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miércoles, 25 de febrero de 2015

Para no hablar, para no decir

Si me dejás llegar a vos
con este síndrome antipático
de ser una imagen que se erige en sus roturas,
y acaso y encima me sonreís
con tu pelo en cascada
sobre cada límite en el que estuve,
te abrazaría tan quieto y distante
que no habría modo sepás que  voy sincero y entregado
a lo que me cuesta entender y aceptar.

Había un mundo feliz
en el que yo quería poner el pie,
pero lleno de escaleras y senderos horribles
en el que todos intentaban hacer de sus vacíos
la llave con qué abrir diez mil puertas,
y muy poca risa, tan poca
que todo fue ojeras y un cuello difícil
de quebrarse o doblarse,
porque en mi vientre estaba mi nombre.

Si me dejás curarme frente a vos
el pus que tiñe de verde esperanza
lo que sospecho del abismo,
si me dejás cerrar los ojos al asco
y nublarme en tu pubis
de lo que ya no seré jamás,
acaso retome la fe, la certeza
de una mano en mi espalda que musita
el vigor de lo efímero.

Cuánto tiempo verbal, si te fijás
recorriendo lo que nadie es
lo que siempre fuimos y que no somos
tan sólo por falta de técnica,
por ese no saber hacer lo que viene hecho
la matrix de Roma haciendo camino en nuestra dermis.

Si me dejás vomitar a un lado de la cama
y limpiás mis oídos de tanta sonoridad absurda,
yo te prometo esculpir el tránsito
que estipula la vida
en un escupo de oro carmesí más allá del brillo
que enarbolan tus iguales, acerca de cada cosa.

Nos avecinamos
desde la carne al futuro,
y yo que observo cómo venís
-sabiendo que no vas a quedarte-
me escondo tranquilo al fondo de tus ojos,
para no hablar, para no decir

lo  que nadie quiere hablar aunque lo viva.

lunes, 23 de febrero de 2015

92. Sólo me toca

Una puntada que a penas confieso
me marca el límite fino, el desgaste
que casi hiere con un hilo de miedo
la voluntad de vencer mis pesares.

Quiero callarme el dolor del momento
o bien mentirme negando lo grave
que puede ser un mal paso en el juego
de encaminar a su cauce a mi sangre.

Ella me mira y sonríe cercana,
sabe que sufro y aguanto lejano
cada tropiezo que marca mi grito,

sólo me toca la herida y sentada
a mi costado me dice el pasado

que estamos viendo marcharse al olvido.

domingo, 22 de febrero de 2015

91. Te dibujo de mí

Ya tengo muchas horas en el aire
demasiados hoteles habitados
y tan poquito tiempo caminando
con tu cintura andando entre mis lápices,

que si te escribo duele que ya nadie
reemplace tu modo de ser algo
con lo que no contaba con mis años
de traficar el tiempo de los frágiles.

Te dibujo de mí, como capricho
del que pide lo justo y se retuerce
en la fatiga triste del que ignora

cómo son las mañanas sin espinos
y cómo las que late el que posee

la humedad de tu sexo y de tu boca.


sábado, 21 de febrero de 2015

90. La siesta



La noche que se cierra en su secreto
parece no saber que le buscamos
el rastro más oculto - el de los santos -
en su respiración libre de egos.

La mañana que ignora le sabemos
su condición de luz limpia de años
parece sonreír desde lo bajo
nuestro terco querer obviar al tiempo.

Por eso es que en la siesta viperina
encontramos la fuerza necesaria
para escupir al cielo y vernos vivos.

Es allí que encontramos la salida
mezclando nuestra carne con la gracia
de ser agua lavando lo podrido.

89. Casi sabe

Ahí, en lo denso y frágil de todos los destinos
donde habita la indócil e inasible fortuna
encalla su mirada de tigre enardecido
levantando el desprecio que le anuda la nuca.

Ya no cierra los ojos para sentirse hijo,
ni roza con sus dedos cada magulladura
que ganó como padre de tan pocos amigos,
solamente se asiste con palabras oscuras.

Entonces se aproxima al límite del nombre
que fluye en remolinos  y de por sí se esconde
de su boca de infierno clamando por decirse.

Sospecha, casi sabe que asedia lo imposible,
y con sus labios procura la vibración del verbo

que habita en su gemela desnuda de pretéritos.


domingo, 15 de febrero de 2015

88. te mentiría

te mentiría mal si te dijera
que no me pesa el tiempo sin tus manos
que todo suena bien mientras te ausentas
de la tormenta torpe con que encaro

este papel en blanco que te anhela
desnuda de pretéritos soldados
a lo que fueron siempre tus maneras
al borde de las mías sin tus años

pero elijo decirnos sin el lastre
de un sentimiento simple y de manual
tan solo por borrar casi de golpe

la historia vanidosa de pesares
buscando en la garganta el aflorar

de aquello que requiere de favores

martes, 10 de febrero de 2015

87. En el nombre



Con los puentes levados desemboco en la noche
que me estuvo esperando como una amante núbil
esperando la preñe de soles dibujados
en su matrix de azules sin rubores granates.

Cansado, me entretengo desperezando el modo
de mi lejana historia de hombres y mil creaturas
torturando lo denso de mi paciencia breve,
mientras me acerco calmo a su tersura grave.

Desconectado y solo me vuelvo compañía
que devuelve con gracia el millón de favores
que recibió en el antes de ser fruta madura.

Disfrutando de Escocia cruzando mi garganta
sin la tristeza torpe de tener que atender
al que llama en el nombre de sacros sentimientos.

lunes, 9 de febrero de 2015

Valentín Martín - Estoy robando aire al viento







Ficha del libro:
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Título: Estoy robando aire al viento
Autor: Valentín Martín
Editorial: Lulu editores
ISBN: 5-800100-652308
Nro. Páginas: 71
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Estoy robando aire al viento

por Silvio M. Rodríguez C.


