís y gozás, porque conlleva en sí el triunfo de amalgamar proceso y resultado, esa extraña victoria que se produce al destruir la ignorancia y construir panoramas más amplios, y por ello más íntimos.