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viernes, 26 de febrero de 2016

Primera aproximación al concepto de exclusividad


En algún punto mi viejo me dijo lo siguiente "Te voy a ahorrar un montón de frustraciones, vos estás muy lejos de ser un genio o cosa similar, así que sacate de la cabeza que tus calificaciones indican algo como eso." Más o menos en la misma época, y tras una intensa discusión que apenas logré sostenerle, terminó diciéndome que "Lo que sabés es poco, pero lo sabés bien". En así, en un lapso de pocos meses terminé convencido del no convencimiento, seguro en mi inseguridad, y con la cancha pintada con toda la exactitud posible, aunque Ripley no lo crea.

Verás, saber que no soy un genio me habilita a tratarme como un tipo con capacidades normales y, entonces, me da la libertad de compararme con cualquier tipo o tipa que, como yo, goza y sufre de capacidades normales. Esto es, si yo, siendo normal, puedo hacer tal o cual cosa y vos no podés, quien va de subnormal sos vos. Claro que luego vinieron las inteligencias diferenciadas y demás boludeces, lo sé, pero el fondo es el mismo. Están los que tocan el Opus 35, y los que no, y no se necesita ser un genio para hacerlo. Seamos claritos.

En luego, más allá de la lógica estrepitosa de Sócrates, eso de saberlo bien sí que tiene su sabor. Porque, vos cambiale el ámbito y metele un "conozco pocas mujeres, pero a las pocas que conozco las conozco bien", qué galán que quedás, ¿eh? Ahora, el punto es que ese poco sea amplio, para joderla, digo. "Conozco pocos animales"... Esto es, volviendo al banco, involucrándome con 5 taxistas tengo la problemática de todos los taxistas y puedo establecer un sistema de crédito de cobro diario para ellos. Si has visto a un niño de la calle, ¿los has visto a todos?

En así, al igual que vos, no soy un genio y, al igual que vos, conozco pocas cosas y de entre ellas algunas las conozco bien. Sé grabar los gestos que suceden a las acciones y grabarlos como antecedentes. Pero, al igual que vos, muy precisamente al igual que vos, tengo el toque especial, lo que me hace y te convierte y nos confirma en únicos: la capacidad de prescindencia. Mira a tu alrededor, y verás que los más doctos entre los doctos de las letras normalmente no hicieron más que un culto a la carencia que los fue forjando siempre.

Vos y yo, sin ser genios, aceptemos que lo que abunda es la necesidad, y por eso cuesta tan barato, ya que somos economistas. Necesitar es lo común, lo vulgar - no lo ordinario -, y prescindir, entonces, es lo raro, lo exquisito. Como espero que presientas ahora, lo exclusivo sólo es un estado natural de evolución. El diamante no desprecia al grafito, pero ambos eligen quienes harán gala de ellos, y sólo uno de entre muchos es capaz de arroparse con ambos sin esperar que el vulgo lo note. Por ejemplo, ¿a menudo lees párrafos de 101 palabras cada uno?

jueves, 25 de febrero de 2016

Frío




Si ves que caigo en la indolencia decidida
no me perdones el rencor ni el entusiasmo,
asume el hielo que regalo en mi sarcasmo
y sé de nuevo quien me sabe y no se olvida.

Si me sospechas lo profundo de la herida,
sus luces negras, las roturas que aquí plasmo,
quizás intuyas cómo quiebro en un espasmo
mi ritmo breve que se abraza a toda vida.

