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miércoles, 7 de octubre de 2015

Margot y Susan



Aparte de ser exigente, Margot estaba llena de manías y reglas que nos imponía con una firmeza que no he vuelto a ver, y que por cierto, la suelo aplicar. No podíamos recostarnos por la pared, por ejemplo, porque no éramos moscas. Debíamos ser amables y solidarios, porque de eso se trata la auténtica rebeldía. Pero, por sobre todo, debíamos mantenernos erguidos en todo momento, para que no se nos desvíe la columna, primero, y segundo, para que cuando llegue el día del desfile parezcamos hombres gallardos y no un montón de monos como los chicos de los otros colegios privados.

Años después, cuando comencé a tomar clases de esgrima, la postura que se me había vuelto natural gracias a Margot, se impostó todavía más, mucho más. Esto lo he notado hoy, al ver el vídeo que me envió Susan, y que lo filmó el viernes pasado, en el encuentro que tuvimos los compañeros de promoción. Parte del mensaje que acompañaba el vídeo decía "Parecés muy vanidoso, con razón nunca nadie se te acerca". Susan siempre fue extrovertida, y por eso me habla a mí como le hablaría a cualquiera, con esa franqueza que tienen los extrovertidos los que no temen equivocarse.

Ahora Susan estará haciendo dormir a sus críos, quizás en una hora más comience a hacer el amor con su marido -que, por cierto, me parece un buen tipo-, y supongo que en un par de horas, como mucho, estará durmiendo el sueño de los justos. Como cualquier extrovertido, ella ignora el profundo mecanismo que ha puesto a funcionar en mí. Todo ese engranaje de tesis, antítesis y síntesis que latimos los que hablamos sólo con nuestros escogidos. Ella sólo ha enviado un vídeo, sobre el cual hizo un comentario, nada más. Incluso, casi estoy seguro, de que ya lo olvidó.

"Vanidoso", dijo, y mientras miro y vuelvo a mirar el vídeo, creo que la palabra es "altivo", y vuelvo entonces, casi irremediablemente, a Margot. Muchas veces me he sentado en el pasillo de mi departamento, el que comunica a la sala con mi estudio y, apoyado -como una mosca- por la pared, me he bebido botellas enteras, y fumado cajetillas completas de cigarrillos franceses. En lugar de mirarme en el espejo, me he mirado en la pulcra pared de enfrente, sin nadie al lado, como escudriñando el porqué de una lejanía que nunca me nació, que siempre la tuve sin explicaciones.

Cuando Susan se me quiso entregar, yo leí que quería tomarme, y por eso la rechacé. Pero ahora Susan está haciendo dormir a sus críos, y luego hará el amor con su husband. Después, Susan durmiendo. Susan ignorando las veces que miré una pared para exorcizarme de Margot. ¿Margot, en ese entonces tan pretérito, ya intuyendo lo de Susan? Hijas de puta las dos, hijo de puta yo, ciertamente. Pero, sin embargo; mas, sin embargo, ¿quién de los tres se atreve a mirarle a una pared? Vuelvo a mirar el vídeo y no veo altivez. Sólo el dolor de la honestidad.

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Fotografía de Zachary Nelson