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miércoles, 28 de agosto de 2013

The claimer

The claimer

You did not believe he was right
Thinking you should win him with reason
And then you defeated by fatigue
Finding that it was not worthwhile and that was it.

Maybe it was because
Now you could not change
That our directions are very different
Conserving the same sense, without a sense.

Then, you would not have to return
Even if you come back to my door again
Reciting a prepared speech
And after it, you will overflow with sincerity.

In South America, under a February sun
White dresses on brown skin
Footprints on sandy streets
Moving with the wind, and knowing it.

A grievance as a neckband
Hopes rather than illusions
Eyes opened to certain ignored things
Somebody who wants and believes it is not possible.

A female story and one of music
Who uses a name without the other person permission?
And the thoughts of someone who suspects
Because in the imitation it is perceived the opposite.

So, you also serve people
Like everything and everybody
Like all your breaths and your denials
Like being aware of suffering but ignoring pain,

Once offered defenses prescribed by laws
The task of the Pontiff comes to an end
It is opened the time of victims
Where sentences are always foreseen,

What will say on you those who already died?
And all you will say of those who will survive you
And one night, maybe this, or perhaps none
I will look at you perceiving things that I ignore.

lunes, 26 de agosto de 2013

The tragedy

The tragedy

All is well; there is the stench of pain
A distant stink of domination
Fuses into an easy image
Of one reprehensibly over another.

Growing the impulse on vanished vitality
Known stories ending in forgetfulness
So much wanted seeming possible in a promissory way
Remembering the “present” but appearing the “future”.

With flowers and entire grasslands
Without delay because life does not wait
Those shouting penance somewhere around
Those with worn out clothes and blinded soul.

Just one day, or only one life
Intellect plays to judge
Cat lover drowning puppies
Because he never found anybody to give them to.

From one person to another
From other people’s dream to one that is ours
From something purchased to one inherited
Face to face each particle of faith.

Who lives the moments and who creates them?
The incomprehensible ceremony of offering
So that dawn is suffocating in anguish
Asking for opportunities that once obtained will be despised.

But, it would not be useful to warn him
That then, perhaps it would be too late
Since the things he would be destined to find
Would be like salt walls surrounding his steps.

When for being intelligent, intelligence renounces
And leaves the way open for someone who wants to follow
Initiating battles and sowing seeds in some hearts
Even though only the foundation is starting.

Tears of someone who is surprised in a comedy
And rather than discarding a terrible human disguise
He takes on the nearest mask and tries it again
Pretending to be concerned by the feeling of his solitary observer.

sábado, 24 de agosto de 2013

Valentín Martín - Los motivos de Ultraversal

En mi barrio, a Valentín lo juzgaríamos de niño grande, porque es la sentencia que usamos para encasillar a los tíos que siempre están de buen humor. Sin embargo, también sabríamos que nos quedaríamos cortos, y esto porque más allá de ese don de gente que tiene, posee ese raro atributo de saber leer, cuestión que Borges se antepuso a su saber escribir. Y saber leer implica una cuota de sabiduría que no tienen los niños, sino los hombres que han cruzado la frontera de una vida de catálogo reducido hasta llegar a la geografía de los demás, andando sin parar.

En este libro, Valentín nos obsequia sobre todo eso, su saber leer. Y me refiero a la habilidad y talento para alcanzar a la persona que habita detrás de un poema y, desde ahí, captar la dimensión del poema. Es por esto que cuando Valentín te lee tienes la seguridad de que estás compartiendo enteramente buena parte de ti, con el desamparo inevitable de una desnudez imposible de cubrir, pero también con el abrigo de que del otro lado tampoco existen disfraces o máscaras, sino la mirada atenta, bondadosa aunque firme, de quien pasa por tus trincheras recordando las suyas propias.

Pero, ¿qué provecho encontraríamos en alguien que sabe leer pero que no sabe expresar aquello a lo que llega tras haber leído? Y aquí otra victoria, porque cuando Valentín escribe lo que ve entramos en una zona amplia de precisión, y va siendo él quien nos deja conocer aquellas dimensiones que de repente se nos escaparon, aquel matiz suave del que señala la justeza de su brillo, aquel toque de pincel difuminado que sostiene todo el cuadro, y la intensidad con la que cada texto se dirige hacia su propio norte, todo con un talento y oficio que genera auténtico deleite.

