Printfriendly

sábado, 11 de marzo de 2017

35. Tercer grado - el escenario


A la maestra Noferia, de tercer grado, seguro que el dato le había pasado María del Carmen Gutiérrez, la de segundo y, a esta, obviamente que Kija. No recuerdo muchos porqués precisos, o sea, las situaciones previas, pero la cosa es que no era raro que yo terminara upa, ahí en el regazo de Noferia. Posiblemente cuando me ponía en modo quilombo dentro del aula no me entraba por las buenas lo de cortarla, y mandarme al rincón o a la dirección de repente les jugaba en contra de lo maternal, así que el upa se convirtió en la solución alternativa.

Quizás esa vez Noferia estaba podrida de tenerme upa, puede que a lo mejor necesitaba avanzar unos temas y conmigo ahí lo visualizó difícil, no sé. El tema es que me incluyó en un grupo de escogidos, unos seis o siete alumnos, para ir a limpiar el escenario. Obviamente las niñas se enchufaron al tiro, y en nada de tiempo ya una con el balde, otra con la escoba, aquella con la palita y una más con el palo de repasar, estaban listas para dejar reluciente el escenario y, por supuesto, ser reconocidas por la labor tan bien desempeñada. Se sabe.

Convengamos en que yo tenía mis recelos a la hora de interactuar con las “mujeres”, pero en esa ocasión no me resultó complicado porque, gracias a Magy, yo tenía cancha con el tema de barrer y repasar, así que no fui en condiciones inferiores, sino que más bien yo sabía cómo se hacía el tema. Al principio, maravilla. Lo de barrer lo tenía reaprendido, una, dos, tres veces, golpe, y avanzar. Así que como iba barriendo los tablones quedaban limpios de polvo y paja, dejando ver sus rugosidades justo como para que sólo quede pasar el trapo húmedo para dejarlos impecables.

Ahora, en un punto dado yo terminé mi parte, que vamos, nos habíamos distribuido la tarea, y entonces ¿qué hacer? ¿Pues qué hace un chico de ocho años? Exacto, joder. Así como podía concentrarme en hacer bien lo que tenía que hacer, así podía, del otro lado, concentrarme en jugar, simplísimo. En un flash eso se convirtió en una especie de polibandi, la araña y la mosca, y el que no corre pierde, todo junto, en el que las chicas me seguían con sus palos y yo, con el balde como casco, les hacía de toro candil que corneaba y huía.

En un punto me caí, el balde rodó, y la que venía siguiéndome a mil, para no pisarme saltó sobre mí. Yo había quedado boca arriba, y en esa fracción de segundo vi que la mina iba a pasar sobre mi cara, de manera que le iba a ver la bombacha, porque todas usaban pollera, claro. Recuerdo ver la suela de su mocasín y mi automático cerrar los ojos. Sentí que no podía mirar, que no estaba bien eso, y hasta me dio vergüenza. Cuando me levanté, sintiéndome pecador, miré hacia la ventana del aula. Y sí, Noferia nos estaba controlando.