Mas, si no puedes aguzar tu fino oído
y sólo entiendes del reclamo y de la queja
mejor me dejas en el borde de la nada,

y vas al pueblo, con la gente sin sentido,
para gritar en un arrullo que esta almeja
nunca aprendió lo que es vivir en la manada.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Cita 4

Yo había dicho hija de puta, gorda boluda, pedazo de mierda, imbécil atómico, lindezas así. También elaboré frases más largas, construcciones más complicadas, perífrasis de perífrasis, tortuosidades "propias de una mente enferma". Cuando el campeonato fue entre clubes, los de los otros clubes se mostraron enojados por mis verbalizaciones. Cuando con los otros clubes hicimos selección y nos tocó estar en la misma gradería, ahí estaban de lo más contentos con las obscenidades y procacidades con las que aturdía la dudosa moralidad de árbitros, jueces y demás participantes. Que vamos, el grado de sinceridad de una buena puteada no tiene precio.


 ¿Tacordás? Era un tiempo en el amar era más fácil porque la muerte estaba muy cerca. Yo andaba prendido de mi amigo escocés sin poderme creer cómo podías hacerme postergar la generación de las breves humaredas. Y esa otra sentencia de Julio: el tiempo, ese niño que llevan de la mano y que mira hacia atrás. El tiempo que va colocando todo en su lugar, que lo va curando todo, porque nada tiene lugar y nada estuvo enfermo nunca. Todavía los temblores, un toque de ansiedad por los procesos de desintoxicación y las cicatrices en proceso de maduración mientras te esperamos.


Cuando de nuevo mires a través de la ventanilla y no haya más que nubes y sientas esa tranquilidad que sólo sienten los que pasaron por la angustia de haber estado solos con su fe. Cuando haber bajado de peso, lucir ojeras y no tener muchas ganas de sonreír sean una parte del pasado que no pesa, sino que hace de cimiento y fortaleza para un rascacielos siempre en construcción. Cuando sientas que cada "mala" palabra a "destiempo" fue sólo una pieza en el puzle que sólo una leona estaba llamada a realizar, se cumplirán, de pronto, las bendiciones más altas.


martes, 23 de febrero de 2016

tan solo tales





Hoy, primero de diciembre de mil novecientos...
o algo así, ¿no?

Invariable
la mañana se amotina detrás del ventanal,
suena su modo de jazz  el blackberry y me dice:
hora de ser lo que quieren que seas.

Señor de las logísticas simples
se llame colegio, trabajo, pacientes
despliego las distancias precisas
perfecciones inútiles que nadie reconocerá,
porque lo que sale bien sobre el escenario
para el público no implica sacrificio.

Terminada la faena
que los semen-tales aceptaron como estado civil,
comienza el horario de los jugados mal
la de los sentimen-tales que
- acostumbrados a endeudarse el alma por las noches
y a pagar cada verso y cada nota durante el día -
en su momento entendieron, porque lo sintieron,
que: bajo sus pies el mundo, literal,
si entre sus cejas un cariño.

Desde mí, no sé, que va que va
sólo esta adicción a la doble vida,
manejar a cierto nivel una katana, el endecasílabo
la depreciación del real y el precio de los pañales,
esa exquisita presión de las teclas y los timbres
mordiéndome el vientre el puto corazón y el cerebro

tan solo
- tan sólo, DRAE, tan solo -
por la suerte
de ser de esos tales
que sabe bendecir la concha que parió a su chica
y maldecir al dios que concibió al mundo que permite la sordera.

Tan solo
por todo lo que dije y digo
porque si la sonrisa es pura, me sobra la ortografía
porque si el tacto es dulce, aunque me duela, sueño
porque si no desvía la mirada, son sus ojos los que me llenan.

Tan solo
porque nací así
sin mellizos ni trillizos,
sólo para saber
que acaso su boca me esperaba
y de qué se trata ir por ella.

lunes, 22 de febrero de 2016

Deja que me suba tu mirada en blanco y negro


Deja que me suba tu mirada en blanco y negro
el olor profundo y preciso de tus calles
la forma de tus ansias que se esconden y juegan
a no llegar a ser delatadas.

Permite que mi mente
entrenada a olvidar toda primera vez,
acomode su memoria a lo posible
de tu penumbra al fuego que reflejas
si acaso el silencio te ahoga.

