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viernes, 29 de julio de 2016

Quizás me odies, quizás sólo finjas



Cuando de todos lados como bombazos caigan
las referencias sucias de todo cuanto hice
en el intento inútil de lograr lo imposible:
la milla extra y sonriendo, alivianar desgracias.

Cuando te toque en serio inventariar las ganas
que invertí sin protestas para tus ojos tristes
tu desgano irredento tan sin metas ni fines
y esa lista grisácea de quienes te acompañan.

Quizás termines siendo quien de veras me odie
con la rabia altanera de los débiles torpes
firmes y tan constantes como los aguaceros.

O de repente finjas el amor de los ebrios
con las palabras roncas acaso enloquecidas
exigiendo que un puño le devuelva la dicha.

miércoles, 27 de julio de 2016

Orgullo y humildad



Mi orgullo sólo crece cuando busco y domino
el último andamiaje que curva y te modela
la voz como los verbos que con rara cautela
volcás sobre lo oscuro derramando un camino.

Mi humildad es jodida, tiene alma de asesino,
le divierten las sombras que esperan por su vela
como los pibes pobres esperan en la escuela
el día de los niños un regalo divino.

Como se ve y se siente, nadie a mí me delata;
como vos, como pocos, no estoy para mentiras
para poses y fotos y después no me acuerdo.

Amo lo que nos mueve, todo lo que desata
correr con las palabras ardiendo como piras
quemándonos los ojos y el hemisferio izquierdo.



Cita 20



No sé bien por qué, pero si tuviese que apostar, apostaría a que en un principio lo hizo para llamar la atención, de repente incluyendo en esa postura hasta un toque lúdico; pero después, al conseguir esa atención, y posiblemente sin ni siquiera poder haberlo previsto, surgió esa chispa que activó quien sabe qué sistema de neurotransmisores y la dependencia comenzó a operar inexorablemente. Desde entonces, la necesidad de conflictos es lo que le curva la espalda, y también lo que le hace caminar, distorsionándole la mente a tal punto que cualquiera que camine recto le parece una persona terriblemente enferma.


Frente a esta situación Kafkiana -porque quien va a llevarle los alimentos todos los días a la torre soy yo y, por ende, el que tiene que asumir una postura de jorobado de nuestra señora de los tarados soy yo, de modo que me acepte la comida sin que me escupa o me grite maldiciones apenas me divise- se hace cuesta arriba mantenerse erguido, moralmente, al menos. Sostener la mirada limpia de cara al futuro con el terrible peso que tiene por ahora el presente, lleno sobras de carbohidratos, de posturas asumidas que no son verdaderas y que no son sueños.


De todos modos, como última de las resistencias, más allá de todos los alcoholes, de todas las drogas, de todos los vicios y de todas las virtudes, queda la simpatía. Ahí es donde el alma hace pie haciéndose posible a sí misma sentirse y, con ello, expandirse hasta dar con otra semejante. En la simpatía, primera fraternidad de los nobles, es donde comienza a crecer y fortalecerse la extraña semilla de la belleza; esa semilla que necesitó de abundante oscuridad para ser concebida, y de una soledad apenas describible para comenzar el viaje que nunca tuvo principio y que nunca acabará.


martes, 26 de julio de 2016

Rh imposibles


De tanta oscuridad la gente se oscurece
sin darse cuenta cae, frente a sí misma cae;
en un espasmo el alma se les nubla y contrae
el mal de rutilar en eso que fenece.

El vigor de la risa, del humor, se decrece;
de su propia memoria el pueblo se distrae
mientras el curandero de los locos se abstrae
presintiendo una voz que el orden restablece.

Siempre dos polos, siempre, le digo a mis espejos
esos que ya no tengo y que laten horribles
en mis nudillos solos que habrán de ser caricia.

Siempre apostando, digo, entre teclados viejos
por nacer como nacen los RH imposibles
con muy pocas opciones de conocer justicia.


Quote 19



Imagine the roman circus in the times of Neron, this time with the half of the crowd encouraging the gladiators and, the other half, encouraging the Christians that, in this occasion are provided with equipment and military training. You arrive and at the ticket office they asked you “Christian or roman?”, so that when you take your place you can only shout with all your forces for your team.  Easy as that.  When two see the same moon is less difficult than when just one see two suns around a planet that the telescope do not recognize. To believe alone is the remarkable thing.

But this lonely faith, when it is based on a fundament that exceeds the reason, because it occur of one earlier blood, from the soul, barely attach by the word,  by the gesture of some syntax, and it becomes in the motor that moves the necessary steps to erase any initial cowardice; that faith ends up finding earlier than later all the reasons that it might be demanded by and in the sufficient levels, not only to hold itself, but to expand through anyone who wants to be part of the benefits of not shut the senses to the call that never cease or begins.

