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domingo, 29 de mayo de 2016

Despierto al hambre

Despierto al hambre que oculté detrás del negro
que habita y ruge sin temores en mis ojos,
cubriendo apenas con mis manos los despojos
de tanta llanto que me exigen un reintegro.

Atizo el fuego de la rabia mientras lato
temblores crudos, espinosos, sin fisuras,
marcando el cómo de este tiempo de criaturas
que inquietas muerden en mi pulso y mi arrebato.

Entonces llego hasta tu puerta sin saberte
la pena o risa que seremos si permites
que diga el hueco que sostengo entre los hombros.

Callado, observo los vestigios de una muerte
rezando el verbo que no quiere me limites,
y alcanzo y pierdo, con tu boca, sus escombros.

***///***

Ritmo: Tridecasílabos
Acentos: (2, 4, 8, 10)
Rima: ABBA, CDDC, EFG, EFG

des/pier/toal/ham/bre/queo/cul/té/de/trás/del/ne/gro  13
queha/bi/tay/ru/ge/sin/te/mo/res/en/mis/o/jos  13
cu/brien/doa/pe/nas/con/mis/ma/nos/los/des/po/jos  13
de/tan/ta/llan/to/que/mee/xi/gen/un/rein/te/gro  13

a/ti/zoel/fue/go/de/la/ra/bia/mien/tras/la/to  13
tem/blo/res/cru/dos/es/pi/no/sos/sin/fi/su/ras  13
mar/can/doel//mo/dees/te/tiem/po/de/cria/tu/ras  13
quein/quie/tas/muer/den/en/mi/pul/soy/miar/re/ba/to  13

en/ton/ces/lle/gohas/ta/tu/puer/ta/sin/sa/ber/te  13
la/pe/nao/ri/sa/que/se/re/mos/si/per/mi/tes  13
que/di/gael/hue/co/que/sos/ten/goen/tre/los/hom/bros  13

ca/lla/doob/ser/vo/los/ves/ti/gios/deu/na/muer/te  13
re/zan/doel/ver/bo/que/no/quie/re/me/li/mi/tes  13
yal/can/zoy/pier/do/con/tu/bo/ca/sus/es/com/bros  13

Comentarios muy adrede:

1- Los demasiados riesgos del e_o? Despierto, cubriendo, fuego, tiempo, llego, seremos, hueco, sostengo, observo, verbo, pierdo.

2- El tuteo: tu puerta sin saberte, si permites

3- Riesgo entre los riesgos: rezando el verbo que no quiere me limites... es el verbo el que no quiere, o es "una muerte", quien no quiere?


sábado, 28 de mayo de 2016

Mi nombre desde alguien que no me odia


Yo sé mi nombre y su dibujo desde el grito
que torpe y roto intenta hacer de mi escritura
un algo sucio que enarbola su locura
diciendo besos que no doy por señorito.

Yo sé muy bien que en su garganta estoy maldito,
que cela y sufre si sospecha mi cintura
danzando heridas que le alcanzan en negrura
doliendo menos que el fracaso que le evito.

Me vio crecer y le creció la rabia antigua
que nunca muere si el terreno se mantiene
regado y limpio de cualquier gente sincera.

Le miro y siento que su voz se volvió ambigua,
que muda llora el desvarío que deviene
de odiar por miedo a quien la quiso compañera.

Métrica, rima, acentuación...

(Tridecasílabos, acentos en 2da, 4ta, 8va y 12va sílaba)

yo//mi/nom/brey/su/di/bu/jo/des/deel/gri/to  13
que/tor/pey/ro/toin/ten/taha/cer/de/mies/cri/tu/ra  13
un/al/go/su/cio/quee/nar/bo/la/su/lo/cu/ra  13
di/cien/do/be/sos/que/no/doy/por/se/ño/ri/to  13

yo//muy/bien/queen/su/gar/gan/taes/toy/mal/di/to  13
que/ce/lay/su/fre/si/sos/pe/cha/mi/cin/tu/ra  13
dan/zan/dohe/ri/das/que/leal/can/zan/en/ne/gru/ra  13
do/lien/do/me/nos/queel/fra/ca/so/que/lee/vi/to  13

me/vio/cre/cer/y/le/cre/ció/la/ra/biaan/ti/gua  13
que/nun/ca/mue/re/siel/ter/re/no/se/man/tie/ne  13
re/ga/doy/lim/pio/de/cual/quier/gen/te/sin/ce/ra  13

le/mi/roy/sien/to/que/su/voz/se/vol/vióam/bi/gua  13
que/mu/da/llo/rael/des/va//o/que/de/vie/ne  13
deo/diar/por/mie/doa/quien/la/qui/so/com/pa/ñe/ra  13

13. Café con leche

Pescado frito en un pub de Londres, pierna de cordero en una hostería de Madrid y bife ancho en Montevideo, son algunas de las variables culinarias que suelo evocar en mi mente cuando de vez en cuando me salen con la cantinela - insoportable - de “vos no comés nada, che”, pero que casi nunca verbalizo, por no quedar como el “ñembo valé”, es decir, como el que finge ser más de lo que es. Menos voy a salir a decir que desde que murió Henrrieta no volví a comer una milanesa “de aquellas”, ni hablar de su café con leche.

