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lunes, 30 de enero de 2012

Julio Cortázar - El perseguidor

Ficha del libro:
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Título: El perseguidor
Autor: Julio Cortázar
Editorial: Alianza Cien
ISBN: 84-206-4610-5
Nro. Páginas: 93
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El perseguidor
por Silvio M. Rodríguez C.

Como muchas otras cosas que le pasan, el excepcional saxofonista Johnny Carter sencillamente no puede explicar cómo ha extraviado su instrumento en el metro. Su pareja de turno, Dédée, oscila entre la rabia y la decepción, en tanto que Bruno, amigo del músico (y de profesión crítico de jazz) promete conseguir otro saxo, cuando sólo faltan un par de días para una serie de conciertos en los que se espera que Johnny arrase con el público. En estas circunstancias, y en el marco de un penoso departamento en París, Julio Cortázar inicia su relato. A los tres personajes mencionados, podemos agregar a la acaudalada amante – y mecenas - del instrumentista, y al infaltable par de compañeros de banda, con lo cual queda generado el reparto suficiente para desarrollar esta historia, cuyos temas de fondo esencialmente lo constituyen el original talento artístico que puede llegar a tener una persona cualquiera, la manera en la cual lo desarrolla, y la crítica que suele generar esta realidad. Estas cuestiones son tratadas desde el punto de vista psicológico de los implicados, valiéndose el autor para esto de uno de los personajes, Bruno; el cuál es, en principio, un partícipe más en los hechos que ocurren, pero que luego va convirtiéndose, sutil e inexorablemente, en el protagonista principal de toda la trama.

Quien ha estudiado por algún tiempo un instrumento musical, quien le haya dedicado una parte de su vida a la pintura, o quien quiera haya intentado varias veces lograr un poema o un cuento, sólo por mencionar un par de ejemplos, sabrá muy bien de la cuota de frustración que acarrea perseguir a la belleza por medio del arte, y por ello, sabrá quizá apreciar más intensamente ese toque irónico que habita en el talento que algunos poseen. En nuestra historia, Johnny es una persona común, mirado de lejos es uno más en el montón, hasta que ejecuta el saxo y se funde con la música rebasando lo preestablecido. Sin embargo, fuera del jazz, Johnny es capaz de confesar “la verdad es que no comprendo nada. Lo único que hago es darme cuenta de que hay algo.”, pues el músico padece de lo que E. Bleuler denominó esquizofrenia, patología caracterizada por un distanciamiento de la realidad. De manera que Johnny percibe, o cree percibir cosas que los demás no pueden; puede estar en una sala de grabación y darse cuenta que está tocando lo mismo que tocó mañana, o caminar por un parque y ver urnas sobre la tierra, y lo que percibe le ocurre, y vive con eso, más allá de que le aplaudan a rabiar.

En estas circunstancias es que Johnny respira sus días, ensayando animado por un traje nuevo antes de presentarse al público, interrumpiendo sesiones de grabación simplemente porque no está con ganas, prendiéndole fuego a su departamento, tocando el rostro de su amigo desde la camilla de un hospital, y preguntando después si es que no lo ha echado todo demasiado a perder. Y es en estas circunstancias en la que su entorno le sigue y hasta le acompaña, tolerando y olvidando sus acciones que se salen de lo normal, pero, detalle gigantesco, esto por una suerte de balance entre lo desastroso de ciertos comportamientos, y lo esplendoroso de su talento cuando lo manifiesta en la música. En este punto volvamos a la balanza, pues, si bien Johnny tiene un talento tan precioso que es capaz de generar un entorno íntimo de fieles seguidores, se trata de un entorno carente de irracionalidad, carente por completo de desinterés. Lo que tiene de talento y es parte de su ser, atrae más de lo que tiene de esquizofrénico y que también es parte de su ser, y lo primero pesa más, y el entorno lo sabe y lo acepta, pues negar lo primero “Sería como vivir sujeto a un pararrayos en plena tormenta y creer que no va a pasar nada”.