The damages, bigger or smaller, could happen without the pregnancy pain be all the terrible that the prophet predicted in his moment, especially for those who did not adore the delicacy of the precision that even the chaos presides. It does not cry then the master in front of the fall of the disciple who pretended to short the road, and even less to the tears for the wounds that he inflicted himself. Otherwise kindly and, as it corresponds, look after the ones who follow him, accomplishing with the law that it doesn’t stop inventing, for proper happiness and of who overcome it.

Desde mí hasta tu idea




Debajo de las piedras te busqué

donde las sombras crecen hacia dentro
y la vida separa de su centro
al abyecto de luces y sin fe.



La causa y la razón no pregunté
de la postergación de nuestro encuentro;
por tanta risa haciendo un desencuentro
no pedí explicaciones, un por qué.



Fui viajando hasta mí desde tu idea
desde cada canción y pentagrama
que nutrí de imposibles realizados.



Hasta vivir granates, la marea
tallando la estatura de una cama
que ya huele a tu cabellos derramados.




domingo, 24 de julio de 2016

23. Días de campo 1



En la estancia (así le decíamos) la actividad comenzaba más temprano de lo habitual, un poquito antes del amanecer, en ese momento que cabe en la expresión “oscuro todavía”. Yo me despertaba al sentir el movimiento de padrino y madrina, que arrancaban el día sin hacer barullo, más bien evitando hacer ruido, pero el susurrar entre ellos, el sonido de las zapatillas del tío Niftí acomodándose a sus pies, y el del jarro de metal vuelto a colocar en el plato sobre el cántaro de agua, me servían como un despertador suave, y como indicador de que la jornada estaba empezando.

Lo primero era el mate, que se tomaba en la esquina de uno de los corredores que rodeaban toda la casa, normalmente en la cabecera posterior, por donde se veía la salida del sol. Mientras clareaba, aparecía don Jasón e intercambiaba palabras con el tío Niftí, dando parte de tal o cual cosa, recibiendo instrucciones sobre tal o cual otra. Abajo, en el llano, se veía a los animales que iban en fila, ordenaditos, directo para el arroyo a beber agua. “Lo primero que hacen es tomar agua”, decía padrino, de ahí que arrancábamos el día bebiendo un vaso de agua.

Mientras nosotros estábamos con el mate, ña Raimunda y parte de su prole estaban en el corral ordeñando a las lecheras, que era otra ciencia. Ahí, en el ordeñe, estaba prohibido el tema del alboroto; sí se podía hablar, incluso reírse, pero el quilombo estaba prohibido. La que ordeñaba era ña Raimunda, y la leche, caliente, olorosa, caía en una olla grandota, de la que Vitorio y demás se servían un poco con un jarro. Acabado el ordeñe se soltaban a los mamones, que se pegaban con furia a las tetas de sus viejas, entre enojados y famélicos, como reclamando casi.

Haciendo gala de su descomunal fuerza, la que llevaba la olla hasta el galpón era ña Raimunda. Ya en el galpón, parte de la leche la volcaba en otro recipiente, lo llevaba hasta la casa y se lo entregaba a madrina, quien la ponía a hervir para luego servirla sobre la mesa del comedor y avisar que ya estaba el desayuno. Entonces dejábamos el mate y nos íbamos hasta la mesa, donde podías mezclar la leche con café o con cocido, y acompañar con coquito o con palito. Convenía cargar bien el tanque porque hasta el almuerzo no volvías a comer.

Cuando terminábamos de desayunar el sol ya estaba alto, y parecía que ya había pasado mucho tiempo desde que te despertaste, pero el pasto todavía estaba mojado por el rocío y no habían soltado aún a los animales. Soltar a los animales era la diversión inicial (que venía en modo vaca, modo oveja y modo cabra) y la principal dificultad, para mí al menos, era que el Fordward no tenía agarre con el pasto, de manera que correr hasta el corral implicaba caerse un par de veces, mínimo. Esta dificultad, o más bien limitación, después la resolvería padrino con una frase.

sábado, 23 de julio de 2016

Viaje rudo hasta el exceso


Te intuyo aquí, debajo mismo de mi vientre
tallando un grito y una risa que no acaba,
retando a dios y a sus demonios nos encuentre
un punto gélido en la sed de nuestra lava.

Inquieto noches con las notas de tu nombre
bebiendo el rito de la espera; las caídas
que implica ser un poco barro y mucho hombre
cansado y harto de curarse las heridas.