El mejor café con leche del mundo lo hacía mi abuela. No hablo del cortadito, o el cortado, no; el café con leche. Y tenía su ciencia, porque, como era con leche Nido (en polvo, para los que no lo saben), si no lo hacías bien se te hacían grumos en la taza y era un asco. Aparte, está lo visual, o sea, el color, y ya después el cuerpo, aunque ahí, dado que usábamos Nescafé (no había entonces otro que lo que hoy sería el Tradicional), de repente costaba errar. De todos modos, Magy nunca supo hacerlo, para que veas.

Con Sarah nos tomábamos una taza “de bebido” antes de ir a la escuela, es decir, sin rodajas de pan ni otra cosa. Una taza de café con leche y chau, vamos. Hoy, yo sé que ni la leche Nido ni el Nescafé eran baratos, así que de repente se puede inferir que por eso no había ni siquiera una rodaja de pan, pero creo que era por una cuestión de tiempo el tema, porque ni bien terminábamos de desayunar, cada uno se hacía de sus útiles y ya salíamos para la calle, sin apuro, pero como que con la justa.

Una de esas mañanas, por A o por B, desayuné antes que Sarah, y como gané unos minutos libres, me recosté en mi cama boca abajo. No te hacés idea la sensación. Fue una presión en el vientre, y desde el vientre directo a una parte que entonces no tenía idea de cómo definir. Lisamente una tristeza que te cagas. Obviamente me asusté y me levanté, y ni bien me incorporé la sensación desapareció, así que por probar volví a recostarme y la sensación volvió a repetirse. No se lo dije a nadie. ¿Cómo iba a decir eso, con qué palabras?

Unas cuantas veces más volví a confirmar lo físico-emocional de ese tema. La sensación era horrible, en sí, pero no dejaba de llamarme la atención eso corporal que tenía, y la parte de que yo pudiera provocarlo y también cortarlo. Fue mi primer cara a cara con la tristeza “juerte” y fea, que en su después al dispararse con otras variables menos físicas, sería menos sencilla de resolver, como eso de ver viejitas encorvadas en la calle, y a los perros sin dueño, que hasta hoy me pegan. Fue una ventaja conocerla temprano, porque la tristeza tajea más que el dolor.

viernes, 27 de mayo de 2016

12. Cagarse en las patas

No creo que ninguna familia permita de buenas a primeras que sus hijos mientan. Y “antes”, el tema de “no mentirás” venía bien marcado, incluso por encima del tema de las malas palabras (este, variaba mucho de familia en familia). “Ahora”, parece que hay una edad en que los niños comienzan a mentir, y entonces ya no hay ni cinto ni agua con jabón en la boca, sino el “hablemos”, o sea, la cosa viene aceptada. Pero yo vengo de un antes en el que si mentías, pimba, de movida uno por la boca y vamos. De lo de “dialogar”, poco.

Digo esto porque me parece que esa vez el error de Kija fue tomarme por mentiroso o, por considerar (o juzgar) que le dije una mentira. El caso es que quien sabe qué macana me habré mandado y terminé castigado en un rincón, de pie y mirando a la pared. Lo desagradable de la cosa era eso de estar de pie e inmóvil, por un lado y, por otro, que no ves nada, salvo la pared, o el piso; lo de las bromas de los “compañeritos”, si sucediera, se resolvería a piñas y listo. Lo difícil era aguantar sin hacer nada.

Supongo que yo estaba en el proceso de resignación, o de asumir que el tiempo es infinito, o anotando en alguna parte de mi cerebro no volver a hacer la macana que no me acuerdo cual fue, cuando mis tripas me jugaron en contra. Me entraron ganas de cagar, así, sin más. Obviamente que me aguanté ahí un rato, pero ya después le dije a Kija que tenía ganas de ir al baño, aunque en vano, porque la profe me dijo que espere hasta el recreo, que entonces podría ir. Yo aguanté lo que pude, retorciéndome un tanto, pero ni modo.

El catabolismo es poderoso, y no hay tu tía, así que me cagué nomás en las patas, literal. No sé si habrá sido el olor, o el sonido rampante y libertario de “la mierda oprimida”, pero lo que sí se acercó Kija y comprobó el estado del condenado. Bueh, yo era la vergüenza carnificada ya en ese momento, calculá lo que fue después. Recuerdo que la seguía, que me llevaba de la mano, que a la secretaría, que una latona, que toalla, que ropa, y yo enmierdado. No me llevó al río pensando que era soltero, a bañarme me llevó, claro.


Me trató dulcemente ahí en el baño, toda maternal ella, aunque el agua estaba fría, y a mí no me bañó nunca nadie que no sea Magy, y eso del pudor. Toda dulzura ella, y mientras me bañaba, me secaba, me vestía, con sus manos suaves, tan cálida y algodonal la Kija, y yo sólo pensaba “puta de mierda”, “puta de mierda”, pero no lo decía, porque por ahí ligaba un bife de nuevo. No hablé durante días, de vergüenza. Obviamente no entendí qué fue lo que pasó, pero me quedó lo del no hablar, y lo de cagar en casa.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cita 12


Primero era el ordenamiento de los sonidos de tal forma y manera que se produzca una melodía, luego, una pausa, una detención en la carrera que hacía, justamente, que esa melodía creciera en sí misma mercede a la ausencia de ella. Entonces graficar esa ausencia de sonido, llamarle silencio y poder dibujarlo en el pentagrama como cualquier otra nota. Del pentagrama a los libros (¿dónde queda Satanás al final en el libro de Job, sino protagonizando un escandaloso silencio?), y de los libros nuevamente a los hombres, por supuesto, en ese orden circular que algunos todavía no pueden captar, los pobres.