Quien da cuenta de todo esto es Bruno, el cual es el que más logra acercarse a los perturbados razonamientos del saxofonista. Por otra parte, Bruno ha escrito un libro sobre la música de Johnny y el nuevo estilo de la postguerra, y sabe muy bien que “Johnny ha pasado por el jazz como una mano que da vuelta la hoja, y se acabó”, al tiempo que también sabe los otros aspectos. De esta manera Bruno transcurre entre su libro (que se convierte en éxito), en el que exalta el estilo del músico, pero en el que guarda silencio respecto de su patología, y de cualquier otra referencia biográfica que pudiera resultar negativa para la imagen de Johnny, pero no por un afecto incondicional, ni por una decidida imparcialidad, sino simplemente porque hacerlo no ayudaría a las ventas del libro. Sin embargo, Bruno vive también su propio infierno, pues aunque su obrar es egoísta, no está desierto de cariño, y esto lo lleva a una lucha interna entre la pasión por el arte mismo, el afecto por quien lo desarrolla, y la tarea de crítico de por medio, en donde su racionalidad le vuelve también, y por sobre todo, crítico de sí mismo y de su realidad, cuando la misma implica a un tiempo todas estas variables.

La de Johnny Carter es la historia de un artista excepcional y renovador - “En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles del jazz tradicional” - rodeado de quienes no lo son, en donde el autor, valiéndose del aliento narrativo que lo caracteriza, logra imponer intensidad y densidad, al dibujar personajes que se salen de lo común y corriente, como muchos que viven muy ligados a alguna forma de manifestación artística. Por otra parte, y aquí lo más resaltante del libro, Cortázar no se limita a la exposición de un relato, sino que propone una revisión respecto de la conducta crítica respecto del arte primero, y un análisis de la conducta moral general después, cuestiones que ya las ha tratado en otras obras, por supuesto, pero que en esta adquieren un brillo superlativo, pues, sin cerrarle la puerta al lector que busca entretenimiento, con precisiones técnicas que pudieran resultar irrelevantes, no deja de ofrecer su discurso desde el tono de quien conoce ampliamente lo que dice. El perseguidor es un libro recomendado para quienes ya se han iniciado en el doloroso camino del arte, pues hallarán el porqué de una premisa inicial “Sé fiel hasta la muerte”. Apocalipsis, 2, 10.


Once more

Once more

To the best it seems not difficult
That to others causes desperation
Being difficult to know if the attitude
Directs or is part of the result.

The mystery of confrontation
Stress or relaxation in the previous moment
With the fear that at the end
For a slip arises resentment
For the price paid for only intending it.

Because until the situation happens
Everything is nothing more than “the before”
And in its own development
Fast or slow according to each one.

When the way out is imposed
Considered as the only one but not for being it
But for having been found with effort
With the almost tragic implication of total exhaustion.

It is when the opportunity is given to the warrior
To close his eyes before the temptation of the only option
Or resist a little more even if he wants to bend his neck
To see if he really can, or otherwise to transform it in wine
Or at least preserve the life blood in its own vessel.

A crucial instant in which each word can affect the years to come
Because all past years were lived for it
And that something of transformation which all movement implies
In the memory of the demand to renounce to every immediate reward.

Having to breathe in deeply, but this time without pride
The asphyxiating air suffocating one who doesn’t belong to the surroundings
And thus receiving the most certain education
That is of calm, even if sadness dwells in it when facing a storm.

Impossible to accomplish unless by faith
For that who, subjected to iron aspires to heaven
As irrelevant is for one who lives happy in dungeons
Replete of bodies that can overcome misfortune.

Going ahead, playing to advance or not in battle
Considering when one will be stronger
And when the enemy can be seen weaker
And once more, the indomitable drive that looks for the fist guiding it.


Andrea

jueves, 26 de enero de 2012

Who knows?

Who knows?

Better when everybody says that is impossible
So what you say is a reflect of your experience
And finally not only one more theory that is intending
To leave behind its garments of utopia embracing the streets.

It’s convenient to continue in predicting season changes
Piling tedious mountains for the future astrologist
That the crowd sustains its condition of undecipherable
So that the selfish, if he can, ends up building his protection wall.

For some reason is necessary to let complaints continue
And at the same time, step by step glimpse in the dimness
The body rhythm coupling to the ancestral melody
That in its unique compass is performing all its harmony.

The touch of tender and that of maturity
A combination of a loved and pregnant woman womb
Who still ignores that within her womb Achilles already throbs
And the hands of the smith, who for a moment finds repose.

Two identical pans of an accurate scale
Both supporting the same weight
Until one of them starts to suspect
That it is complying a purpose, probably intended.

It isn’t exact yet
What is pretended isn’t blindness anymore
New senses are discovered
To scrutinize things not perceived before.

Better then is the hustle and bustle of bees
The impressive concentration
Of millions of thousands of them focused on something
So that just two or three – perhaps ten – carry on the task.

After all, who cares if you arrive or you’re delayed
Either way, if you don’t find any answers
All would be in vain, but above all to continue living
With the grimace of someone accepting but not renouncing
And who doesn’t have the courage after a decade and even more with only illusion as fuel.

