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martes, 24 de abril de 2012

The other day


The other day

I sat with the dead
And I took their hand
To ask them
About my end.

The air, forbade
It grazed our spoken words.

Understanding that I didn’t know
Not the exact place
Or the last intention
I felt able to share shattered heavens.

They wanted to know
If I learned about their lives
If something that they were
It was part of me.

The story under the light of Diana
She smiled again without vanity.

Wanting to feel I couldn’t lie
Something made me feel that all was confessable
And absence of blame seemed excessive
Chafing at least the warm robe of comprehension

Without looking or studying each other
Measuring things from a distance
While we came closer
Word by word to each outcome.

Those who wrote
About others writings
The self-portraits
Covering tombstones.

A clock stopped in its path
Just in front of us.

Little by little the sounds returned
From the east and from west
The landscape was changing
It was until I saw your face behind the glass.

martes, 17 de abril de 2012

Glasses


Glasses

Then, tenderness was possible
Because already the soundness of its root
It implied the extent of its memory
That will return to the point from which it came.

To understand that it isn’t necessary to compare
To say that someone doesn’t judge
And although one or other point can be false
You can try to believe it’s true.

The detoxification is also completed
Returning a different calmness
Very different from the skilled force
Because in licentious the sense is twisted

Like the driving force of the air
That varies according to its speed
Like the visualization of the nucleus in an atom
In the thoughts of one who walked across the mountains.

Less people and for it more public
The natural selection places them face to face
To one talking and the other listening
Joined by a message that seems not related to them

At the time of mundane expressions
Much further than a cruel tragedy
Or a comedy that naturally ends in marriage -
Where for a swimmer a drop is usually scorned.

Everything occurring because of a dependency on glasses
With which only past and possible experiences can be seen
And nothing surpassing the unlimited scope of imagination
The perfect escape for one who doesn’t tolerate density.

And even then, the description of a need
Facing an explanation of its feeling
The ideology experienced and defended
The secret point not hidden anymore

Where one mask finally replaces the other
Basing its value not in its originality
But in the one who designed it
From the same time but with different glasses
Which don’t serve to look outside but to see from inside.

miércoles, 11 de abril de 2012

It could be


It could be

Perhaps it isn’t about
To burn the nights
To go a few more meters
Or staying to ask

How had it been to reach what you see?
What are the next sunsets going to be like?
What will the volcano expel at its next eruption?
What does the astrologist search for on Nile River bottom?

It would have been one goal excluding others
A point from which the others
Wouldn’t lose their capability to awake the thirst
But from which haste would lose its condition.

Without succumbing to the deceit of forgiving
Or the lechery of lashing
Letting go and letting do
But passing and doing
With the marks of time on the forehead.

For a freshness in the expression
From the body until its age
Partially thawing and partially indescribable
Like a mother that didn’t know hers.

And so they are resting on the road side
That the trees learn to sleep
That each cloud memorizes the name
That was given to each child in each part of the world.

So that the leaves don’t force to search
So that the clocks lie about the hours
The bacteria commit suicide, the senate is transformed
And united can be at peace about their past.

Because it could be, it’s very possible
That immersed in the most tangible
Of a projected vision
It isn’t about burning the nights
Or moving forward in space
To stopping to ask
Who placed the mirror that we believe is reflecting us.

lunes, 9 de abril de 2012

Taking the risk

Taking the risk


Three strikes
And the fear in the voice
The dark night
Traversed by bats.

Someone who made of weariness
The routine to which he wakes
In order to thrust a harpoon
Into flesh that doesn’t know fatigue

He stops worrying about himself
Before the surprise to converge
In the conscious state
That is of his most remote likeness.

Premonitions of summer
Surrounding the night
Not needing a blaze
To spread its heat.

One who doesn’t look for details
To the solutions found
They are slowly accepted
Like an elder his years.

One who smiles calmly
Because he cried before
Like one who runs faster
Because he recovered his legs.

The course that each one follows
Accumulating what it will yield
While it measuring for itself
The impossibility of capturing a horizon

Like the siren of an ambulance
That at a quarter to midnight
Confirms to the sleepless
That it isn’t passing but thinking.