Ya entonces a veces yo persistía tan a solas, tan lejos ya de todos, en alguna convicción que no me cuidaba de disfrazar de juicio y prejuicio incluyendo una lisa y soberana sentencia de excomunión inmediata. Los muchos no sabían de qué estaba hablando, los pocos creían que estaba equivocado de cabo a rabo, y los raros me cedían el beneficio de la posible locura. Fue así que varias veces, como lo vaticinara, cuando efectivamente navidad volvió a caer en diciembre, no quedó otra alternativa que aceptar la distancia que impone ese mirar tan solamente con la miopía de lo conocido.



Después, con esas lesiones que te ocurren durante los juegos que no son de equipo y que, extrañamente, siempre terminan siendo los que sirven a tribus enteras, fue que también y de golpe terminé de comprender aquel instinto de la supremacía que engendra la mezcla de la persistencia y la versatilidad no camuflada. Besé, no la mano leprosa de ninguno de mis prójimos, sí todo el suelo que anduvieron sus inútiles experiencias, mas sin bajar ni mis ojos ni cerrar mi corazón. Para poder construir lo que tenía que construir dejé que los demás sigan colocando huecos en medio de nada.

75. Observando la trama

75. Observando la trama

Una de entre las todas me enseñó
de qué se trata aquello de extrañar,
entre las muchas otra me entrenó
a poder con esfuerzo el olvidar.

A ninguna le dije la última tú serás
a todas entregué la piel y el corazón,
si acaso pude menos fue que obsequié demás
sin que me importe o pese en algo la razón.

Mientras duraron esos ahora antiguos viajes
fui evitando dar quejas, y por ir recibiendo
más que injustos reclamos, agoté mis vendajes.

De la soledad dulce y cruel me fui nutriendo
mientras hacía pie en los ojos que vienen
a pedir a los míos que hoy por fin se serenen.

Composición métrica

Primer cuarteto - endecasílabos

u/na/deen/tre/las/to/das/meen/se/ñó  10+1
de/qué/se/tra/taa/que/llo/deex/tra/ñar  10+1
en/tre/las/mu/chas/o/tra/meen/tre/nó  10+1
a/po/der/con/es/fü.er/zoel/ol/vi/dar  10+1

Segundo cuarteto - alejandrinos

a/nin/gu/na/le/di/je  7 * laúl/ti/ma/tú/se/rás  6+1
a/to/das/en/tre/gué  6+1 * la/piel/yel/co/ra/zón  6+1
sia/ca/so/pu/de/me/nos  7 * fue/queob/se/quié/de/más  6+1
sin/que/meim/por/teo/pe/se  7 * en/al/go/la/ra/zón  6+1

Primer terceto - alejandrinos

mï.en/tras/du/ra/ron/e/sos  7 * a/ho/ra~an/ti/gü.os/vï.a/jes  7
fui~e/vi/tan/do/dar/que/jas  7 * y/por/ir/re/ci/bï.en/do  7
más/que~in/jus/tos/re/cla/mos  7 * a/go/té/mis/ven/da/jes  7

Segundo terceto - alejandrinos

de/la/so/le/dad/dul/ce  7 * y/cruel/me/fui/nu/trien/do  7
mien/tras/ha/cí/a/pie  6+1 * en/los/o/jos/que/vie/nen  7
a/pe/dir/a/los/mí/os  7 * quehoy/por/fin/se/se/re/nen  7

Versión original


De una aprendí a extrañar pronto
De otra a olvidarlo casi todo
Y cada cual a su solitario modo
Rayó en mi ser que vivir no es tonto.

A ninguna dije: la última serás.
Y a todas ofrecí, más que el gran mar,
La fatiga de navegarlo sin llorar
Diciéndoles en secreto: triunfarás.

Mientras estuve nunca pude quejarme
Mientras estuvieron, siempre reclamaron
Y aunque Afecto quería torcerme

Nunca cedí a lo que imaginaron
Y en soledad logré a mí tenerme
Para con otra lograr lo que soñaron.

 *** 

Y a ti, te gustaría corregir o revisar un poema?



sábado, 21 de mayo de 2016

11. Primaria, primero... la estatura

La novedad de pasar al primer grado era que había que “formar la fila” antes de entrar. Esto se hacía en el patio, del tamaño de una cancha de fútbol de salón, y con unos metros adicionales a los costados, pero que claro, para mí era como un estadio de grande, un escenario (techado) enfrente, y a un costado el edificio en donde estaban las aulas. Cada grado formaba su fila de a dos con su maestra al frente, mirando al escenario, comenzando por los grados inferiores adelante (de primero a tercero) y con los otros grados superiores detrás, al fondo.

“Tomen distancia” decía la profe, o bien, “distancia de brazos”, y todos se acomodaban a un brazo de distancia del compañero que tenían delante. Ahora, para que todo sea más ordenado, la fila se hacía por orden de estatura, de menor a mayor. Entonces, los más bajitos al frente y los más altos al fondo. A mí esto me vino genial, porque como era el más petiso, estaba en primera fila y tenía todo el escenario para mí sin nadie que me moleste la visual, aunque bueno, el espectáculo tampoco era algo como para pagar por estar en ese sector VIP.

La hermana directora se posicionaba al centro del escenario, con micrófono y todo, y tras dar un buenos días, daba una señal y una profesora, o una alumna de grado superior hacía funcionar un artefacto para que así comenzara a sonar el himno nacional. A uno de los lados estaba el mástil, y dos alumnos se ocupaban de izar la bandera mientras la hermana directora cantaba el himno acompañada por todo el alumnado. Lo genial era que justo, justito cuando terminaba la música la bandera llegaba a lo más alto; tenía su magia eso, a mí me encantaba seguir ambas secuencias.