Si dejas que me acerque
con varias siglos de distancia

- tú tan hembra, yo tan púber
  yo sin cura, tú alegría -

a la puerta de tus olvidos
al recuerdo de lo imposible,
quizás a un millón de estrellas les imponga
la sintaxis de tu nombre,
y a la oquedad del mío
le dibuje tu mirada.

Si permites que mis dedos
intenten la línea que no dices,
el pálpito de un crepúsculo que a sí se pare

- porque no tiene Dios que lo conciba
ni padre que lo rechace o lo aplauda
ni abuela que lo perdone -,

de repente susurro en tu boca
el amor de los chelos cuando intuyen la entrega:

el cariño del suicida que sonríe
cuando tiene por qué
aferrarse a un instante.

sábado, 20 de febrero de 2016

Para solitarios

Se cansaron los bares
de mi risa y mis saqueos,
se hartaron las cabinas
de todas las mezclas que inventé,
y se llenaron del color de mis ojos
la diez mil veredas de mis madrugadas.

La primera biblioteca
tan gorda y anciana en un principio
terminó siendo raquítica y pobre;
la última
con apenas una centena de libros nuevos
pesa más de siete mil años antes
de contar la mitad de sus integrantes vivos,
y todo esto, ahora que lo siento bien
no es más que la sucesión normal de las cosas.

Me aíslo profundamente de la risa fraterna que profesan los judas sin estilo.
Y junto plurales baratos
como basura seca al borde de mis barracas
para poder ver arder sin remordimientos
los huecos intensos de tanto zombi emocional.

Me alejo aún más de  cualquier promesa dictada por quien llora.
Como esos paranoicos que disfrutan de escotes y pómulos marcados
pero esconden:
el número de teléfono
la mentira dulce que conquista
los celos del aprendiz
la presumida prescindencia del experto cruel,
no por vanidad
sino por instinto de conservación.

Porque si bien son pocos
los aptos para dar su vida por alguien,
son todavía menos
los que están dispuestos a entregar su forma de vivir.

jueves, 18 de febrero de 2016

Cita 3

Los verdaderos gestos definitivos yo los fui bordando desde el atrás del tiempo, por ejemplo, desde esa vez en la que yo ya sabía lo de la cueva y sus sombras antes de leer a Platón, de que todo esto o eso que era la realidad no podía ser la realidad antes de leer Kabbaláh, como por el contrario, tan perfectamente real pudiera ser la anciana que muere ahogada entre los hilos de lana por sus propias manos antes de leer a Cortázar. Pero, como no tiene caso hablar de uno, uno comienza hablando de uno como queriendo implicarlos a todos.



Cuando uno termina entendiendo la demencia del otro, por ejemplo, cuando realmente la entiende, la comprende, desde sus íntimos orígenes y hasta ser consciente de que el otro va de enfermo no recuperable, de amigo irrazonable, de amante incurable, es cuando uno se llama a silencio, se aparta con la mejor de las sonrisas implicando más que nunca los hombros en el arado común, esto es: sin que se note. Porque a un loco no se le dice que lo está, como a un pobre no se le señala su pobreza, a menos que el loco y el pobre sea uno.


En algún punto pensé que sería mejor así, ser hallado culpable siempre, aceptar la culpa y todos contentos. Pero me di cuenta de que tras admitir la culpa, al no haber una condena precisa y milimétrica, no sólo quedaba demostrado que tanto el juicio como el pecado habrían estado sobredimensionados. Me di cuenta que era el momento de comenzar a pensar en que existía la posibilidad de que de lo único que debiera sentirme culpable era de eso, de permitir que me hagan sentir culpable por expresar lo que sentí o siento, como si uno tuviese el derecho de ser así.




miércoles, 17 de febrero de 2016

Disfrutar de nuestras manos

Llegar a ti

a la intimidad del cielo que perdiste
sin aviso en la inconsciencia
de un tiempo de abismos y parientes

morder trabajosamente, incluso con miedo
en la herida que ocultas y que expones
como bandera que desprecias con orgullo

derramarme entonces sin dejar
de sostener mi mirada fija en tu sexo líquido en mi nombre
sin dejar de sostenerme en el tuyo que aprende mi verbo

y sonreír los espasmos electrónicos
del futuro mordisqueando de tu pelo rubio blanquecino
todo el poderío de tus ojos claros
y la larga fortaleza de mis construcciones  insólitas.