But in the meanwhile there must be permission
For all of them at least something, like when in the orphanage
Once a year a ball was given to a boy and a doll to a girl
To reduce their time to the durability of something.

Smarc

martes, 24 de enero de 2012

Excess

Excess

After twenty five days from my trial
Listening to express the excess:
That naught is enough and the whole is superfluous
And only with my eyelids I can cover the moon

And I spread my hands toward the four cardinal points
In case you come or go and in the meanwhile
Of what those not searching know a loot
In the intense well of suffering.

Over there, at a distance they still are riddling lips
All tideland and belligerence of gunpowder
Between the stakes that endured time
More than the bones of who didn’t see them grow

The thread is already dreaming of becoming a bridge
So that the newly born perceives it in seconds
And keeps it inside to expose later
When from the grass comes up the forest to protect him.

Such as the ways that travels the mute
And like a world without ways
The mother of cities that not giving birth any more
And the man who mentions them refers to their dust.

Another slip and no fatality
Taking the height of loneliness into the entrails
For compassion of the whole room
And the astonished sight of one who doesn’t understand



The scream always painfully silenced
Of the sterile woman who spent her life caressing
The golden hair of those who weren’t her children
And in the midst of her wrinkles smiles bravely at the future.

And he never found the sorrel
And he always knew that he wouldn’t
And as never was enough to know that he was wrong
Nothing would be enough to realize that he was never right

Because for one who sails in magic
It isn’t on the sea where he frees his boat
But between what it isn’t touched or smelt
On the same similarity of the idea that generates it.

And a little more:

The fraternity that was denied to him
And that he accepted as it is accepted summer
And the commitment of not looking back
Like a nail inserted in his heart
For the one who is forbidden to complaint.

The voice of a mother asking for a haven
Between thirst and urgent need of shelter
Encircled by gestures wanting to express
Affection, roots, center and finality.

And the hollow of trees that were company
The shade of Manu tree and the butterfly seeking flame
Stroking the center of the cranium
The indescribable but understandable emotion of being different.

The lover and the moon who guides him
The cherished lady and the bread of good will
While the suspicion of a sun toward its sea
Opens a slash of bright emerald on a named but unknown stone.

The femur in the mind of Avicenna
Fingers that cannot reach more force
Reducing the trapeze artist to a vain attempt
Lifting the public to the level of novice observer.

With lye in the eyes
Closing the heart
The hands hardened
Making the kiss its impossible goal.

Where the timber wouldn’t resist
Because the weeping would moisten the foundation
Where the light burns and causes wounds
Because who pretends it isn’t ready.

Little and meager and gleaming
Slight and thus precise
The union that was unwanted
The tail that obeys the eyes guiding it.

In pursuing understanding
That one isn’t oneself when saying so
That when one talks is about somebody else
And in naming others, if you don’t judge
You can touch what differs from the one who names it.

Andrea

lunes, 16 de enero de 2012

Prologue

Prologue

Shortening distances
For nervous impulses
Mounting the wave
To fall in ice.

In the submissive order
Before each sliding step
Levitating without realizing
Living with probabilities.

And the air you bear
After the daylight is gone
As if the world were guilty
Of your bag already empty of illusions.

Altering the sounds
Creating concern
The precise bodily movement
That conveys rhythm to the one observing it.

The unknown land
That enchants in stepping it
Like a forbidden place
For the scent of the most feared hunter.

And what you will guard from the night
When tomorrow you go out again
To write a little of your history
In the noise of what you don’t know how to name.

The smoke is lost without witnesses
Without trace, without purpose
It doesn’t matter the emptiness
It’s already little what counts.

Two suns face to face
Identical in everything
And a point awaiting for them
Capable of making them explode.

And what will your friends say
When you appeal to them
And they don’t have, for your heart
More than words they didn’t live.

Smarc

domingo, 15 de enero de 2012

Ione Szalay - Kabaláh básica – El arte del descubrimiento de lo real

Ficha del libro:
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Título: Kabaláh básica – El arte del descubrimiento de lo real
Autor: Ione Szalay
Editorial: Kier
ISBN: 950-17-3901-5
Nro. Páginas: 270
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Kabaláh básica – El arte del descubrimiento delo real
por Silvio Manuel Rodríguez Carrillo


A diferencia de otras ciencias – y disciplinas de pensamiento y acción -, aprender y enseñar Kabaláh resulta difícil y complicado para cualquier occidental, principalmente porque, si bien su contenido es universal – y atemporal -, su origen y esencia pertenecen a la más pura tradición oriental, lo que genera el consecuente dilema de hallar al “traductor” entre una y otra cultura. Es aquí donde aparece la figura del autor, Ione Szalay, cuyo nivel de instrucción y experiencia le habilitan a emprender la labor de guía en esta introducción al maravilloso “conocimiento que nos enseña cómo recibir los diferentes grados de la Sabiduría”.