Después del tema este, cada grado enfilaba hacia su aula, en orden. Entrar por primera vez al aula de primero fue otra cosa. Mesitas de hierro y fórmica, y no las de madera pintadas con colores de mierda del preescolar. Otro ambiente, otra luz. Entonces reparé en nuestra profe - como En un toque eléctrico -, era de nuevo Kija. No lo entendí, pero lo acepté, aunque recuerdo que sentí que algo no encajaba. Y que se hizo largo el tiempo, y que al sonar el timbre “todo en mí” reaccionó. Ese primer recreo, a solas y libre entre los tantos.

Grande el patio, grande, tendrías que verlo con mis ojos. Apareció entonces Sarah, con unas pibas ahí, por detrás de su hombro, como analizando y diciendo “¿es este?”, y ella con esa sonrisa de “boludo, vos tranquilo que yo manejo el tema”, como rescatándome sin que yo siquiera pudiera enterarme de que estaba perdido, de tan cagado que estaba. Miré a los lados, no había Magy. Me dejé llevar por Sarah, que como una camioneta silverada se abría camino hacia el mostrador de la cantina lleno de alumnos, como si no me llevase tan solo un año y unos pocos meses.


viernes, 20 de mayo de 2016

Todo hecho de colores sin hacer

Tanto libro en mi mente
tanta caricia inquieta entre mis dedos
y vos andando libre de sospecha
de dueños, de pesares y de angustias
por la tierra tranquila de los que nunca sufren.

Tanta música cierta al fondo de mi pecho
para que sólo escuches el eco de mi voz
cuando apenas murmura que te extraña,
y sólo atiendas, torpe, cada una de mis quejas
si te las voy diciendo despacito
en tu clave de fa.

Tan hermosa tu piel, tan de jazmín tu risa
que yo me vuelvo poco
- casi menos, debajo de lo mínimo -
tu presa que sonríe
las ganas y la fuerza de lo antiguo y lo nuevo
todo hecho de colores sin hacer.


La voz que tuve

La voz que tuve, cantarina de crueldades
y versos torpes, sabedora del cariño
que había dentro de la chica sin maldades
- que supe y pude reflejar sin desaliño -,

se cae rota de vergüenza en su inocencia
inútil, burda, sin metáfora posible,
quebrando el nombre que sostuvo irresistible
creyendo en vano en la razón de la carencia.

Mas sigo en mí, como erigiéndome en la nada
y sobre todo, como un ritmo que avecina
al hielo dulce que conocen los notables,

sin una sombra - ni la cara acartonada -,
luciendo indócil las arrugas que propina
el ser así: de lo peor, lo respetable.

Dependiendo de cómo lo mirés es que nos vamos alejando o nos vamos acercando. Y es que yo me fui alejando, sin querer, odiándolo casi. Pero me fui alejando desde el primer Re Mayor que me cruzó los oídos, o desde Wish you where here, o desde 62 Modelo para armar; elegí vos. Es fácil, desde fuera, decir que para mí es fácil todo esto. Atribuir al desprecio por el desprecio mismo todo esto que desprecio y que en ningún momento fue desprecio, sino una vulgar y simple cadena de desestimaciones en la que todos tuvimos algo que ver desde siempre.

La historia se repite, pero cada vez menos, aunque cada vez más punzante y grave y tristemente. Una lástima los errores en las pulsaciones, el precio desfasado que siempre está sujeto a lo que determinan los doctos y que en el fondo no reflejan el valor del producto, menos todavía del resultado. Una lástima que me crece debajo de las manos, que trepa ensuciándome los brazos en un sudor de asco y vergüenza, que me obliga a encontrarme culpable de no haber nacido mudo y lamentarme de toda esa mentira hedionda que profesan los hipócritas hijos de puta y de Voltaire.


10. El tío Zurco

Flaco y alto, para empezar, y blanco como la leche, para continuar, no era un negrito chavi’í, por lo que de movida se descuenta que transitaba tranquilo con la aprobación de Henrrieta, que además era su madre y lo dejaba jugar en el patio con su fusil (de repetición, ametralladora). La verdad es que el fusil era un palo de escoba sin escobilla, tan, tan gastado ya, que era extremadamente suave, de un tono tirando al rosado, por lo que deduzco que en su principio (en los albores de algún tiempo), habrá sido de esos pintados en tirabuzones rojos y naranjas.

Zurco era el hermano de Magy, y se llevaban poco tiempo entre los dos, así que calculá su edad para andar jugando con el palo ese. Claro que no se ponía a correr con el fusil, ni se escondía detrás de los aguacates o de los mangos, ni hacía trincheras, no. De repente se paraba, posicionaba el fusil al pecho, apuntaba y comenzaba a disparar. Reproducía con su boca una especie de metralla, y parecía que incontables enemigos iban cayendo ante el fuego durante segundos de masacre. Una vez acabado el exterminio bajaba el palo, el fusil, digo, y se perdía.

Como Zurco gozaba de esa característica que tienen los notables, es decir, era un auténtico distraído, no faltaban veces en las que el palo desaparecía y justo cuando él quería disparar. No era raro entonces, se comprenderá, escuchar que Henrrieta verbalizara un “ayudale a encontrar su palo a tu tío”, mientras Zurco, ya correctamente posicionado frente al inminente ataque clamaba el “¡tráiganme mi palo!”. Yo no me hacía problema con el tema de encontrar el palo, porque en el fondo también quería que todos esos invasores caigan antes que crucen el territorio, o algo así. Aparte que después venía el festejo.