Ya ves, camino con la espada vuelta cruz
y corro a solas con mil cruces vueltas luz,
por tanto miedo destrozado en la certeza

de vos conmigo sopesando la belleza
que habita en cada respirar, en cada beso
indócil, pleno; viaje rudo hasta el exceso.



viernes, 22 de julio de 2016

Excluir para pertenecer



Yo quería ocultarme. Que no lean
en mis manos de joven desgastado
tanto absurdo sutil; el lloro andado
que mezquinan los guapos que cojean.

No pretendí que escuchen o me crean
lo que callo de todo mi pasado
cuando me busca y muerde en mi costado
queriendo que mis muertos me posean.

Comienzo a pretender, así las cosas
el sueño sin principio, la mirada
que haga vibrar mi nombre junto al suyo.

De nuevo una cintura y diez mil rosas,
lo oculto y lo profano, todo y nada;
pertenecer de veras porque excluyo.




miércoles, 20 de julio de 2016

Cita 19

Imagina el circo romano en tiempos de Nerón mas, esta vez, con la mitad del público alentando a los gladiadores y, la otra mitad, alentando a los cristianos que, en esta ocasión cuentan con pertrechos y adiestramiento militar de primera. Llegas y en la boletería te preguntan "¿cristiano o romano?", de manera que cuando tomas tu lugar sólo te queda gritar a todo dar por tu equipo. Así es fácil. Cuando dos ven la misma luna es menos difícil que cuando sólo uno ve dos soles en un planeta que no registran los telescopios. Creer a solas es lo notable.


Pero esa fe solitaria, cuando se fundamenta sobre un principio que sobrepasa a la razón, porque deviene de un antes sanguíneo, almático, apenas asible por la palabra, por el gesto de alguna sintaxis, y se constituye en motor que mueve los pasos necesarios para borrar cualquier cobardía inicial; esa fe termina encontrando más temprano que tarde todas las razones que le puedan exigir y en los planos suficientes, no sólo para sostenerse a sí misma, sino para expandirse a través de cualquiera que desee ser partícipe de los beneficios de no cerrar los sentidos al llamado que nunca cesa ni comienza.


Los destrozos, mayores o menores, sucederían entonces sin que los dolores de parto sean todo lo terrible que tanto profeta vaticinara inexactamente en su momento, sobre todo para quienes no adoraron la justa delicadeza de la precisión que hasta el caos preside. No llora entonces el maestro ante la caída del discípulo que pretendió acortar camino, y menos ante las lágrimas de éste por las heridas que así a sí mismo se propinó. Sino que bondadosamente y, como corresponde, atiende al que le sigue, cumpliendo con la ley que no termina de inventar para felicidad propia y de quienes lo superen.

martes, 19 de julio de 2016

82. Lejano 2

82. Lejano 2

Cuando fuese necesario para que el desequilibrio no te perturbe, con las formas de otros huye de todos y enciérrate en ti.
Asira

Un soneto y a-penas, como pueda mi piel
con demasiado vino y muchos cigarrillos,
ganando el humo el mundo; el cielo mis cuchillos
por este corazón telúrico sin miel.

Haciendo de la historia una misión, la prueba
de los minutos ciertos, lo grande de un horario
en la mente vacía del breve ser gregario
que sin pertenecerse me escribe y me subleva.

Más o menos así, dando pasos, tropiezos
burlándome sin gloria del mensaje, del canto,
del ejercicio estéril que a otros agota el alma.

¿Por qué? Porque me alejo de los llantos y rezos,
de las reglas y axiomas de un dios o rey de espanto,
del estilo perfecto que no agita mi calma.



***

Rima: ABBA, CDDC, EFG, EFG
Ritmo: Alejandrinos, dos hemistiquios de 7 sílabas métricas cada uno.


Primer hemistiquio
Segundo hemistiquio
un/so/ne/to/ya/pe/nas  7
con/de/ma/sia/do/vi/no  7
ga/nan/doel/hu/moel/mun/do  7
por/es/te/co/ra/zón  6+1

ha/cien/do/de/lahis/to/ria  7
de/los/mi/nu/tos/cier/tos  7
en/la/men/te/va/cí/a  7
que/sin/per/te/ne/cer/se  7

más/o/me/nos/a/sí  6+1
bur/lán/do/me/sin/glo/ria  7
del/e/jer/ci/cioes/té/ril  7

por/qué/por/que/mea/le/jo  7
de/las/re/glas/ya/xio/mas  7
del/es/ti/lo/per/fec/to  7
co/mo/pue/da/mi/piel  6+1
y/mu/chos/ci/ga/rri/llos  7
el/cie/lo/mis/cu/chi/llos  7
te/lú/ri/co/sin/miel  6+1

u/na/mi/sión/la/prue/ba  7
lo/gran/de/deun/ho/ra/rio  7
del/bre/ve/ser/gre/ga/rio  7
mees/cri/bey/me/su/ble/va  7

dan/do/pa/sos/tro/pie/zos  7
del/men/sa/je/del/can/to  7
queao/tros/a/go/tael/al/ma  7

de/los/llan/tos/y/re/zos  7
deun/dios/o/rey/dees/pan/to  7
que/noa/gi/te/mi/cal/ma  7

lunes, 18 de julio de 2016

Yo era de sombras torpes

Yo era de sombras torpes como rotas,
de silencios incómodos y rudos
llenando mi garganta con los nudos
de una canción sin claves y sin notas.