The man as solace for the locust
Like the food for worms that aren’t silkworms
Transforming the noose into a rope
Onto which they will hold trying to avoid the abyss
The same that will be held in an attempt to rise.

sábado, 7 de abril de 2012

El aljibe



Ató un extremo de la soga a su cintura, y el otro al tronco del arbolito de naranjo que estaba a unos dos metros del aljibe. El albino, de unos doce años, siguió la operación sin decir ni una palabra. Comprenderás, le dijo Li al albino, que estas son cosas que hacen los poetas, y que alguna vez harás si te dedicas a escribir. Seguidamente, Li comenzó a deslizarse por dentro del aljibe como una araña, extendiendo brazos y piernas hasta cubrir el reducido diámetro de ese túnel vertical que pareció tragarlo. La soga resultó una precaución algo más que molesta.

Al llegar al fondo Li confirmó lo que los últimos meses habían predicho, una total y absoluta sequedad. No había llovido desde el último verano y el fondo del aljibe estaba completamente seco. Desanudó de su cintura la soga y se sentó sobre la loza, asumiendo en su respiración la tranquila oscuridad de ese fondo con el que convergía en frialdad y falta de luminosidad, y se entregó al desasosiego. Él había construido el aljibe y la aldea lo relacionaba con él, si en el aljibe no había agua era su culpa, no importaba que hubiese llovido o no. Era simple.

Li comprendía la locura y la culpa, y por eso sabía que su realidad no tenía salida. En la aldea pensaban que el aljibe se tragaba el agua de las lluvias antes de que caigan, y que él era el culpable de la situación, de ahí que le dieron plazo hasta esa noche para que llueva, de lo contrario lo torturarían. En su momento Li pensó en razonar, pero se dio cuenta de que esa gente era irrazonable, lo intuyó cuando celebraron que el aljibe podía contener el agua por semanas, y lo confirmó cuando lo nombraron ciudadano azul sin consultarle.

Ahorcarse le ahorraría la tortura, pensó Li, pero ahorcarse era una de esas cosas para las que no tenía práctica, y que exigía una cuota de valor que entonces puso en duda. Entre el terror a la tortura, y la falta de valor para el suicidio, memoró los infelices poemas que le escribiera a Sue Yang, que le valieron sus favores y cierta fama de poeta que le ganó un adepto incondicional, el albino, que más arriba hacia de custodio y cuya tarea era dar la voz de alerta si acaso decidía escapar. De eso se trataba, del silencio del albino!

Volvió a anudarse la soga a la cintura y comenzó a trepar por las paredes cuesta arriba, convencido de que tendría éxito en lo que se habría propuesto, esto es, darse a la fuga y que el albino no diga nada hasta que se haya perdido en el horizonte. No pensó que toda la aldea estaría esperándolo arriba, ni que el albino había abandonado su puesto de vigilancia ni bien descendió, ni que la misma Sue Yang encabezaría a la muchedumbre, y menos aún, ahora que sentía el frío de las primeras gotas de lluvia, que comprendería lo que es salvarse.

Julio Cortázar - Papeles inesperados

Ficha del libro:
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Título: Papeles inesperados
Autor: Julio Cortázar
Editorial: Alfaguara
ISBN: 978-607-11-0208-9
Nro. Páginas: 488
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Papeles inesperados
por Silvio M. Rodríguez c.

En la general: cabe aclarar que muchos de los textos incluidos en “Papeles inesperados” ya fueron publicados en otros medios, aunque claro, nunca antes de esta manera, compendiados. Todo surge a raíz de una vieja cómoda en la que los mismos fueron hallados por Aurora Bernárdes, albacea y heredera universal de Julio Cortázar, a lo que se suma la tarea de Carles Álvarez, doctor en Filología Hispánica, y quien hiciera una tesis sobre los prólogos del autor. Así, tanto lo sorprendente como lo meticuloso nuevamente se dan la mano más de dos décadas después del fallecimiento del vivificador de los cronopios.

En cuanto a las prosas: “La daga y el lis. Notas para un memorial”, relato con el que abre el libro, constituye un ejemplo virtuoso a destacar, que marca mucho aquello de que “el cuento debe ganar por k.o.”, en el cual Cortázar, además de lucir su capacidad narrativa, se permite el lujo de un giro extremo en el cierre, ahí donde sólo él podría hacerlo. Con “Manuscrito hallado junto a una mano” y “Ciao, Verona” volvemos a encontrar tanto la ilimitación de lo imaginativo, como el aliento tan, tan suyo, que nos coloca en esa parte del mundo menos transitada.