El autor confiesa que este poemario nace de un poema ajeno, el cual lo ha multiplicado en treinta y ocho escalones en espiral y un epílogo con los que juega en el intento de definirse sin más recursos que el de su propia voz. Digo “juega” porque es más lúdico investigarse a uno mismo a través de una poesía -irreverente y sólida- que a través de una prosa crítica disfrazada de ensayo. Por otra parte, cuando el autor cuenta lo que quiere contar y teniéndose a sí como primer lector, es cuando menos ataduras habrá de tener, cuando más libre será.

Hubieron viajes, seguro, migraciones que llevaron al ámbito “donde la justicia se parecía tanto al amor”, y una infancia donde el pichón de hombre grande disfrutaba más de crecer que de los besos, donde el derecho a vivir era algo que ya estaba dispuesto a exigirlo. Y hay, por encima de ese tiempo en donde “Vivir no era una hazaña porque lo peor no tenía futuro”, un tiempo que cuya definición cabe en este “… se alza hoy una fe que arde/ donde se extermina el círculo de las ventanas tristes”. Hay que ver cuánto futuro había ya en cada pasado.

La contrastación de lo que fue con lo que es pareciera ser el  motor que mueve a este libro, pero no hablo de comparar décadas, o tales y cuáles años entre sí, sino de la expresión desde el hoy de un montón de variables sucedidas en el antes. Tenemos que “En la vejez los sueños están más caros/ pero en cambio la lucidez se alarga/ como cuando de niños nos crecían/ en el bolsillo las perras del domingo”, mezclándose con posibilidades dolorosamente terribles, con una realidad bastante extrema en la que “Ya nadie se fía ni del desencanto de los espejos”.

Hay también, a raudales, a llovizna, a chubasco de medianoche y a granizo de mediodía, ese amor pasional, hecho de carne hambrienta y de boca cargada de besos a entregar con la urgencia que provoca el coincidir con ese alguien que a veces siempre estuvo esperando, o que fue tomado con la más franca de las sorpresas. Y desde ese “explosionar nuestro estertor de mozo y muchacha, tormentas/ donde no se lavaban las tardes sino que morían matando”, reflexiones de piedra volcánica “como los pájaros migratorios,/ buscan una última hermosura/ donde apoyar la mano derecha/ levantar el otro puño y exiliarse.”

En este poemario, en donde el autor luce un desenfado ágil, cargado de lirismo, no deja de haber un trabajo de exploración respecto del propio ser, desde la visión que logra la inteligencia sirviéndose de lo vivenciado como herramienta de análisis. El autor ya se conoce, pero vibra en cada poema el deseo de contarse, y lo transmite al lector llevándolo del disfrute estético al análisis coyuntural del que escribe, del texto ajeno al propio texto de vida. Esto, porque al igual que la risa o el llanto, también la introspección se transmite cuando una poética nos empatiza con su fondo.

domingo, 8 de febrero de 2015

46. Qu hi d fu

"Hay una orfandad capaz de fortalecer al que habrá de destruir para que sea posible construir.".
Andrea

Me hubieran ablandado tanto muerto
las veces que quebré las diez mil reglas
lo sitios que borré con mis maneras
y las mujeres rotas de mis cuentos.

Mas en cada destrozo fui conciente
de que todo sería al fin lejano
un punto en la memoria de los años
que serán necesarios para verme.

Y hubiera exagerado este dolor
-que remuerde mi piel de cavernícola-
con un resentimiento claroscuro
sin madre amamantándome de sol,

viviendo cada gesto como síntoma

del daño que en la fragua son los muchos.

viernes, 6 de febrero de 2015

45. Burla 2

Sigo con mis astillas por fuera de la gente
imaginando pasos al borde de lo lejos
negando lo real de los reflejos
mientras reconsidero si estoy o no demente.

Intuyo que podría sentir junto a los viejos
el paso de los días siguiendo la corriente
de quienes van a pie y ya no en parapente,
obviando como siempre a todos los espejos.

-A mí me pasa a veces lo demasiado libre
navegando en mis ojos hartos de tanta herida
anidando en el pecho de aquellos sin salida.-

Digo entonces mi cuento sin calibre
impulsado a burlarme de mi fondo y mi forma

escondido de mí, de lo que me uniforma.

miércoles, 4 de febrero de 2015

44. Enfrentados

"Nada más patético que un adolescente sacando de su mochila un libro de metafísica".
Andrea

A cambio de tus libros de idiota mochilera
te concedo la espera de los tigres
y la dura promesa que impedirá que migres
a los pasos que llevan a la oculta escalera.

Y al hastío de todas tus mil limitaciones
le voy a dar un puente de fuego grana y puro
a ver si lo atraviesas y llegas hasta el muro
que levanté venciendo mis altas tentaciones.

Por traerte hasta aquí, al lado del reflejo
te haré vivir de un tajo el peso de la norma
hasta que destrozándote consiga la destroces.

Así sabrás por fin cómo se llega a viejo
burlándote del fondo y de la forma

obviando la postura del burro dando coces.

lunes, 2 de febrero de 2015

83. La desdicha del postergador

Hay un reclamo eterno, pareciera
en la voz inclemente del que mora
en la postergación de cada cosa,
una desdicha ruin, vulgar y fea.

Quien así vive ignora frases nuevas
camina por el mundo cual persona
que sólo sabe agobios y horas solas
a un lado de la gente limpia y buena.

Todavía me enojan estos seres
que irradian amargura cual si fuese
una luz exclusiva de notables,

cuando sólo destruyen mil instantes
sin nunca darse cuenta de los daños

que causan sin alzar jamás la mano.