Tras una precisa presentación de lo que es Kabaláh, el autor comienza el texto abordando las definiciones y conceptos básicos, cuidándose siempre, párrafo a párrafo, de señalar los planos que implican cada una de las enseñanzas. En los primeros capítulos, con muy afinada pluma, Ione Szalay va indicando, como de soslayo, la íntima relación entre el discurso expuesto y su sustento, como su consecuente aplicación práctica. Dicho de otro modo, de una afirmación se pasa a la palabra, o conjunto de palabras que la sustentan, de aquí se pasa al alfabeto hebreo, y de este conjunto se vuelve a lo cotidiano.

Luego de estos primeros conceptos, con los que el lector habrá podido comenzar a leer las entrelíneas de la realidad, el autor decide el punto del salto cualitativo, insertando la relación entre todo lo anteriormente expuesto y el Nombre de Dios, pero tan sólo a manera de introducción al Árbol de la Vida, en una muy arriesgada, pero excelente manera de comenzar a exponer la idea de Integración. Inmediatamente después, Ione Szalay, vuelve a las raíces, ofreciendo al lector la estructura completa del alefato hebreo, como adelanto de los pincelazos que dará sobre guematría – o matemática kabalista - y la Toráh.

A partir de aquí, mitad del libro, se allana el concepto cabalista acerca del “Origen y destino de la Creación” apoyado en la propuesta de Itzjak Luria (siglo XVI), explicando el paso de la nada hasta la existencia, y desde esta, la realidad del deseo. Seguidamente, expone la Maasé Mercaváh, como la obra o el trabajo espiritual del hombre en su ascenso gradual por los mundos, valiéndose esta vez de una exégesis del libro de Ezekiel, en una exposición que brilla por su claridad. Finalmente, el autor menciona los diferentes modos de meditación, el esoterismo y la sanación por la Kabaláh.

Por la manera en la que cada concepto ha sido expuesto, por el modo en el que se ubican las bases del discurso, y por la íntima y última intención de su autor, este libro constituye una invitación de lujo – pero sin pompas – a iniciar el tremendo viaje de instrucción que lleva a la percepción plena de todo cuanto existe. Y algo más, para los que enganchen viaje, Kabaláh básica, es el primero de una serie de cuatro libros concatenados del mismo autor, por lo que si los primeros kilómetros estuvieron bien, queda la garantía de mucho más terreno a disfrutar.

Kabaláh básica en Kier

Acerca de Ione Szalay

jueves, 5 de enero de 2012

Cormac McCarthy - No es país para viejos

Ficha del libro:
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Título: No es país para viejos
Autor: Cormac McCarthy
Editorial: Sudamericana S.A.
ISBN: 978-987-566-369-5
Traducción: Luis Murillo
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No es país para viejos

Por Silvio M. Rodríguez C.

Cuando la trama no es complicada y los personajes son pocos se requiere de cierta habilidad para mantener candente el curso de un relato. En este sentido, Cormac McCarthy triunfa sólidamente, ofreciéndonos si no un desarrollo vertiginoso de los hechos, sí un dinamismo en donde se destacan la oportuna interacción entre expresiones lacónicas y el dibujo en detalle de ciertas escenas, como también la precisa caracterización de los escasos protagonistas que llevan adelante la novela. Así, desde el principio uno se ubica perfectamente tanto en la geografía en donde transcurre la historia, como en las armas que utilizan cazadores y presas.

En lo que cabe señalar más allá del aliento narrativo del autor propiamente dicho, el mismo inserta, de cuando en vez, diálogos propios de la idiosincrasia de la región, acompañándolos con suaves pinceladas que indican gestos y señales, como una suerte de detalles que intensifican o demarcan con justeza las expresiones expuestas. De esta manera, un menear la cabeza, un volcar la mirada de una dirección a otra, terminan siempre redondeando las imágenes que, además, se tejen en una disposición de inusual puntuación, donde los tradicionales guiones, por ejemplo, son descartados como si se tratasen de ayudas innecesarias al lector entrenado.