Me hundía en el presagio de la muerte
en el aroma a sangre sobre el blanco,
mirando desde lejos el barranco
de mi cabeza loca inútil fuerte.

Una noche cerré todos mis puños
incluso el corazón; mordí tranquilo
el azul y los miedos, lo que fue.

Quedaron en mi voz muchos rasguños
y en mis ojos el hielo de ser filo
después de que el infierno visité.


domingo, 17 de julio de 2016

Porque somos el réquiem y el allegro

Aquí, donde a la gente le faltarían ojos
para llegar a ver cuáles son los colores
que cubren nuestra piel, y cuáles los sabores
viajando lengua a lengua al sernos sin cerrojos.

Aquí de nuevo, siempre, la historia breve, incierta
que recojo en silencio para cantarla suave,
murmurando lo denso de tu caricia grave
forjada en la penuria  de tanta voz desierta.

Aquí la danza, acaso la infinita
sobre estas dos baldosas, blanco y negro,
cerrando el ajedrez que nos sostiene

y a los dos nos rechaza y necesita
porque somos el réquiem y el alegro
que han pagado por esto y lo que viene.



viernes, 15 de julio de 2016

22. El otro ámbito



La primera y la segunda vez se dieron en vacaciones de verano y fuimos todos, Magy, el viejo, Sarah y yo. Creo que para la tercera ya me dejaron ir solo por una suma de factores, primero porque las veces anteriores no había cometido errores notables, segundo porque iba madrina (la tía Kej), y con ella no se jodía, y finalmente porque padrino (el gran tío Niftí), tenía la habilidad de transmitir una alegre serenidad fuera la situación que fuera. De manera que contando con unos siete años me largué para el campo, destetado de madre, agua potable y luz eléctrica.

Después de unas horas de viaje en ruta entrabas al camino de tierra, y ahí la diversión era bajarte a abrir los portones que por el camino separaban los diferentes campos. Tras el último portón sentías que la senda se iba empinando, curvas a la derecha, a la izquierda, hasta que al final llegabas al casco, a la casa. Y ahí la maravilla, porque al llegar te dabas cuenta de que la casa estaba en la cima de un cerro, que a un lado (o en frente) tenía otro cerro más alto aún, y como pegado a este, otro más bajito.

A cincuenta metros de la casa estaba el galpón, donde vivía el capataz, su esposa, y una decena de hijos, que siempre nos recibían con esa cara de novedad de “mirá quien viene”. Tras bajar de la combi, “¡orden es progreso!” gritaba padrino, largaba unos cuantos pistoletazos y se mandaba unas carcajadas. Entonces descargábamos los víveres y algunos enseres de la camioneta hasta que madrina lo tenía todo a mano. Luego, yo acomodaba el bolsón con mi ropa en algún lugar, elegía y preparaba el catre que iba a usar y listo, libre. Rajaba al galpón a juntarme con la peonada.

Vitorio era el mayor de los hermanos varones, unos cuantos años mayor que yo, pero no muchos, y era el que siempre estaba a cargo, el capitán de cuadro, digamos; siempre jugaba de tranquilo, como los habituados a tener la responsabilidad encima. Francisco era como de mi edad, más bien loco y algo rezongón, y era con quien más me llevaba. Después venían Valentín, un par de años menor que yo, y Juancito, que por entonces apenas se ponía en pie y del galpón casi no salía. Luego estaban las mujeres, muchas, de toda edad, y a las que no peloteaba.

Los ingenieros de tamaña prole eran ña Raimunda y don Jasón. Ella, espigada, morena, de voz suave y cantarina, siempre con un cigarro en la boca; él, más bien cobrizo, panzón como un tonelito y para nada alto, con aire tirando más a indescifrable antes que a rudo. Aunque yo no masticaba el guaraní, ni ellos el español, igual nos entendíamos, apoyados de repente por gestos y, a lo mejor inconscientemente, aguzando los sentidos sobre el tono, las miradas, y todas las señales que uno y otro dan cuando dicen. Aparte que hablar, no se hablaba mucho, hacer era el tema.