Había ocasiones en las que los invasores eran o demasiados, o casi inmunes a las metrallas, por lo que las descargas se extendían durante muchos segundos. Una vez liquidados los atacantes, la victoria era celebrada con una especie de rarísimo batir de palmas. O sea, Zurco ponía sus manos como cuando uno dice Amén, pero apuntando para el frente, y separando y entrechocando los dedos de cada palma al tiempo que entonaba una canción en quién sabe qué idioma. Más color le daba al asunto el hecho, para nada excepcional, de que andaba siempre ataviado con una sábana, como los romanos.


Le caía bien, eso se siente, y él a mí. A veces me saludaba diciendo “Salve, guerrero inmarcesible de la estepa oscura”, saludo del que yo sólo entendía guerrero y oscura, pero me sonaba grandote, y me bastaba como para entrar, o hacerme de la idea del mundo que él concebía. Un mundo que incluía una carpeta roja llena de hojas sueltas, garabateadas, y también mecanografiadas, que llevaba al fondo del patio y sobre la que estaba por horas mientras yo jugaba con mis esferas. Cuando una tarde le pregunté de qué se trataba la carpeta me contestó: “son poemas, guerrero”.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Cita 11


El abrumador agobio del presente, con toda su capacidad de elevar hasta lo más profundo todo el gris y toda la desazón, puede también, sin embargo, desplomarse de un sólo golpe, con un sólo gesto. Tan pobre el que vive en la extrema pobreza que un par de monedas le pueden arreglar el día, tan definitiva la amargura en ocasiones para algunos, que la firme tibieza de un abrazo pudiera bastar para trocar en visión lo que hasta hacía un momento fue ceguera. Pero, ¿cómo acceder al resultado del acto sin que este ocurra? ¿Existe la vacuna contra la depresión severa?



Presencié algunas de esas veces en las que el temor no desaparece, sino que es superado por un arrojo que resulta como parido por una circunstancia. Se produce ahí una combinación irracional de suertes y destinos en donde entran en juego el carácter, la voluntad y la inteligencia de los participantes, pudiendo cada cual terminar como víctima o victimario, como títere o titiritero. La madre que se levanta y acude a ver qué origina los ruidos en el piso de abajo; el niño que despierta al escuchar a su padrastro forcejeando la puerta de su habitación; los gritos en la hoguera...


Es comprensible que a veces uno tenga que elegir la locura, y sin demasiados miramientos, finalmente. La locura del auto ostracismo, de la auto exclusión, de la lejanía por propia decisión, porque es así como mejor se puede estar con todos esos que se denominan "el prójimo" y que nos dijeron y dicen que hay que amar, pero a los que, como Petronio, no podríamos amar como ellos quisiesen que los amemos - y entonces los reclamos, las fallas de estilo, la falta de cariño te quiero con el alma no me preguntes más -. Por eso, porque hace bien vivir de pie.

lunes, 16 de mayo de 2016

74. A ella


Endurecido el vientre y grande el corazón
motivos de mi sed y de mi anhelo,
de mis ojos queriendo descubrir ese velo
que tu cuerpo le ofrece a mi razón.

Yo la potencia roja que reclama
la tibia desnudez alzando vuelo
del estuche que portas, granizo azul del cielo,
y tú el acto por siempre, el ardor y la llama.

Frente a mí, hecha viaducto sin final
te quiero y te preciso de mis viajes
la marca y cicatriz de eterno manantial.

Conmigo y desde mí, bautizando lenguajes
te porto en el ahora del presente
que nos toma y aleja de la gente.

domingo, 15 de mayo de 2016

Dudaban de mi estilo (modo broma...)


Dudaban de mi estilo los de abajo
mientras que los notables discutían
si alguna puta vez me servirían
la belleza del metro y su trabajo.

"Qué me importa", me dije, ya intuyendo
los tajos de pasión color granate
buscando la tibieza de este mate
- escultura del solo y su remiendo -.

Triste risa la mía, como sola,
pero que a sí altanera se defiende
para poder lograr su grave altura.

Leve y sutil entonces la amapola
que sin adivinarme es que me enciende
las ganas de encallar en su cintura.

sábado, 14 de mayo de 2016

9. Acuoso, violento y ridículo fin de etapa

Yo creí que la cosa con Kija estaba zanjada, pero me equivoqué. Por mi parte, debí comenzar a sospechar alguna cosa cuando Magy me llevó un par de veces a la modista, que la primera vez me tomó algunas medidas y a la siguiente me arrimó al cuerpo unas telas, pero todo tan rápido – creo yo –, que las acciones no me bajaron de las nubes en las que andaba. Nubes de las que sí bajé una mañana (la clásica mañana de sol) en la que la escuela estaba particularmente alborotada, colorida y colorinche. Había niños disfrazados de todas las cosas, la verdad que uno más ridículo que otro y, por supuesto, con sus respectivas madres correteando detrás con parte de sus accesorios, alas, cabezas, etc. Fue ahí que miré a Magy y noté que también llevaba una bolsa con un montón de telas, las telas que había visto y que la modista me había acercado al cuerpo. El montón de telas era, había sido, un traje de emperador chino, y el emperador chino iba a ser yo. Después de haber visto lo ridículo, yo iba a pasar a ser parte de lo ridículo. De nuevo no valieron los llantos; salí, no había tu tía. Kija y Magy, directamente, me parecieron auténticas y soberanas hijas de puta.