El otro crucial “detalle” es que se trata de una novela doble, o de una doble novela. Sí, porque en paralelo de que nos van siendo mostrados los hilos del argumento, también accedemos a los íntimos pensamientos de uno de los protagonistas, como si al tiempo que leyéramos las noticias, también leyéramos el diario personal del que está involucrado en esas noticias. “Tampoco puedo decir que se trate de lo que uno está dispuesto a hacer… Creo que se trata más bien de lo que uno está dispuesto a ser”, es una de las construcciones con las que comienza el libro.

Ya metidos en el lío, o en la piel de los actores, el autor nos ofrece una gama de psicologías diversas y (de repente) originales a primera vista, pero bien mirado, de ningún modo completamente extrañas. Una esposa de diecinueve años fiel hasta la muerte (literal), un veterano representante de la justicia cuya íntima motivación es un sentimiento de culpa que se origina en Vietnam, o un asesino infalible con un incuestionable sentido de la lealtad, son algunas de las aristas de un poliedro diestramente ensamblado, donde lo fantástico no tiene lugar y en el que van inmersos auténticas vivencias humanas.

“No es país para viejos” está a mucha distancia de ser un thriller al uso, o de esa literatura que suele darse en llamar “de suspenso”. Es más bien la recreación, o la exposición de una coyuntura real que en el fondo cuestiona y nos hace reflexionar muy desde dentro cómo se llega a donde nadie quiere llegar. Con una prosa entre irreverente y audaz, con no pocos destellos metafóricos y que no nos priva de cierto humor mordaz, McCarthy nos brinda un panorama sobre el cual es preciso definir una línea de pensamiento y, por supuesto, un curso de acción.


miércoles, 4 de enero de 2012

Stephen King - Cell



Ficha del libro:
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Título: Cell
Autor: Stephen King
Editorial: Sudamericana S.A.
ISBN: 978-950-644-094-7
Traducción: Bettina Blanch Tyroller
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Cell
por Silvio M. Rodríguez C.


Escribo este comentario a comienzos del 2012, año en el cual según algunos un planeta se estrellará directamente contra la tierra, en el que será activado el ADN (en su estructura completa) según otros, y en el que a juzgar por la coyuntura de oriente medio y occidente no deja de ser una posibilidad el desencadenamiento de una tercera guerra mundial que, por supuesto, incluirá además de los tradicionales combates con armas de fuego, la utilización de armas bacteriológicas de destrucción masiva. Aparte y al tiempo, existen también quienes sostienen que la tierra, planeta viviente, habrá de sacudirse de tantos locos.

Considerando lo anterior, el argumento de Cell me ha resultado cuando menos posible, y ni qué decir, creíble. Esto es, que una suerte de virus que dañe a los humanos pueda ser activado a través de una emisión de frecuencia vía teléfonos celulares afectando a millones de usuarios a un tiempo, en un solo momento, me parece que no sólo resulta ingenioso, sino realizable, de repente por tener en el histórico de lector tanto a Julio Verne y, como curioso, los proyectos de Leonardo. Desde ahí es que ante la lectura no se produzca ese rechazo que genera la pura ficción.

Ya en marcha la novela, es decir, una vez disparado “el pulso”, el autor prescinde de los móviles del mismo y deja caer el peso del relato sobre las acciones emprendidas por unos pocos protagonistas, destinadas a salvaguardar la propia vida. Surgen entonces las diversas crisis emocionales de los personajes cuando se ven enfrentados a mantener la cordura mientras todo alrededor se ha salido de los límites y sin explicación de ningún tipo, y el tener que matar para poder avanzar hacia no saben exactamente dónde. Aquí, rico el detalle de que estos “sobrevivientes”, difieren tanto en edad como en género.

A medida que se desarrolla la historia quedan de manifiesto, más allá de lo concreto y particular de la causa, las capacidades de la naturaleza individual y pensante contra la masa carente de raciocinio, máxime, cuando de lo individual se pasa a lo grupal en actitud de lucha aún a sabiendas de ser parte de una minoría. El sostener y ser sostenido como parte de un equilibrio dinámico en donde la constancia implica altibajos, el experimentar cambios de intensidad en lo afectivo, son cuestiones expuestas con sencillez, como si se dijese que a períodos de esfuerzo le corresponden pasajes de reposo.

Una novela de suspenso, sin duda, y cargada de suficientes imágenes como para entrar en ella desde la primera página, como también de esos “silencios” que dejan a cargo de la imaginación del que la lea una buena parte de su esencia. De las que pueden recomendarse no sólo para que uno se distraiga, sino también para mostrar una realidad que hasta el momento, al menos, no hemos vivido - o que ignoramos se haya vivido -, y sobre todo, para guardar en la memoria con un toque de humor negro lo que podría pasar tras llevar al oído el celular.