Por supuesto, Valentín se ocupa de diversos autores de Ultraversal (www.ultraversal.com), la casa literaria más difícil, más compleja, y más hermosa, donde él habita en ancha comodidad. En este ocuparse concreta una distinción, que para mí es fundamental, entre la poética de un autor y el autor mismo. Quizás haya escritores que puedan volcar en un sólo poema todo lo que son, pero en Ultraversal eso es imposible, y Valentín lo sabe. Y entonces lo complejo, entonces los años y lo andado, necesarios para poder captar la línea y el color del calidoscopio que cada escritor de Ultraversal representa y constituye.

Hasta aquí, es posible que aún te preguntes si para qué leerías este libro, yo te lo diré: para leer, aprender y disfrutar del difícil arte de la "prosa poética". La prosa de Valentín, ágil, danzarina, empática -y que siempre nos deja conocer de aquel tiempo que sigue sucediendo-, contiene la belleza del saber hacer, y por ello transmite gozo estético como también motiva a la emulación. Y es que cuando uno lee un buen texto termina entendiendo que es involucrándose que se llega a ello. "Los motivos de Ultraversal" es el emocionante testimonio del que habla desde el estar ahí.

viernes, 23 de agosto de 2013

Pri hi d ai

Pri hi d ai

Like it was before, a long time ago
A sign against the evil eye
Spit on the floor with closed fist
The nasty art of which, with twisted lips
Laughing, even the devil you could despise.

Just like it was before, thus betrayal is today
It has another name and another mission
But its cause is always the same
It is not other but the subtle satellite drama
And the stormy planet ruling it.

Come and leave those full or empty of excesses
With frugality in every past thing
And the pretence of an immense future
In the same hands where last night were
Other hands delightedly accepting covet.

They will say “Something is broken between us”
Or “It is never going to be the same”
And although each one holds out hope for what is said
Facts are what happen as time goes by
According to what you treasured in your heart.

Someone looses, another wins and someone else regrets
Eternal suspicion that nothing so simple ever flies free
And sometimes eyes are blinded to seeing what is so real
After a loss, something should be preserved
Whatever happens or does not happen, or did not happen.

The anxiety while waiting
Coffee dregs awaiting its time
A beach under a hide tide
A wick extinguished in quenching wax
A near door closing and a light illumining all.

They would win, if they got to be what they wanted to
But nothing is stronger than a woman focused on spite
Or weaker than a man playing a victim
Or nothing more normal than losing heaven for just a few hours

Finally bringing to our mind other times also spent in secrecy.

martes, 6 de agosto de 2013

Gavrí Akhenazi - Asesinando a mi madre (y otros poemas violentos)

Ficha del libro
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Título: Asesinando a mi madre (y otros poemas violentos)
Autor: Gavrí Akhenazi
Editorial: Lulu Editores
ISBN: 9781304043719
Nro. Páginas: 70
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Asesinando a mi madre (y otros poemas violentos)

por Silvio M. Rodríguez C.


Asesinando a mi madre. Yo tenía alguna referencia respecto del fondo de este poemario, como solemos tener referencias respecto del entorno de nuestros autores favoritos. Lo que entonces sabía lo supe de primera mano, leyendo al autor primero, chateando con él después. Creo que no me equivoco -y mi memoria suele ser muy buena- al decir que jamás le he preguntado nada sobre este tema, primero porque vengo de un lugar en donde hacer preguntas personales es una impertinencia, y segundo porque cuando te cuentan sin que preguntes es cuando realmente te dejan ver las aristas que tocan al que habla.

De manera que cuando vi surgir estos poemas, uno tras otro, casi como un tornado a primera impresión, y como un sólido edificio ya bien mirado, reviví de golpe -cuánta razón tiene Morgana de Palacios en la diferencia de impacto entre prosa y poesía- aquellas referencias que tenía. Dura y cruelmente, sin asomo de maldad alguna, la realidad fue estallando, detonando en cada verso los ojos de un lector que debía y no quería seguir, que quería y dudaba de seguir. Porque, justamente, Akhenazi es de los que te obligan a ver, desde la convicción del que nunca apartó los ojos.

Sin embargo, de ningún modo quiero decir que el que no conozca las obras anteriores del autor habrá de perderse en esta trama. Sí habré, si no recordar, al menos avisar que aunque se trata de poesía, y con ella se hace presente toda la capacidad metafórica de Akhenazi, nada es ficticio, ni dimensionado, no. Y esto es lo que duele, espanta y asombra hasta la admiración en este escritor, su capacidad de valerse de las palabras tratándolas con precisión cirujana para transmitir tanto la realidad de los hechos, como la de las emociones y sentimientos resultantes de acciones y omisiones.