Hasta bigotes me pintaron, o sea, ya que vamos a joderlo, jodámoslo bien era el lema. Y aquí es necesaria una confesión y una reflexión: Oh lectores, oh amantes, oh instructores, oh compañeros de tantos campeonatos ganados, Yo, debo confesar... que fui gordito. Así es, “gordito y lindo”, y entonces, por extensión, un boludo, esta la reflexión. Porque verás, si sos un flaco y feo, no te da bola nadie, pero si sos un gordito lindo, te ponen de emperador chino, te guste o no te guste, porque a nadie carajo le importa lo que le pase por dentro a un gordito lindo, ni a tu vieja le importa, y a tu profe menos. A tus compañeritos sí les importa, y mucho, primero por la pinta de mandarina manchada que tenés, segundo porque sos una mandarina manchada que llora, que ya es argumento para reírse todo el verano y contárselo a los nietos cuatro décadas después, si te fijás bien. Pero bueh, me queda el consuelo de que peor sería hacerlo por voluntad, es decir, querer ponerse alitas, trajes de emperador, querer, realmente querer corretear detrás de los hijos con esas cosas y estresarse incluso por esas cosas, como si tuviese sentido. Como si el sentido no fuese más que justificación, y la justificación un copiar pegar.

Después del “acto”, en el que se festejó vaya a saber qué, pero que hay que agradecer no se ofrecieron sacrificios humanos, hubo una suerte de promiscuidad permitida. Esto es, los de preescolar se juntaron con los de primaria en el patio de recreo, con todo el jaleo de las madres y demás, un quilombito. Tal, que Magy estaba hablando con una señora, al lado de la cual había un “alguien”, que para variar me pasaba por cabeza o cabeza y media, y que por el peinado que tenía y por sus rasgos no pude identificar si era varón o mujer. De repente soy estúpido yo y no quiero serlo, quizás eso, pero el asunto es que le pregunto al “alguien” ¿vos sos hombre o mujer? Nena no era, porque al segundo lo tuve encima, y mierda que ligué. De un golpe no fue, más bien con la fuerza del cuerpo, pero el caso es que caí y el cuate quedó encima y daba trompadas de loco aunque no tan desacertadas. Yo le miraba a los ojos, todavía tratando de entender porqué tanto enojo, con la guardia arriba y tratando con el vientre de desestabilizarlo. Al final me jugué y lo atenacé por la cintura y lo volqué a un lado; me grabé bien profundo esa jugada.

Como yo no tenía posibilidades menos mal que las viejas dejaron de mover la boca y movieron los brazos para separarnos. El tío habrá sido de primero como mínimo, o sea que por lo menos tenía siete años, y yo con cuatro le había aguantado bien, de manera que de mi lado era como un saldo a favor y me sirvió para al mirar el patio, tan lleno de gente y de niños grandes, y verlo todo como algo atractivo, después de todo. Definitivamente exponerse, era mejor que ser expuesto, porque lo primero implica voluntad propia, en tanto que lo segundo (exponer a otro) y a esa edad, implica un chorizo de cosas que los que lo hacen “parece” que no captan. Como Sarah (aunque ella lo captaba todo) cuando unos días después provista de tijera y alegando que iba a arreglarme el peinado, por entonces recorte taza, de un saque cortó un mechón de mi flequillo exponiendo como parte del mismo lo que ella denominó “una ventanita”; "una grieta en la estructura", diría Andrea, "un pedo dimensional" se reiría Smarc. Si al menos nadie te ve, una cosa, o si todos te alaban, bueh, por ahí genial, pero si al mirarte se te cagan de risa, ahí como que vas cargando al “otro” por dentro, che.


Así, en la foto de recuerdo de preescolar salgo con la ventanita, obsequio de Sarah’s fashion – aceptamos Visa -, y con una cara de susto que te cagas, con la camisa de presidario, y toda la onda. Durísimo el preescolar, una total y absoluta mierda en cuanto a que no puedo decir “puta qué tiempos aquellos, qué recuerdos hermosos”, pero sí mouse de chocolate con chantillí en tanto aprendí que son los de cerca los que te cagan fiero, por aquello de “si hay algo que duele más que la ingratitud es la incomprensión”. Los otros sabores, menos empalagosos y mucho más duraderos habrían de venir después, las remarcaciones de las fisuras y sus callos consecuentes, como también el dejarlo pasar y el postergar momentos, variables extremas. Como cierre, comento que ese último día de clases, Kija me entregó una carpeta con todos mis “trabajos” del año. Grande la carpeta, la mitad de mi cuerpo era. Al tenerla en mis manos vi mucho tiempo, muchas cosas. Y toqué y recorrí, y escuché algo así como “tu esfuerzo” desde la voz de Kija, con un innegable tono de orgullo. La miré entonces a Magy que estaba también tan feliz. Yo no podía decir lo estúpido que me parecía todo eso. No dije nada. Sentí que mejor seguía callado.

viernes, 13 de mayo de 2016

8. Los afectos

Convengamos en que tanto yo mismo como la mayoría de mis secuaces se maravillan, de cuando en vez, si no de mi asquerosita imaginación, de mi portentosa memoria. Y me cuido bastante bien de joder a quien duda de esta última, aunque siempre tiendo a despreciar la primera. Convenido esto, y teniendo en cuenta la posibilidad de lo que los psicos llaman bloqueo, lo cierto es que yo no recuerdo escenas que caben o cabrían dentro de la definición de “tiernas” por parte de los referentes principales de casa, es decir, por parte de Magy o de Henrrieta; besos, por ejemplo.