Respecto de los poemas: Tanto San Agustín como Borges declararon que la poesía implica la convergencia de una ocasión con la inclinación hacia ella por parte del escritor. Quizás esto explique por qué algunos autores prolíficos en prosa no lo sean tanto en verso, pero en ningún momento palidece la importancia de su poética. Con un solo poema “La mosca”, Cortázar expone toda esa valía que le conociéramos en “Salvo el crepúsculo”; con el cierre de “Mi sufrimiento doblado…”, sencillamente se vuelve el idealista de carne y huesos, encumbrado y no aprisionado por la filosa brevedad del poema que lo contiene.

Sobre posturas políticas: Son más de ciento veinte páginas en las que se recogen el pensamiento y el sentir de Cortázar sobre el contexto sociopolítico de su época; en donde contesta a un presidente que lo trató de francés (y recuerda que viviendo en Francia escribió en español), donde marca que cierto sector de la prensa publica en mayúsculas cuando un suceso se da en POLONIA y en minúsculas cuando se da en El Salvador, donde podemos leer “Los ‘exilados’ no somos ni mártires ni prófugos ni traidores; y que esta frase la terminen y la refrenden nuestros lectores, qué demonios.”

En lo particular: En 1986 comencé a leer a Cortázar, allá en Asunción, y no era fácil conseguir sus libros. Sin embargo, con el tiempo fui haciéndome de la colección de todas sus obras; conseguir Salvo el crepúsculo, y una versión de Rayuela con prólogo de Borges fueron en aquellos años trofeos increíbles. Hoy día, acceder a Papeles inesperados constituye una satisfacción muy singular, por ese “Desde el otro lado” que siento viene a cerrar la cosmogonía intuitiva abierta con El perseguidor y extendida por Rayuela, y por “So shine, shine, shoe-shine boy” que guarda el sabor de una intensa sabiduría.

Emilio Martínez - Ciudadano X. La historia secreta del evismo

Ficha del libro:
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Título: Ciudadano X. La historia secreta del evismo
Autor: Emilio Martínez
Editorial: El País
ISBN: 978-99954-39-11-8
Nro. Páginas: 376
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Ciudadano X. La historia secreta del evismo
por Silvio M. Rodríguez C.

Habrá lectores que se preguntarán si el libro es o no es una novela, y a este respecto, pues la cosa va clara, dado que el autor nos ofrece en el inicio una cita aclaratoria: “La historia es un interminable desfile de rumores. Thomas Carlyle”. A partir de ahí, se puede prescindir del tradicional “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, por un lado y, por otro, queda solventado el porqué el personaje central no puede identificar a sus fuentes. Así, un alguien no identificado le cuenta cosas a otro alguien no identificado. De manera que en rigor es ficción.

Ahora, tampoco deja de ser cierto que varios hechos mencionados en realidad ocurrieron, quedando para la duda, o tema de discusión y debate, los móviles y las acciones concretas que desembocaron en tales y cuales sucesos. En este punto, confirmar si tal llamada telefónica existió, o si tal instrucción específica fue dada por un determinado actor político resulta prácticamente imposible, y es aquí en donde se hace necesario el criterio y la capacidad de discernimiento de cada lector, que hoy día no tendrá mayores inconvenientes en seguir la pista de muchos de los datos ofrecidos a través de búsquedas en internet.

Un punto importante a considerar es la repercusión de “Ciudadano X”, por los niveles de ventas que ha alcanzado, por las reediciones que ha merecido, y por las opiniones que ha generado, tanto a favor como en contra. Podemos convenir en que, en el más generoso de los casos, el libro ha generado interés y que, aún cuando absolutamente todo se trate de una gigantesca ficción, ofrece una visión y una perspectiva, que no es poco. Aquí recuerdo a Smarc, cuando dijo que creía que Jesús existió porque no soportaría tener que admitir el que un escritor haya inventado tamaño personaje.

