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viernes, 28 de febrero de 2014

De pri hi d ai



De pri hi d ai

Although nobody taught him
He could say “I love you” when he felt
But he learned to stop doing it
So that when he is not able to feel
Will not be blamed for having changed.

Then, he knew what sadness was
That in the greyest cemeteries
The willows know to be silent
As if their secrets were not burdensome
Until making their branches to grow
Away from the sky.

In the middle of two pans in a scale
Wanting to forget all arguments
And understanding the impossibility of escape
As each one wants to follow its own direction
So that the other is not perturbed by in its condition

Slowly accepting
That sorrow awakens another sorrow
That understanding is more precise each time
That a hand that writes as the other which does not
Will be different for being an instrument.

With excessive recognition
Of things received
And acceptance of them all
Because there was no time for them
And allowing to be named by ten thousand mouths

Again and again they interfered with his fidelity
Along corridors opening their way between walls
Among clouds through which red darts crossed
And from under the ground where he tried so hard
To retain a little water so that he can breathe the air.

Wrapped in silence
But he could not overcome
A direct blow penetrating his heart
And from there weaving its expanse
Including the time that belongs to him.


They say that some crows commented
And that someday all of us will be there
When the end comes.

jueves, 27 de febrero de 2014

A solitary act



A solitary act

In your bedroom
With all the promises made to you
And with them you realized your lack of dignity
To accomplish or destroy them.

When you ask for rescue
Because you think is possible
Although you already feel the betrayal
Because in the hope to be saved
Already tickles in you the desire to repeat it again.

Firm is the column
When your sight is strait
But you can not contain it
With the desperation of a tragedy
That is not enough to seal a commitment.

Do not look above any more
If you still like to maintain your feet in sand
And finish reciting excuses
If you really want something impossible.

The street can be soft yet
As it provides rest for each fatigue
And the pieces always end fitting
If you decide to get out of the play on time

If you do not remember an image from a point
If you still believe the air you breathed could link
You have a premonition with someone who pretended you honestly

Perhaps the walls finally give up
And you do not even need the base of your inner ear
To pass standing the night where the sun shines
Without lighting more than the slope plenty of parties
Maps, guides and signals where all the beginning is condemned to an end.

After all
Four thousand years are worthwhile
Like four millions centuries
Unless, rather than changing the planet
You can transform a bunch of stars in only one
Able to fit in you as solitary act of faith.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Ahí sale ganando



"Pero como yo, nadie", suelo leer y escuchar, y anteponele la oración que querrás. Como si tal cosa no fuese obvia, al menos desde el punto de vista del entrenamiento que la mayoría hemos recibido. No sé hoy, pero en los 90's cuando tuve un estrecho contacto con un ingeniero, este me había dicho que por más "perfecta" que sea la máquina, jamás dos tornillos terminaban siendo producidos exactamente iguales. Esto es, a niveles de extrema exactitud nunca dos piezas eran iguales, nunca un A=A. Y fijate que es un ámbito que podría catalogarse de sencillo, casi, comparado a lo otro.

En lo otro, podemos comenzar con el final, por así decirlo. Si te gusta la música y vas como curtido en el tema, entenderás que nunca un concierto es igual al otro, aún cuando los intérpretes sean los mismos. Y esto desde la filarmónica de Londres tocando dos noches seguidas a Bach, o a los Metallica, tocando lo mismo primero en San Pablo y luego en Asunción. En este territorio, ahondando un poco más, ni siquiera los concertistas duplican con la exactitud de un copiar/pegar una interpretación. Hay algo que va más allá de sí mismos y que es la interactuación.

El ánimo cambia cuando la percepción cambia, y la percepción cambia incluso con el clima. Cosa una la cama cuando uno porta cansancio, cosa otra la misma cama cuando uno porta ansiedad, y viceversa, por supuesto. Cabe profundizar hasta niveles más sencillos, como una cajetilla conteniendo 20 cigarrillos que, por esta vez, supongamos sean exactamente iguales entre sí, pero que sabrán diferente en atención a lo circundante. El mismo y exacto cigarrillo a las diez de la noche, y el mismo y exacto cigarrillo a las seis de la mañana. De manera que entonces nada nunca es igual. ¿Resulta esto obvio?

Entonces y así, ¿por qué podría tener validez emocional, en lugar de resultar aburrido de todo aburrimiento, una sentencia del tipo "pero como yo, nadie"? ¿Por qué la gente sigue escribiendo y diciendo una frase como esta? La primera respuesta que se me ocurre - y ojo que la escuela del tetaconchaculosufro la pasé con honores - es que la gente en su común mayoría es esencial y vigorosamente idiota, así, sin más. Si a mí me dicen "te amarán, pero como yo, nadie", yo me diré, listo "me trata de imbécil, dado que es idiota". Y ahí le iré metiendo.

Como alternativa, que siempre hay tres cuando menos, apelo a la inconciencia del receptor. Esto es, el emisor le recuerda, o intenta enterarle al receptor, respecto de la sacrosanta definición de "únicos e irrepetibles". Cosa loable, desde ya, en tanto el receptor no sepa de telemetría. En tanto el receptor no maneje tiempos y lenguajes, telenovelas y finales de noche, o sea, en tanto el receptor se la crea y se arrodille ante la expresión que le confiere y reconoce unicidad. Ahora, acomodándolo un chiqui, cabría un "Como tú me besas no me besa nadie. Ni siquiera tú." Ahí sale ganando.

Yo no



Obedecer o no al impulso cierto
que te obliga a intentar fecundaciones
desestimando todas las distancias
y todos los preceptos concebidos
es lo que te convierte en lo que eres,
un pedazo de carne rancia y bruta
o el grito iridiscente que ilumina
en su clamor de fuego un alma indócil.

Sé muy bien que detienen sus andares
los que prevén rechazos y el ridículo,
que se amoldan al hecho cotidiano
de contentarse fácil con muy poco
los que pregonan siempre las medidas
que pintan equilibrios sin excesos,
aunque con esto vivan condenados
a tomar de las lluvias solo el lodo.

Yo no, mis muy queridos normalitos,
como veo cualquier arco difícil
pateo con mis ganas inauditas
intuyendo que puedo convertir.
Mejor si la barrera es elevada
y aguarda entre los palos un portero
al que no le vencieron ni los dioses,
que así pruebo tobillos y querencia
y toda la distancia que el deseo
tendrá que transitar de un solo acto,
ganándome el derecho de cobrar
o renunciar al premio puesto ahí.

Yo voy a lo que quiero y sin pastillas
sin preguntarme mucho sobre nada,
como si se pudiera sostener
el mundo con los ojos bien abiertos
y destrozar la historia con los labios
besando a la que aún me desconoce.