Las manifestaciones de cariño de Henrrieta, por decirte, a lo más y como mucho, se limitaban a una serie continua de besitos en la frente, como cuando un gorrión toma agua de un charco, y muy raramente. Eso sí, un chocolate, un chupetín, o un pipoca para después de almuerzo siempre, siempre había. Magy, directamente nada. Aunque en las fechas correspondientes estaban los regalos - y, cuando comenzó a trabajar, una vez al mes sin falta -. En este panorama, la aparición de Marianne fue, cuando menos descolocante, y puedo decir con sabiduría que los afectos superan en mucho lo racional.

Para variar, yo a la primera no entendí nada. Muy de apoco me fui enterando de que Marianne tenía igual o peor carácter incluso que Henrrieta y Magy juntas, que fue criada por Henrrieta, y por eso, aunque no fuese la hermana de Magy, era la “tía” Marianne, y que estando a solas con mamá eran un jolgorio. Por mi parte, cuando tía Marianne aparecía sucedía algo así como acción/reacción, en el sentido de que con toda naturalidad y sin mediar palabra alguna, yo arrastraba el viejo sillón, se lo acercaba y me apoltronaba en su regazo donde me quedaba acurrucado.

Tía Marianne sí que sabía abrazar fuerte y, aunque no era diestra con las caricias, cantaba dulce, supongo que como las sirenas. Su voz no cambiaba, mutaba lejos, parecía conectarse a otro lado y creo que se iba a ese otro lado, y que yo, con su voz me iba también a ese otro lado, tibiamente acompañado con el quenoso (quenoso de quena, digo) semi bajo del sillón. Algo más, un detalle, la tía Marianne no venía sola, no; venía con cola, Jor-Elhs, su hijo, y por entonces y así mi primo, el segundo de los alacranes, una especie de titán.


Con Jor-Elhs sucedió lo mismo que con su vieja: inmediatez del afecto. Así que bajarme del sillón y mostrarle el patio no fue nada, o sea, entendeme, mostrarle “mí” territorio, y compartirlo no fue nada. Cuando en su momento Sarah se dejó ver se formó la trinidad, el propio: Batman, Robin y Batichica. En su borrachera, o generosidad, Dios no nos liquidó a los tres ahí mismo porque a lo mejor tuvo miedo, justo cayó domingo, o le entró ganas de jugar a la ruleta paraguaya. Digamos que permitió alegrías infinitas... sí, y algún que otro quilombo más o menos notable.

domingo, 8 de mayo de 2016

Eso de IR a votar, ¿un buen o pésimo ejemplo?



No hace demasiados años el vocablo "involucrar" se convirtió en vocablo estrella, así, al menos gerencialmente, la cosa iba de involucrar al personal en los objetivos de la empresa. Un poquito después, y hasta hoy, "participar" es la palabrita que se ha convertido en la ganadora del primer puesto, año tras año. Supongo que el innato deseo de pertenencia hace que la gente, consciente o inconscientemente, quiera participar de algún tipo de colectivo, ya sea como parte del club de seguidores de algún artista o como miembros de una agrupación política. El punto pasa por facilitarle a la gente cómo participar.

Un ejemplo de cómo la gente puede participar activamente en un evento lo constituyen los reality shows; sí, esos que tratan de vocalistas, gimnastas y hasta bailarines amateurs. En lo normal, un jurado de gente que sí entiende del tema va filtrando a los primeros concursantes, hasta que llega un momento, en el que reducidos a una docena - digamos - los participantes comienzan a depender, en cierta medida, del apoyo del público. Ahora, ¿cómo este público manifiesta su simpatía, apatía o antipatía respecto de tal o cual concursante? Correcto, a través de su voto. ¿Y cómo vota? Pues por teléfono.

Bien, así como se puede votar por un artista a través de un mensaje de texto (SMS), ¿por qué no se podría hacer lo mismo para elegir al presidente de un país? El sistema es mucho más seguro que cualquier otro sistema que incluya "urna", "cuarto oscuro", y/o la tradicional "mesa de escrutinio". Ciertamente, habría un trabajo inicial de inscripción y depuración, en el sentido de "un número de móvil, un voto", cosa de evitar duplicaciones; pero la cosa sería más que nada de "tratamiento de información ya existente" para las telefónicas. Ahora, examinemos algunas consecuencias de votar vía mensaje de texto.

Primero que nada, los resultados estarían a la vista el mismo día de las votaciones; no existiría todo ese circo del "conteo de papeletas" (no habría que pagarle a nadie para que cuente y recuente los votos). Nadie tendría que trasladarse desde tal lugar hasta cual lugar para votar (con lo que cada votante ahorraría esos gastos de traslado). El costo de cada mensaje es, si no gratuito, extremadamente barato o, cuando menos accesible. Respecto de la identidad de los votantes, también se puede mantener el secreto a través de un simple algoritmo. Así que yo no le veo contras.

Sin embargo, oh economistas, oh políticos, oh Dualidad, lo que para algunos representa un gasto, para otros representa un ingreso. Es decir, parte de mi dinero como contribuyente se convierte en ingresos para el dueño de la imprenta que imprime las papeletas de las votaciones, para el que vende los refrigerios que consumen los jueces de mesa, para el que construye las urnas, el que vende la tinta indeleble, para el chofer que traslada a algunos votantes, y un largo etcétera.  En así, me da risa y pena la gente "adulta" que cree que IR a votar es de gente "pensante".