Llegar a mí

a la conclusión de mis comienzos
desde la brevedad de tus labios de un rosado imposible
y ese tu ombligo que no lo inventó dios
que yo le dije a su madre era el último muelle

adornar mis mañanas, tan pasadas de tuerca
con la dulce torpeza de tu egoísmo sin orillas
buscando le levante una estatua a la mejor chef del mundo
por una tortilla sin champaña en la cama

olvidar que los jueves de noche hablo con Ruffo
y ordenar pizza, cerveza y otra vez Keanu Reaves
como si no me gustase o no me cupiese
esa tristeza que de golpe y sin aviso
hace
que tu espalda se acomode al fondo de mi pecho.

Llegar y que sepamos
disfrutar de nuestras manos.

¿Intérprete, arreglador o compositor?



He conocido alguna vez y en su momento la emoción del intérprete. Esa extrema sensación de estar al borde de admitir o no admitir que toda la vida será un fracaso porque el ideal sencillamente nunca será alcanzado. Por supuesto está el consuelo que utilizan algunos maestros: "practica de tal modo que no puedas tocar mal". Pero, no poder tocar mal no tiene nada que ver con llegar a tocar perfecto. Tocar sin errores sólo te garantiza el aplauso, la emoción ajena, incluso la admiración y esa cuota de respeto que inspira la combinación de talento y disciplina. Pero nada más.

Del otro lado, y no menos extremo, pero mil veces más injusto, alguna vez y en su momento estuve del lado del arreglador. Dos golpes inesperados de caja y el golpeteo del ritmo te cambia, tanto, que se vuelve vicio. Una misma secuencia melódica de cinco o siete notas en la cual, al repetir cambias el la por el sol y la canción muta dramáticamente. Ni hablar de arreglos invasivos, de esos que en donde no había vientos lo llenan de metales, y en donde no había más que guitarras hacen aparecer chelos y contrabajos. Y, también, las piernas, las mujeres.

Como se ve, interpretar lo ajeno está destinado al fracaso - no me jodan -. Intentar algún arreglo puede tener un resultado fantástico como también desastroso, y mejor/peor aún, al público le puede gustar el arreglo, al autor no, y viceversa. Lo cierto es que son muy difíciles de hallar los casos en los que autor, intérprete y arreglador convergen en una feliz trinidad, a menos, claro, que esta trinidad se componga de una sola persona como la deidad de los cristianos - que sólo la entienden los cristianos, sin ofender, me crea -. Pero todo es posible, lo sé bien.

Por mi parte, he decidido limitar mis interpretaciones y mis arreglos a los octaedros de siempre, los que nunca fueron considerados en eso que llaman, justamente, círculos. Se entenderá, los menos fanáticos o, justo los más fanáticos, entenderán que lo natural es que a todo intérprete se lo interprete y que al hacerlo, cada cual que lo escuche, íntimamente, genere posibles arreglos respecto de eso que entonces se le manifiesta. Porque, finalmente y desde un principio, todos somos intérpretes y todos somos arregladores, sólo que algunos somos más bulliciosos que otros. Pero todos somos intérpretes, y todos tenemos arreglos que ofrecer.

