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sábado, 14 de marzo de 2015

La filosa alegría



No se describe llorando el dolor
del que se nutre la bestia que busca
en nuestros ojos el punto de quiebre
y en nuestra piel las señales del odio.

Ni vale el rezo bendito de un puto
para evitar que nos siga cagando
cada jornada sudando en el hambre
cada vendimia de sangre inmolada.

Estamos solos, y justo parece
que cada cual le mastique sus formas
al pelotudo de abajo, al rojizo

que junto al sordo de arriba nos privan
de andar medrando en la risa sin noche,
en la filosa alegría de Hacernos.