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lunes, 14 de marzo de 2016

El soneto de las seis



Ahora que me caigo sobre la lentitud
del recuerdo sencillo de tus gestos,
que extiendo el pentagrama mientras nadie
pregunta por las notas que invaden esta sala...

presiento que es posible evocar sin errores
- sin ese rasguñar un tanto inútil
lo dulce como indócil que tiene el corazón -
un poco de tus labios con los míos.

Incluso casi, casi estoy seguro,
porque soy de esos chicos a los que llaman malos
de tanto que no saben amar después de amar,

y por eso quizás saben de la victoria
de querer más allá de las tristezas
de cualquier casa-miento y de besos sin lluvia.

No me hagas mucho caso, aquí no siempre llueve
y esto es solo el soneto de las seis.