Los diarios del asco. Abstracto, no; cifrado, sí, pero esto tan sólo respecto del entorno en el que suceden estos textos que al autor prefiere llamar "no poemas". Mucha de la vitalidad y el inconformismo de Akhenazi está volcado aquí, a través de varias secuencias en las que razona cuál es la distancia entre él y ciertos entes, por qué esa distancia es necesaria, como también insalvable y a conciencia. Una distancia de auto ostracismo, propia de los que necesitan "no estar -solamente- en un papel secundario", de los que son dueños únicos de a quién o a qué le escriben.

La temblorosa opacidad. En este último poemario, hay un dolor extraño, y casi inasible, un posible receptor recurrente -más allá de los nombres propios-. Racional y dramático, también en parte sabe a recuento, a sopesar lo andado y los cambios que fueron parte del viaje. Los dos versos de cierre del último poema del libro (Troncal), son de los que una vez leídos no se pueden olvidar.

La publicación de Asesinando a mi madre (y otros poemas violentos), ver a Gavrí como poeta, constituye un triunfo para los que disfrutamos de intentar comprender al hombre, y por extensión, de la literatura. 

Accede al libro aquí.

Mariví González - La mínima rebelión de la crisálida

Ni bien se comienza a recorrer el libro uno tiene la sensación de una extraña calma. Extraña en cuanto es en un estado como de calma que los versos se van dejando entender y sentir. Y no estoy diciendo que vaya de poemas tranquilos o apacibles -más bien lo contrario-, sino que el tratamiento logrado por el autor impone una sensación de serenidad en el lector, aún cuando apenas al llegar al tercer poema ya nos hemos encontrado con el dolor que no se dice, con la "libertad inacabada" y con aquel fantasma "solitario en su miedo y en su hambre". 

Esta sensación que menciono, entiendo que proviene de la transparencia, de la fidelidad que el autor sostiene respecto de sí, de lo que siente, piensa, y de lo que finalmente plasma. Y esto no pasa simplemente por la sinceridad y la honestidad, sino por una combinación de talento y de oficio que hacen de cada poema un texto equilibrado, sin fingimientos que amengüen alguna juicio ("Cómo vas a entender que soy la estrofa/ que se estira y deleita en su verdad/ de absurda incomprendida"), ni exageraciones que sobrepixelen una emoción exacta ("Si la quieres,/ toma mi ausencia inútil/ y abandónala lejos").

En lo particular, el autor se recorre, se asoma a sí y entonces se asume, en un andar que sentencia como también interroga. En este recorrido intimista no nos encontramos sencillamente con la exposición de lo que el emisor nos deja saber de sí, sino que hallamos la posibilidad de converger con él. Y esto es posible merced a la voz propia, mediante las construcciones únicas que cada autor -siendo único- es capaz de lograr, dado que en esta unicidad es donde gravita lo universal. Así, uno puede si no hacer propia una construcción ajena, empatizar con una arista quizás desconocida.

Por otra parte, y entrando un poco en lo formal, juega muy a favor del lector el ritmo con el que son llevados los poemas. Una cadencia -que llega a ser sello indiscutible del autor- domina todo el libro, haciendo una suerte de gala a la hora de contrastar forma contra fondo. Cada poema se deja leer -y se deja decir- sin sobresaltos ni aceleraciones, sin ninguna acrobacia por demás innecesaria. Los últimos poemas, vestidos de sonetos, nos terminan de explicar aquella parte del oficio que se sospecha desde el principio, y que certifica cuánto de talento se hará siempre necesario.

"La mínima rebelión de la crisálida", es el primer libro que he leído de Mariví González, y ha sido una experiencia gratificante. Espero que los siguientes sean muchos, sobre todo porque sé que la calidad está garantizada y porque me gustan esos libros en los que en cada página hay algo para subrayar, aunque esto ya es cosa mía. Por lo demás, que el libro vaya prologado por Valentín Martín, y que la poeta sea parte de la familia de Ultraversal, ya viene siendo un certificado de un nivel a prueba de fallos. Es animarse y arrimarse a esta "mínima rebelión".

Puedes acceder al libro aquí.