Esa ruta del riesgo


Tú no me viste embestir contra el mundo
con el silencio que portan los rotos
hasta lograr los diez mil terremotos
que desaté tras caer moribundo.

No me sentiste tomar el segundo
en el que asiento que juzguen mis votos
sin que conozcan mis barros, mis lotos;
guardarlo aquí, donde duele profundo.

Mejor entonces te cuidas del verso
en el que oculto filoso los daños
que voy curando, que voy sosteniendo.

O bien persiste hasta ver el reverso
de este montón de miradas y años
que me reflejan errante, sonriendo.

jueves, 14 de julio de 2016

Sólo de mí sin tu nombre

Ya te presiento, de fuego y de filo,
violenta y dulce cual beso de amante,
capaz de hacer de una noche un instante
y que sonría pausado y tranquilo.

Incluso sé que imaginas vigilo
el transcurrir de la luna inconstante
por ver si deja que llegues, brillante
antes del tiempo que sueña tu estilo.

Mientras sucede esta espera que crece,
y sigo siendo de sangre que bulle,
me yergo solo de mí sin tu nombre,

como quien sabe seguir siendo un hombre
que nunca compra y jamás prostituye
esa su voz que en silencio te ofrece.

miércoles, 13 de julio de 2016

Cita 18


Yo conocí un dolor y una tristeza del único modo en el que realmente aprendemos algunas cosas, desde la carne. A mis sollozos le siguieron los estertores, y a los estertores esos gritos roncos de las bestias que no fueron creadas para el consuelo. Luego los golpes hasta romperme toda la piel de los nudillos y la de la frente contra los muros del pasillo. Y llorar hasta el jadeo, hasta ese punto en el que los mocos se mezclan con las lágrimas y la garganta se ahoga y no hay posición que aliviane el peso del yunque en el pecho.


La herida todavía era nueva, y amenazaba con infectarse, cuando escupiste sobre mis ojos ese resto de rencor que alimentó y alimentaba tu vientre. Toda esbelta, maquillada de un ultraje que jamás conociste y del que me hacías responsable, vomitaste sobre mi nombre y mi palabra la inexistente paciencia de la cual te hacías soberana indiscutible. No parpadeé siquiera. La procesión, la sorpresa, el asco y la lástima pasaron por dentro, en un escándalo de impotencia continua, como si el dolor -de una vez personalizado-, de una vez vuelto ente, se hubiese decidido a probar de qué estaban hechos mis tendones.


Pudiendo - y quizás debiendo - haber levantado la mano, me abstuve de hacerlo. Mi política, ya desde décadas atrás, ha sido siempre la de no intervención. Todos tienen, como te lo he marcado, como te ha dolido muchísimo que te lo marque, el sagrado derecho de decidir ser infeliz. Echarme en cara mis errores una y otra vez - una y otra vez -, no te hará feliz, ni tapará tus falencias. Creer que sólo yo soy el culpable sí te seguirá haciendo infeliz - si fuese así todo sería sencillo -. Por mi parte, ¿seré de nuevo un lanzallamas?

martes, 12 de julio de 2016

81. Lejano 1

81. Lejano 1

Toda búsqueda implica apartarte de donde te encuentras. Están los que no habrán de entenderlo, y están los que siempre te estuvieron esperando.
Asira.



Yo no tengo la culpa de encontrar
en todo lo complejo extremos mondos
que a nadie se le niega rebasar;
ni de tener los ojos ya sin fondos.

Ya no me duele en nada no poder detenerme
ni cuando dejo atrás - por ser así - a quien quiero;
por mis ciclos fecundos, por un sol que en mí duerme
al marcharme de aquí no siento desespero.

Y esto implica tu rostro que me llora,
como el gesto de aquellos cuya risa
me fueron casi el fuego como el agua.

Y esto es recomenzar tomando cada hora
sintiendo la presión al borde en la cornisa
como un regalo nuevo que me arroja a la fragua.

***
Sobre la imagen: Es un templo de Cochamba, Bolivia. En la captura intenté que la pequeña cúpula quede como el casco del jinete y la roseta sellada como el escudo a su izquierda. La curvatura anterior vendría a representar al corcel que monta. 

Comentario a la línea: Verso 10, "aquellos", palabrita átona asumiendo el acento en sexta obligatorio. Pudiera ser una indecencia, lo sé. Pero, está como sustantivado. Aquellos amigos, aquellos maestros, aquellos familiares. De ahí entonces la licencia.