¿Y qué pasa si se toma como cierto algo que en realidad nunca lo fue? Pues bueno, el riesgo es enorme, pero no sólo es un riesgo que hay que correr, sino que es un riesgo por el cual no se puede evitar pasar. Lastimosamente ya no tenemos mentes enciclopédicas, ya no es común que una persona sepa toda la matemática y/o toda la literatura de su tiempo, pero las tiene más o menos al alcance mediante la tecnología, de manera que el riesgo mencionado se reduce entrenando a usar tal tecnología, y poniéndola a disposición para que cada cual juzgue.

El autor encara el texto a través de “Un Ciudadano X que, como en el álgebra, sería uno y muchos al mismo tiempo. Una ficción paradójica que ayudaría a entender mejor la realidad.”, logrando una exposición clara y definida sobre la coyuntura de un gobierno con todos los riesgos (más allá de los literarios) que ello implica, implicando al lector en un proceso de aceptación o rechazo de lo expuesto quedando desestimada la indiferencia. Rumores, invenciones o certezas, va a ser una cuestión individual y libre el decidirlo, no sea que a nuestra edad caigamos (o entremos) en eso llamado adoctrinamiento.

El autor en wikipedia

jueves, 5 de abril de 2012

"Hay que volver a Kant"... o a Camus?


Pero ¿qué son cien millones de
muertos? Cuando se ha hecho la guerra apenas sabe ya nadie lo que es
un muerto. Y además un hombre muerto solamente tiene peso cuando
le ha visto uno muerto; cien millones de cadáveres, sembrados a través
de la historia, no son más que humo en la imaginación. El doctor
recordaba la peste de Constantinopla que según Procopio había hecho
diez mil víctimas en un día. Diez mil muertos hacen cinco veces el
público de un gran cine. Esto es lo que hay que hacer. Reunir a las
gentes a la salida de cinco cines, conducirlas a una playa de la ciudad y
hacerlas morir en montón para ver las cosas claras. Además habría que
poner algunas caras conocidas por encima de ese amontonamiento
anónimo. Pero naturalmente esto es imposible de realizar, y además
¿quién conoce diez mil caras? Por lo demás, esas gentes como
Procopio no sabían contar; es cosa sabida. En Cantón hace setenta
años cuarenta mil ratas murieron de la peste antes de que la plaga se
interesase por los habitantes. Pero en 1871 no hubo manera de contar
las ratas. Se hizo un cálculo aproximado, con probabilidades de error. Y
sin embargo, si una rata tiene treinta centímetros de largo, cuarenta mil
ratas puestas una detrás de otra harían...



La peste Traducción: Rosa Chacel
Dirección Editorial: Julia de Jódar
Dirección de la colección: Guido Castillo
Director de Producción: Manuel Álvarez
Coordinación Editorial: Juan D. Castillo
Diseño de la colección: Víctor Vilaseca
© Editorial Sur, S.A. 1979 Colección índice, Editorial Sudamericana, S.A.
ISBN Obra Completa: 84-487-0400-2
ISBN: 84-487-0408-8
Depósito Legal: B. 1006/1995
Impreso en España - Printed in Spain - Marzo 1995
Impresión y encuadernación: Printer Industria Gráfica, S.A.

La peste - Albert Camus



lunes, 2 de abril de 2012

De pri hi d ai


De pri hi d ai

Although nobody taught him
He could say “I love you” when he felt
But he learned to stop doing it
So that when he isn’t able to feel
Will not be blamed for having changed.

Then, he knew what sadness was
That in the greyest cemeteries
The willows know to be silent
As if their secrets were not burdensome
Until making their branches
It isn’t the sky what they search.

In the middle of two pans in a scale
Wanting to forget all arguments
And understanding the impossibility of escape
But each one wants to follow its own direction
Without the other be perturbed by its condition.

Slowly accepting
That sorrow awakens another sorrow
The conception more precise each time
That the hand that writes the hand
It is different if gets to be an instrument.

With plenty of assignations
Things received
And he accepted them all
Because there was no time for them
Letting to be crossed by thousand mounts

That again and again they interfered with his fidelity
Along corridors opening their way between walls
Among clouds through which red darts crossed
And from under the ground where he tried so hard
To retain a little water so that he can breathe the air.

The silence arrived for him
But he couldn’t overcome
With a direct blow inserted in his heart
And from there he is weaving its expansion
It includes the time that belongs to him.

They say that some ravens commented
Someday, all of us will be there
When the end comes.