Ahora, ¿y si cansado de interpretar y arreglar me decido a componer? Ese día en el que componga un viaje por afuera de los sonidos y un cuento largo acerca de las abuelas que no tuve. El año multiplicado por tres en el que pinte al óleo por qué fumar fue bueno si mi novia se llamaba Mildred, o la sonata "La primera vez que evité una lágrima". La verdad, no sé cómo sería despegar los ojos de la prisión que es cualquier partitura ajena y comenzar con la libertad de un pentagrama en blanco. Supongo que se precisa ser sincero.




jueves, 11 de febrero de 2016

Múltiplo imposible







Esta hermandad de lobos
unidos en la intemperie
frente a la mirada temerosa y hostil
de quienes ignoran la hoguera y las heladas,
dibuja
desde sí y al fondo del abismo de nuestros ojos grises
esa luz que pretenden los notables
y la dureza en la que confían los novicios.

Esta cofradía de locos
que perdieron la fe en todo dogma,
heridos por el estigma de lo gregario,
esculpidos en la convicción de lograr ser isla
montaña
volcán
que se eleva y se dispara y se inmacula
para ser entrega que indomable se rinde
ante la sonrisa de quien enseña sus afectos,
es y fue
la medida de los nuevos viejos hombres.

Este múltiplo imposible de todos los modos,
de impaciente constancia,
vertiginosa sed por lo que no se toca
aunque se nombre y se sospeche,
viene siendo
el último principio que habías esperado:
tu propio esplendor.

Cita 2


Justo hace poco había leído un muy buen poema acerca del miedo y ahora, mientras escucho el poema sinfónico Nro. 29 de Rachmaninov, y recordando lo que vengo leyendo acerca de María, reina de Escocia, se me ocurre "el miedo" como pertenencia. ¿Tenés 20 dólares? ¿Tenés miedo? Convengamos que pudiera tratarse de un degeneramiento del lenguaje, pero en lo normal nadie te sale con un ¿Sentís miedo? no. El verbo que se utiliza es tener. De ahí que entonces suena bastante lógico eso de perder el miedo, porque claro, siguiendo la lógica uno pierde lo que tiene, no lo que siente.


  
Pero, ¿qué es lo que uno tiene sino lo que siente? Entonces ¿es posible perder el cariño o el rencor como se pierde el miedo? ¿Es dable, muy a lo Pink Floyd, ir quedando cómodamente adormecido con los sentimientos cada vez más anestesiados, desdibujados de sus colores primarios? Estoy seguro que sí, como estoy completamente seguro de la posibilidad del proceso contrario. Es decir, bien puede ir ganándose miedos, rencores, incluso vacíos y oscuridades, que la paleta del alma humana da para todo tipo de matices. El chiste está en el juego de dependencias que entran a jugar para cada cual.





Volviendo entonces a aquello de "divino tesoro", no deja de sonarme en la cabeza la célebre frase "los mejores años de mi vida". Y mirá, yo que he vendido tantas cosas, algunas excelentes, algunas bastante rústicas, entiendo que la gente más o menos se vende por lo que sabe - en tanto sea capaz de enseñar, o de transmitir de algún modo eso que sabe - y por lo que siente, porque ambas cosas están ligadas. En así, uno le pone precio a lo que uno es como compañía, porque esto es lo que finalmente se tiene para vender, nada más.


p.d.: minuto 10:22 / ¿Qué clase de compañía está forjando esa mujer que le pone el hombre al crío mientras en frente suena Rachmaninov?

martes, 9 de febrero de 2016

Nueve de Febrero


Algunos vienen abusando de la trama
de andar quebrados en el alma y en el cuerpo.
Haciendo un triste festival de sus dolores
apenas pueden soportar ese veneno
horrible y cruel que algunos doctos llaman risa,
preciada sal que viene a ser más que un obsequio.
Los siento cerca, con la bilis hasta el asco
que tengo y porto por no ser uno de ellos
sabiendo atienden cada forma de mis ojos
latiendo turbios la torpeza de mis dedos.

