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lunes, 29 de septiembre de 2014

El tigre



Con un ritmo nervioso ganándole los pasos
va como conjurando su lastimero encierro,
jadeando en el viento un aliento de hambre
que le obliga a mirar a la cima del muro
con los tendones tensos
por el rigor brutal de toda espera.

Ignora los detalles, el denso calendario,
no sabe de apellidos y tampoco de números,
sólo del hambre cruda que mastica silente
y que habrá de saciar con un zarpazo azul
cuando el arriba quiera medirle la mirada.

Mientras tanto se aquieta adentro de sus círculos
atrofiando los modos sencillos y lejanos
con los que alguna vez compartió su presencia,
y extendiendo sin límites esa fuerza ahogada
de tigre en un aljibe, de color comprimido;

y suben por sus ojos la lluvia y los tambores,
y se le agolpan duras mordeduras,
y no encuentra salida y se agazapa
en la sospecha indócil
de que el tiempo le ofrece ser herida.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Hay mujeres



"Las mujeres quieren que girés alrededor de ellas como un satélite, y sin movimiento de rotación. Así, con la cara fija en ellas todo el tiempo".
El quinto alacrán.

Hay mujeres que saben  logras darle lo alto
de un techo sin agobios, una mesa abundante
y unos críos que imiten cómo sales delante
corriendo cual fondista o dando un solo salto.

Mujeres que disfrutan del sexo por asalto,
del que dura una hora y del que en un instante
las hace conocer tu dimensión de amante
destrozado por dentro tras cansar al asfalto.

Y que jamás mencionan cuán preciosa la vida
que portas en tu aliento, aunque sí te recuerden
cada espadazo errado que diste cuando vélite.

Pues así, tú, culpable único de su herida
no estás fuera del grupo de los que siempre pierden,
girando ante sus ojos como un vulgar satélite.

Días iniciales



Un temblor en lo fino de lo hondo
ahí donde lo sólido te miente
y es en lo blando y fértil de la noche
que todo es pequeñez casi insondable,

una caricia atroz de inmerecida
que resulta por ser premeditada,
y el reclamo preciso del espejo
que no quiere admitir separaciones,

el modo de lo largo que se estira
hasta el ombligo sacro de los solos
por no poder jamás
encallar sin sonidos estruendosos
en los labios granates de una puta,

ese cansancio anciano
que sabe tanto a pérdida o derrota
y que mueve la rosa de los vientos
cuando por el debajo de la piel
sólo bullen motores
que desconocen ágiles
de cualquier detención.

Este minuto inquieto
que no puede saber
a cuál de los platillos de la balanza ir
sin renunciar a ser el fiel al que aspiró
cuando los pesos eran pocos pero magníficos,

ese dominio fácil sobre el agotamiento,
y lo trunco y la tos,
y el estuche que guarda silencios dentro suyo,
y lo que no se dice y se avizora
como la lluvia plena con los meniscos rotos,
como la boca en quiebra por la sed
y las manos regándola con whiskys
de más de doce años.

¿Alguien, entonces alguien
capaz de comprender el hielo de mi cuello
cuando digo ceniza contando de la nieve?
¿Qué pudor destrozado
podrá cruzar mi pelo de terrible azabache
si desde mí no quiero que me manchen los idus
con el beso mordaz
con que besan los muchos?

Largo como un ombligo
y tan cerca del límite
como estas manos sucias
añorando los ascos de tus días,
aquella mansedumbre
en el que era tu Dios y tú mi pueblo,
cuando todo era angustia
y era yo la fe misma,
porque ignoraba tanto de qué tono va el hambre
cuánto se desacierta al acertar
el nombre de lo justo,
y porque sí, sabía
que a las sombras se ganan
brillando en estallidos que con pocos compartes.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Limitaciones veraniegas



Se me llenan los ojos de ausencia,
de la calma que portan los solos
cuando dan sin obviar protocolos,
y de gritos que fulgen violencia.

Se me llena la sien de potencia
por asirme a una voz que sin dolos
me refiera por fin en dos polos
que se exponen en grave imprudencia.

Como ves, sólo juego conmigo,
desprovisto de piel amansada
por vulgares axiomas humanos.

Sin buscar en tu cuerpo el abrigo
que otro obtiene al saberte creada,
me limito a intuir tus veranos.

viernes, 19 de septiembre de 2014



Tú...
y la marea siguiendo tu oleaje,
como sigo yo la luz de tus sombras
a la manera del ciego que avanza
apoyado en lo que siente.

Tú...
y mis manos a los lados del espejo,
con mi boca mordiendo el vacío de tu nombre
y tu letra erupcionando flores filosas
en medio de mi vientre sin deidades.

Tú, descalza sobre mis cielos
con el garfio de tus uñas siempre listo
a hendir en lo que lato
para sin escrúpulos exigir
por cada ojo tuyo toda mi cara,
por cada imagen de tu cadera
volviendo ceniza a mis infiernos
diez versos que escupo sobre el amor
tan sólo porque me rescates.

Tú y tu manera de promesa desmedida,
tú y que todo tenga que importar
- cuando para el vulgo sólo importa sentir -,
tú y mi musitar el pulso de tus sueños
cuando por no ofenderte
al cuello me encadeno futuros
que ignoro quién podría imaginar.

Tú, maldita niña preciosa,
corazón de piedra ígnea, de dragón,
¿no te cansarás nunca
de marcarme con un celo terrible
que no soy digno
de quererte sin que duela?