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Sobre mí

Mi nombre es Silvio Rodríguez, y soy un melómano al que le faltó talento para dedicarse a la música. Cuando me inicié (como a los siete años con la flauta y el violín), pintaba bien para los sonidos y, aunque mi oreja no era la más fina de todas, tenía una destreza natural para los instrumentos, por lo que el piano, el chelo y ni qué decir la guitarra no se me resistieron, incluso hice armas también con la trompeta.

Sin embargo, al cumplir 14 años comencé a trabajar (en un banco) y, como también iba al colegio, no tenía más que las noches y los fines de semana para actividades extracurriculares. Así que con las tareas, los exámenes, los amigos, el fútbol, el taekwondo, alguna novia (que no falte), pues nada, el tiempo para la música fue haciéndose cada vez más escaso y, como ella es la más exigente de todas las amantes posibles, al poco tiempo me dejó saber que lo nuestro, de aquel modo, no podía seguir.

Con 17 años, estudiante de la universidad nacional y ya cumpliendo horario completo en el trabajo, mi carrera de intérprete musical quedó para el recuerdo. Comencé la vida del estudiante aplicado y la del trabajador espirituoso, sin descuidar, pero para nada, mi ajetreada vida social (eran los 80's ¡y el mejor rock and pop de la historia estaba en vigencia!).

Aunque demasiado cansando al término del día para practicar escalas, para volver a tocar una melodía conocida, o para intentar - inútilmente - aprender una nueva, sí me sobraban energías para encarar la lectura de algún libro que no sea "técnico". Novelas y poemarios fueron acompañándome con más insistencia que durante la secundaria no solo hasta volverse indispensables, sino hasta empujarme a la escritura no y de forma ocasional, sino de forma reincidente, habitual.

Terminé la universidad a los 22 años, recibiéndome de economista y ejerciendo la jefatura de un departamento en el banco. Poco después, ya con más tiempo libre, me puse a organizar y corregir algo de todas las improvisaciones que había ido escribiendo durante mi época de estudiante, hasta lograr agruparlas y publicarlas con el título de "La agenda de Andrea", que fue mi primer libro impreso en papel. Desde entonces, sigo leyendo, sigo escribiendo, sigo publicando.