Rima: ABAB, CDCD, EFG, EFG

Análisis de versos:

Endecasílabos
Acentos
Denominación
yo/no/ten/go/la/cul/pa/deen/con/trar  10+1
en/to/do/lo/com/ple/joex/tre/mos/mon/dos  11
quea/na/die/se/le/nie/ga/re/ba/sar  10+1
ni/de/te/ner/los/o/jos/ya/sin/fon/dos  11

3ª, 6ª, 10ª
2ª, 6ª, 8ª, 10ª
2ª, 6ª, 10ª
4ª, 6ª, 8, 10ª
Melódico puro
Heroico largo
Heroico puro
Sáfico largo

Alejandrino (dos hemistiquios de 7 sílabas métricas cada uno)
ya/no/me/due/leen/na/da  7   ***   no/po/der/de/te/ner/me  7
ni/cuan/do/de/joa/trás  6+1   ***   por/ser/a/sía/quien/quie/ro  7
por/mis/ci/clos/fe/cun/dos  7   ***   por/un/sol/queen/mí/duer/me  7
al/mar/char/me/dea/quí  6+1   ***   no/sien/to/de/ses/pe/ro  7


Endecasílabos
Acentos
Denominación
yes/toim/pli/ca/tu/ros/tro/que/me/llo/ra  11  
co/moel/ges/to/dea/que/llos/cu/ya/ri/sa  11
me/fue/ron/ca/siel/fue/go/co/moel/a/gua  11

1ª, 3ª, 6ª, 10ª
1ª, 3ª, 6ª, 8ª 10ª
2, 4ª, 6ª, 8ª, 10ª
Melódico corto
Melódico pleno
Heroico pleno

Alejandrino (dos hemistiquios de 7 sílabas métricas cada uno)
yes/toes/re/co/men/zar  6+1   ***   to/man/do/ca/da/ho/ra  7
sin/tien/do/la/pre/sión  6+1   ***   al/bor/deen/la/cor/ni/sa  7
co/moun/re/ga/lo/nue/vo  7   ***   que/mear/ro/jaa/la/fra/gua  7



lunes, 11 de julio de 2016

Despoblando miradas (4)



***

Ritmo: endecasílabo, alejandrino (dos hemistiquios de 7 sílabas cada uno) blanco
Comentarios: Asonancias solas/ignora

Análisis de versos
en/treo/tras/tan/tas/co/sas  7  //   tam/bién/es/que/sa/bés  6+1
queel/a/pu/ro/re/mar/ca  7  //   el/mo/do/de/mis/pa/sos  7
el/la/tir/de/mi/rit/mo  7   //   cuan/do/se/da/que/quie/ro  7
con/se/gu/ir/el/si/no  7  //   quea/lien/ta/tras/miem/pu/je  7

su/pon/go/queal/pen/sar/me  7   //   cuan/do/te/des/cui/dás  6+1
yu/na/gui/tar/ra/llo/ra  7   //   al/ta/ne/raen/la/no/che  7
jus/to/cuan/do/teha/bló  6+1   //   e/sea/quien/noes/cu/cha/bas  7
me/ves/mi/ran/do/le/jos  7   //   ne/gán/do/mees/tas/le/tras  7

yen/es/ta/dis/per/sión  6+1   //   en/tre/mi/piel/a/so/las  7
yel/re/cuer/do/ta/jan/te  7   //   de/tu/mi/ra/da/ver/de  7
son/rien/doal/a/pos/tar  6+1   //   quées/qui/na/to/ma/rí/a  7

la/men/to/co/moe/le/vo  7   //   quea/ho/raes/tés/sin/mí  6+1
en/me/dio/dee/sa/gen/te  7   //   quees/toy/se/gu/roig/no/ra  7
có/mo/que/brar/los/la/zos  7   //   que/fin/ges/te/tor/tu/ran  7

sábado, 9 de julio de 2016

21. Déjame que te cuente

Hay quienes dicen que el mejor lugar del mundo es la cama de los viejos. Bueno, es posible. Había veces en las que Magy, ahí al medio, abría el libro de cuentos y Sarah y yo nos dejábamos llevar a esos otros mundos. No lo recuerdo frecuente, y memoro frazadas y ventanas cerradas, la tibieza del colchón, la de la cercanía, de manera que aquellas lecturas debieron ocurrir cuando se daba el frío del invierno, o los bajones de temperatura de las lluvias. Hay que tener en cuenta que allá en Asunción el calor no daba para andar encimados, ni nunca.

Los cuentos eran de una colección de unos diez libros, encuadernados con tapa dura, y cuya presentación no me gustaba para nada, en tono celeste claro, y con unos dibujos refiriendo a hadas que me inspiraban algo más cercano al miedo que a cualquier otra cosa. No sé, había algo frío, algo que no me encajaba en esos diseños. La voz de Magy, cuando se soltaba sobre el relato me libraba de todo aquello, porque su entonación era firme y clara, como si estuviese muy metida ahí en lo que nos estaba contando, y hacía entonces posible vivir todas esas historias.

