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miércoles, 30 de septiembre de 2015

61. Noche XIII

61. Noche XIII

"Uno está condenado a perder un montón de cosas si lo que quiere es ganarse a sí mismo. Si lo logra, uno entiende que nunca hubo pérdidas, sino sólo desprendimientos". Asira.

Fue que quise privarme de festejos vulgares,
al menos una noche imponerme lo simple
de ir a dormir temprano sin buscar imposibles,
sin saberme secretos que no fueron verdades.

El tiempo me jugó la carta del cansancio
mi cuerpo le arrojó la del loco entusiasta,
mientras mi mente herida ansiaba hagamos tablas
con mi piel de testigo de tanto esfuerzo vano.

No, no pude conmigo, con el hambre en el vientre
y su presión de años marcándome los ojos,
con la sed del suicida que muere si no lucha.

Pasaron muchas décadas desde esa vez de fiebre
atacando mis dedos con la furia de un lobo,
de la vez que entendí de qué va mi figura.

martes, 29 de septiembre de 2015

60. La niña III

60. La niña III

"En la terrible soledad del combate cuerpo a cuerpo es que se mide cómo fue el camino que transitaron los contendores". Asira.

Viajando sin maletas recargadas
allá donde las luchas son reales
libres de la presión de los finales
en tanto merecimos las doradas.

Negando lo sencillo y no lo duro
trabajamos el tiempo y las derrotas
imaginando ella con qué notas
nacería el combate por lo puro.

Así fueron las cosas, los momentos
y lo que no dijimos cuando hablamos
masticando los pesos de la angustia.

Imaginamos hondos sufrimientos
y fuimos los ajenos, los sin amos,
orquídeas sin jardín y no flor mustia.

lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Cómo me sano esta violencia?

A veces soy el chico que nadie tomaba en cuenta
uno que aferrado a su resentimiento
logró escupir su nombre al rostro de la noche
triunfando a la carencia de los gregarios,
entonces
tus manos no solamente son manos
sino que son las garras poderosas
de una leona cruzando mis puentes
haciendo me olvide de cuán solo estoy y soy.

Si te vas, si te alejas
- y siempre es de pronto, como un golpe
que no veo venir, que no sé medir -
me vuelvo grito, la herida que sangra
y que a pesar de su antigua inteligencia
sólo es honesta consigo misma en un reclamo.

Si te alejas, si te vas
sin un aviso de zona de turbulencias
sin una señal de curvas peligrosas,
soy el atleta dispuesto a matar y a matarse
y que sube al ring con los ojos fríos
la voz ardiendo por tus ojos
y todo el atrás del tiempo rugiendo en mis puños,
pero
sin nadie a quién poner de rodillas
sin nadie a quién destrozar
para borrar tanta distancia.

¿Qué hago, ahora que no te tengo
cuando recuerdo cuánto te tuve?

¿Cómo me sano esta violencia
de no lograr la calma
- que me escondes y me ocultas sin siquiera imaginarlo -
cada vez que te marchas?

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Mi ermita

Vos que me viste roto por dentro y por afuera
que examinaste el daño de todos mis excesos
tras mirarme a los ojos descubriendo unos soles
que exigían de lejos vivir tu territorio.

Vos que viste de golpe cuáles son mis azules
la fiereza del rojo que habita en mi tensión
y todo ese granate que me cubre la piel
cuando me aparto y parto ejerciendo mi boca.

Fijate en lo profundo, en mi forma de puño
que es caricia guardada sedienta de tus labios,
en cada forma y fondo con que accedí a tu vientre.

Y desde tu atalaya de melena sin furias
comprende que mis huesos dominan catedrales
sólo por ofrecerte lo íntimo de mi ermita.