¿Sabrías tú de mi regalo que te sufre
-"en vida-hermana"- rodeado por un pueblo
que huele a lástima, cansado de sus sombras,
tan harto y flaco de discursos "de los buenos"
que todo es falsa devoción a la grandeza
del grito inútil que refieren los libertos
cagados todos por faroles, por mil fotos
de barrio puto corrompido por el tiempo
conmigo ahí, solito y firme en mi locura
que sabe fuiste al otro lado y que me quiebro?

Ya ves, no admiten, no permiten que me apoye
en alguien cierto, en tu piel, en nuestros besos.
Me queda el La, la cuerda aquella que ya dije
alguna vez en un poema sin un metro...
y el modo azul que reconoce su principio
de labios rotos, de enfrentarme a los espejos
con sed y todos los demás en "no contesta".
Al fin la luna desplazando al sol abyecto
dirá tu nombre de leona consagrada,
así vendrás hasta mis claves y mi pelo.

Vos sabrías distinguir


Vos sabrías distinguir, porque tenés carpeteado el "if"... ese condicional que en Hispania sólo podemos darle de acuerdo al contexto y a la calidez del momento, del contexto...

Todas mis defensas, las cosas que dicen
- que intentando ofenderme dijeron -
en un juego de alegría perdida hace tanto ya,
cada uno de mis músculos negándose
al miedo, a la desdicha, a cualquier atrofia,
todo esto que significa una manera de esperarte...

***

Me muerde en las manos el recuerdo
de tu pelo ondeando el allá de tu espalda
y esa sonrisa más aquí de la inocencia
que tanto me duele de tan poco que soy.

Vos sabés que no miento, no es lo mío
y que si exagero es porque le soy fiel
a mi modo de tenerle miedo - y por eso burlarme -
a  la muerte que siempre anda cerca
Vida mía.

Volviendo a vos
- todo yo apoyado en mis roturas -
y dado que me ves y no me tocas
y que te espero y no me permites sentir
otra cosa que no sea el hueco de mi cariño

¿Será que recoges
mirando de soslayo
el último gesto de mis ojos
que al decir tu nombre sonríen

los poemas dichos por tu pelo?

sábado, 6 de febrero de 2016

los que Se mienten

va a llegar la noche
esa media tarde
una mañana completa terrible iridiscente
en la que de golpe y sin aviso
con todo cristo buda y santa Teresa mordiéndote los talones
recordarás
el modo de mi rostro
por arriba de mi remera blanca
cuello alto
mis formas de niña
por encima de mis músculos de medio hombre
la precisión de mi voz
diciendo lo que jamás habías escuchado
y el brillo de mi ojos
amándote como no habrá de repetirse

yo fui de vos
podrás decir
con el orgullo que tienen los que pierden
y viven para contarlo

después
todo volverá a ser esa ausencia
que por un orgulloso hipócrita descuido
levantaste entre tu sexo y mi sed inagotable
tus amigas
el té
y la sociedad de las gordas inservibles para afectos extremos

mientras aquí yo sigo
ebrio de la que viene a mí
admirativa y cómplice
cómplice
como todo dios de sus errores

ardiente como un error
que busca el cuello de su dios

como te enseñé
no tengo nada que enseñar
salvo cicatrices
y algunas perfecciones

ya no me importan
por ejemplo
los que SE mienten


Libertad

He nacido con ella en mis pulmones
mandando que mi llanto, ese primero,
se haga uno con la lluvia de febrero
por pura voluntad y sin razones.

Alguna vez, es cierto, la perdí
por andar con los ojos de los ciegos
entregado al placer de diez mil fuegos
que pensé eran de amor, bruto de mí.

También me la robaron una vez
por descuido y confiado, no llegué a darme cuenta
de que el odio trabaja más bajo que el amor.

Así que hoy que la tengo, gozo de mi vejez
mirando lo que viene con la panza contenta
y sin guardarle a nadie demasiado rencor.