En algunas inolvidables fechas la narración se daba en la habitación que compartíamos Sarah y yo (ojo que no le decíamos “habitación”, sino pieza), y el que se presentaba a relatarnos el tema era nada menos que el viejo. Obviamente la escena comenzaba con la disputa de si en la cama de quién iba a sentarse el gran visitante y, obviamente, truco aquí, truco allá, Sarah ganaba el sitio “limpiamente”, pero bueh. El caso es que el viejo tenía en su haber unas aventuras que no tenían nada que ver con aquellos clásicos que teníamos carpeteados. Eran más de “este” mundo.

Tenía un personaje que era imbatible, un tal Perurimá, que se las pasaba de listo dejando a todos como tontos. Y aquel cuento genial del burro, el gallo, el monito y la ranita, que tomaron por asalto una granja y se adueñaron del lugar; por lejos de lo mejor que entonces había escuchado. No sé si eran por los relatos mismos, pero el tono del viejo comenzaba grave, y luego se iba acelerando y encendiendo, hasta que al final estallaba en una carcajada en la que los tres nos metíamos de pleno. Aquello era reír hasta lagrimear y sin pagar entrada.


Sin embargo, todo aquello duró más bien poco, o muy poco. Supongo que entonces tampoco dábamos la lata con el tema de “dale, contanos un cuento, dale, dale”; o de repente de una nos mandaban al tambo y listo. Lo cierto es que apareció un sucedáneo espectacular: Condorito. Y sí, como nos defendíamos con el tema de leer, a la hora de dormir cada cual podía tomarse un ejemplar y darse una lectura antes de que el oficial de turno venga y apague el velador. Así, con Sarah comenzó el “escuchá este”, y ese querer seguir leyendo “un poquito más, ¿sí?”


viernes, 8 de julio de 2016

20. El viejo

Aunque era un maletín, el viejo le llamaba portafolio y, como todas las cosas del viejo, era un objeto sagrado, inaccesible. El máximo contacto se daba cuando de repente te pedía que se lo pasés porque estaba de salida y apurado, o bien, cuando estaba sentado y quería revisar alguna cosa. De ahí que, cuando a veces me daba la venia para husmear en su interior, era más o menos como recibir un premio, por un lado y, por otro, como acceder a un territorio secreto. Estaba forrado de cuero color negro por fuera, y por dentro de una felpa clara.

Me gustaba el tema de los compartimientos, sobre todo. Esos chiches que tenía para colocar lapiceras, documentos de identidad, carpetas de tamaño oficio, y todas esas cosas. Revisaba los papeles sin leerlos, pero me hacía el importante deteniéndome a mirar las hojas mecanografiadas, algunas de ellas con varios sellos y diferentes firmas. Lo sacaba todo de su lugar y parsimoniosamente, inventándome historias y endiosando mis gestos, las volvía a colocar en su mismo exacto sitio, se me ocurre que como esos francotiradores de las películas que encajan las piezas del arma en los recovecos predestinados, cierran el estuche y se rajan.

El otro tema que me gustaba inspeccionar, y un tanto más accesible que el portafolio, era el estuche del violín (perdón aquí por repetir el palabro), pero el viejo le llamaba así, “el estuche”. Ahí no había mucho qué investigar, pero de todos modos era entretenido, porque había poco espacio y sólo una especie de cajita a un extremo, dentro de la cual había cuerdas con diferentes envoltorios y de diferente grosor, la brea (que siempre me fascinó), algún lápiz, un borrador, y un "puente". Mientras yo inspeccionaba, el viejo practicaba. Yo me aburría enseguida, pero él parecía no cansarse nunca.

Lo mejor se daba algunos sábados, cuando el viejo me llevaba al fútbol. Se trataba de fútbol de salón y era con sus compañeros de oficina. El ambiente era muy particular, puesto que desde que llegaban todos se hacían bromas; se cargaban, como dirían los argentos. El color de un short, o lo que llevaba escrita una camiseta era motivo suficiente para “marcarlo” al cuate de turno, para "tallarlo" con la contundencia del guaraní, con esa chispa que tiene el yopará (mezcla del guaraní con el español), y hasta en español clarito. Después del “partidí”, necesariamente, se procedía al asado, obviamente.