***

Como ves, en este breve artículo sólo planteo lo innecesario de ir a votar cuando abunda la tecnología para poder hacerlo desde la comodidad de tu cama, o de tu chacra, y desde el país que sea. 

Y vos, ¿creés que hace falta IR a votar, o que bastaría con un móvil o con internet? Déjame saber tu postura.

Gracias.

sábado, 7 de mayo de 2016

Todas las mañanas de Idoia



Julio Cortázar compartió con cierta persona el original de "El perseguidor", con un alguien que entendía de literatura; un entendido, digamos. Esta persona le dijo que mejor de deshacía de ese escrito. No fue por suerte, por supuesto que no, que Cortázar no arrojó a la papelera tamaña novela, sino por ese toque de serena y humilde tozudez que suele caracterizar a la mayoría de los artistas que marcan, de algún modo, un hito en el área en la que se desenvuelven. Y no estoy hablando, pero para nada, de esa otra variable que se llama perseverancia, o de la disciplina.

En todos estos años que llevo leyendo me he topado con gente muy talentosa que, de la nada y con un poco de ayuda, ha conseguido un muy buen nivel literario. Gente que, estoy seguro, si le dedicara al menos una o dos horas al día al tema de escribir lograría niveles de excelencia. También me he topado, quién no, con los escribidores de este siglo que, por mí, hacen menos daño que el que le achacan los escritores de oficio. Escribidores que escriben sobre cualquier cosa, sin demasiados errores ortográficos, y con un estilo no demasiado grisáceo, por decirte.

Y también he visto, aunque raramente, a ciertos contorsionistas. Gente que sabe de técnica, que innegablemente tiene talento, pero que no, que, pareciera, el arte le ha sido negado. Y entonces uno se encuentra con volteretas de ritmos, acentuaciones, figuras y recursos de todo tipo, pero, al final nada nuevo, incluso cuando la emoción esté lograda y bien puesta sobre la mesa. Y es que el arte no sabe, no entiende y menos aún le importa nada de reglas o normas. Somos nosotros los que buscamos facilitar el acceso al arte a través de tales o cuales normas. Tal el tonto secreto.

Todos los que vimos Matrix recordamos cuando la vidente le niega a Neo ser el elegido. Eso es poco comparado al momento en el que el talentoso le marca al virtuoso que sólo es eso, un simple y vulgar virtuoso. Mientras tanto el público, la gente de a pie, los que leen algo que suena bonito y no saben por qué diablos es que suena bonito. Y entonces la diferencia entre el talentoso y el virtuoso. El virtuoso necesita de ese público y es capaz de adecuarse a él, en tanto que el talentoso es capaz de prescindir de cualquier público.

Todas las mañanas del mundo es la segunda peli que Idoia me sugirió que vea, y que al verla lloré como dicta el manual en estos casos. Viene con un sonido muy ajustado al entramado y tiene un guión impecable desde lejos. A mí me golpeó bajo en varias ocasiones - el árbitro entró a separar -, porque el chelo y yo somos amigos, tengo dos hijas mujeres y ansina estoy divorciado, así que todo mal. Pero bueh, ventajas de esta época, que una chica tan guapa tenga tan buen gusto y te tenga en cuenta. Millón gracias, Pelo de fuego.

p.d.
Siempre que veas así, cinco párrafos, en lo normal tendrán 101 palabras cada uno ;)

jueves, 5 de mayo de 2016

Oscuro y limpio


Oscuro y limpio me sostengo en las fronteras
de azul dorado que separan lo que quiero
del roce sucio pretendido por las huestes
de tristes tigres que probaron en mis huesos
de qué se trata mantener el rostro en alto,
habiendo sido, desde el asco y el desprecio,
quien sabe y puede con su altura y con su nombre
de luz tranquila en el final de sus defectos
por ser, sin nadie, lo que tanto se detesta:
la risa, el grito, el descreer de todo credo.

Difusa, hiriente como un daño no previsto
su voz ataca mis murallas y mis torres,
castigo dulce que disfruto en mis cimientos
a cada metro que ella sabe de mis noches,
por puta y santa sanadora de los traumas
que tanta madre y tanto hermano, como broche,
me impuso al fin de cada día como precio
de ser bendito en el rebaño de los pobres
malditos bobos despreciados por el dios
que sólo bebe de la sangre de sus hombres.

P.d.

Alguna vez se nos cruzaron muchas calles:
la gente sola, mis amigos, yo con ella.
¡Qué feo el odio y cuánto dura! - Bueh, lo bajo
había sido, de lo simple se lamenta. -
Alguna vez nos escapamos mucho tiempo
y fue que fuimos para el otro sangre buena.
¡Qué rico el tajo cuando sangra por el borde
indócil, breve, de una boca de mil letras!
Yo sigo el paso que me marco en mi mareo
perdona amor, si te recreo a mi manera.

p.a.
Encontré la versión de la Cantata BWV 140 que me movió de joven, no es la que te dejo, que no. De todos modos la escucharás, correct?

Ya me viste, anduve un tanto liado, tratando de hacer de padre, esas cosas. Aniway, agarré coraje y por fin te voy a escribir algo, o nos escribiré algo, o qué se yo. Algo que nos implique. Nunca te lo dije, Vida, pero la gente es una mierda.