Y sí, ese portafolio negro con papeles mecanografiados y documentos; el estuche con la magnífica brea, el lápiz y el borrador; la pomada que hacía entrar en calor los muslos y la correcta manera de vendar el tobillo antes de entrar a la cancha, fueron las cifras sin números, los primeros bosquejos visuales, auditivos, aromáticos, con los que fui conociendo a mi viejo. Por donde nos fuimos acercando muy por encima de las palabras y los diálogos, en un territorio como que completamente intuitivo por mi parte, y como que “tratá de no joderme”, de su parte. Total, entonces teníamos tiempo.


jueves, 7 de julio de 2016

Cita 17


Uno los mira desde un lado del mostrador olvidando justo eso, que tiene dos lados; y que un día ese mostrador nos agarra de un lado y que al siguiente - más por biometría que por otra cosa - nos agarrará del otro. El truco entonces es ponerse siempre en los ojos del que está en el otro lado, y entonces es el vendedor mirando desde los ojos del comprador, y es el comprador el que examina los ojos del vendedor, ambos, más acertadamente, más empática, justiciera y humanamente. Se produce entonces el humilde orgullo de poder aprender de cada cual.


Dependiendo de qué día del año, y de qué año de un decenio, están los que sí querrían ser juzgados por la mayoría, para luego ser los que no querrían ser ni vistos por esa misma mayoría. Los padres son, así, igualmente minoría como mayoría; por igual constituyen un ente único de calidad y cantidad sin muchas opciones aparentes de alteración alguna. Aquí, la verdadera joda consiste en aplicar eso de "mal discípulo aquel que no supera a su maestro", porque los malos padres suelen generar nuevos malos padres hasta que, de pronto, alguien rompe el árbol genealógico y entonces avanzamos.


Este desprenderse del árbol, que bien puede estar revestido de un dramatismo inigualable, también pudiera darse con la tranquila - aunque firme - secuencia con la que el hijo menor abandona el negocio familiar de confección de ataúdes y decide lanzarse al negocio de los helados. Ir más allá de lo establecido, de lo convenido, o dicho de otro modo, abandonar el sistema de repetición irrazonable constituye el primero de los pasos hacia la generación de una "nueva" realidad. Acordemos, aquí en la línea, que emular dista mucho del tradicional copiar/pegar que heredamos mucho antes de Windows. ¿O qué te parece?

miércoles, 6 de julio de 2016

80. Presente

80. Presente

Dicen muchos jóvenes "yo no pedí venir". Diles "Y, sin embargo, lo hiciste".
Asira.


No hay huellas en la nieve, ya la dama
siendo la que mejor suma y refleja
lo onírico y real de mi madeja
se ha vuelto de mi fuego luz y llama.

No queda mucho espacio a recorrer
las horas caen sordas, aunque el tiempo
burlándose de todos a destiempo
pide sea yo quien salga a exponer

que hay algo más allá de lo lejano
respirando en lo dentro y lo profundo
de cada rosa inhóspita en mi mano.

Que si yo decidí venir al mundo
sólo fue por vivir esta experiencia
del ser humano hallando su conciencia.


martes, 5 de julio de 2016

Despoblando miradas (3)




Ritmo: endecasílabo, blanco
Comentarios: Asonancias de demasiados/tantos, nombre/colores, pretende/quieres

Análisis de versos
Acentos
Denominación
tea/tre/vés/ae/vi/tar/u/na/res/pues/ta  11
cuan/do/sin/me/di/tar/lo/de/ma/sa/do  11
te/di/bu/jou/nai/de/a/de/vos/mis/ma  11
par/tien/do/so/la/men/te/de/tu/nom/bre  11

tea/ni/más/a/de/jar/mea/híen/el/me/do  11
deu/naes/pe/ra/ca/paz/dehe/rir/pro/fun/do  11
el/pul/so/del/so/lis/ta/que/pre/ten/de  11
a/par/tar/te/del/res/to/de/los/tan/tos  11

pe/ro/va/mos/yo//que/no/de/cir  10+1
pro/vi/nien/do/de/vos/noes/po/ca/co/sa  11
queen/ton/ces/es/ta/lla/ron/los/co/lo/res  11

y/to/do/fue/tan/ton/to/co/mo/ín/ti/mo  12-1
a//que/me/de/ten/go/pa/ra/ver  10+1
si/de/ver/dad/me/mien/tes/o/me/que/res  11
3. 6. 10
1. 6. 10
3. 6. 10
2. 6. 10

3. 6. 8. 10
1. 3. 6. 10
2. 6. 10.
3. 6. 10

3. 6. 10
3. 6. 8. 10
2. 6. 10

2. 4. 6. 10
2. 6. 8.10
4. 6.10
Melódico puro
Enfático puro
Melódico puro
Heroico puro

Melódico largo
Melódico corto
Heroico puro
Melódico puro

Melódico puro
Melódico largo
Heroico puro

Heroico corto
Heroico largo
Sáfico corto